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EDICIÓN | Julio 2017

MARCIANITA

Alexa Tapia, hockey patín
MARCIANITA

Sobreviviente de la selección chilena femenina que se proclamó campeona del mundo el año 2006, suma ya once años al más alto nivel, como referente de un deporte que posicionó a Chile como potencia de la disciplina.

 

Por Érico Soto M./ fotografía Sonja San Martín D.

Cuando le hablan de las “Marcianitas”, el apodo con que es reconocida la selección nacional de hockey patín, Alexa Tapia Garrido (32) asume con orgullo que es algo de lo que cuesta desmarcarse. Hoy, como una de las dos jugadoras que se mantiene en el equipo después del título obtenido en la Copa del Mundo de Chile 2006, mira hacia adelante con la satisfacción de los triunfos y el anhelo puesto en nuevos desafíos.

Su formación como deportista la hizo en Talcahuano, donde creció y se hizo hockista en el club deportivo Huachipato, tal como su padre y su abuelo. Estudió en el Liceo La Asunción, luego Educación Física en la Universidad San Sebastián, pero ese mismo 2006 marcó un giro definitivo en su vida, pues decidió tomar los patines en serio y partió rumbo a Santiago para unirse a la selección. Un camino que no tendría retorno.

Hoy, casada y con su hijo Lucas de cinco años, divide su tiempo entre la familia, su trabajo como profesora de Educación Física en el Colegio Santa Cecilia, clases particulares de fitness y los entrenamientos con la selección. Este último, un desafío en el que cree que juega su último periodo.

¿Cómo partiste en el hockey?

Fue por la familia. En mi casa éramos seis hermanos, ocho con mis papás, y todos

deportistas. Mi mamá fue atleta y mi papá hockista, y se conocieron entrenando en Huachipato. Por mi parte, primero hice patinaje artístico con mi hermana pequeña, pero no seguí, porque me cambié al hockey cuando se abrió la rama femenina en el club. Siempre el hockey me gustó mucho, estaba acostumbrada a verlo, porque jugaban nuestros hermanos, papá, tíos.

¿Qué es lo que te gusta de este deporte?

Que es súper entretenido. Pasar desde el patinaje artístico al hockey era un gran cambio, y mi mamá se quería morir, porque encontraba que yo bailaba tan lindo. Pero nunca fui mucho de muñecas ni nada de eso; lo mío era a la tiña o ensuciarme en el cerro. Me gustaba el patinaje artístico, pero tampoco soy de sonreír ni de expresión corporal.  Al principio hice las dos cosas, pero tuve que optar. Primero a nivel formativo, porque este deporte recién estaba partiendo en Chile, pero hacerlo me gustaba.

¿Cuáles fueron tus principales logros?

Por importancia, no hay otro como el título mundial. Fue el mismo año que decidí dejar todo por el hockey, y salimos campeonas. En febrero de 2006 me fui a Santiago, y ya en octubre éramos campeonas mundiales. Desde entonces estuve en todos los mundiales, seis en total: Chile (2006), Japón (2008), España (2010), Brasil (2012), Francia (2014) y Chile de nuevo (2016).

¿Cómo fue el paso desde un equipo de regiones a la selección?

Cuando llegué era la nueva, la que tenía que adaptarse y asumir reglas, en un proceso que al principio fue difícil. Llegas a un grupo de mujeres donde es súper complicado entrar, porque somos territoriales, súper minas, y donde defiendo lo mío, lo de mi amiga, lo de la amiga de mi amiga... Entonces, entrar en ese momento a la selección no fue fácil, pero yo iba segura, había dejado todo acá, y un par de niñas que me hicieran show no me iban a impedir cumplir mi sueño.   

¿Cómo has visto evolucionar tu juego?

Como defensa, juego de última, y he tenido que ser fuerte, leer al delantero, ordenar, tener rapidez y claridad para salir. Ahora se me tilda como experimentada, porque me he mantenido en la selección mucho tiempo, mientras el resto va y viene. Por lo mismo, me toca poner la calma, madurez y experiencia. He mejorado con el tiempo, porque se aprenden cosas nuevas.

¿Te identificas con el apodo “Marcianita”?

Es el nombre de la selección. No empezó en el mundial de 2006, porque antes ya se habían autodenominado así, pero no se conocía mucho, porque no le habíamos ganado a nadie. Eso cambió en el mundial. Hemos pasado por altos y bajos, pero nos hemos mantenido vigentes gracias a campañas como el tercer lugar de Francia (2014), y el boom del año pasado en Chile, en que volvimos a salir harto en los medios. Pero tampoco es algo demasiado notorio, porque al fin y al cabo, poca gente es la que nos conoce, aunque les suena que existan las “Marcianitas”.

 

FORMADA EN EL ACERO

El Club Deportivo Huachipato, en el sector Las Higueras de Talcahuano, vio crecer a Alexa Tapia, a quien considera una de sus más destacadas exponentes. Por tal razón, fue una de las invitadas especiales en la celebración de su aniversario número setenta, en donde la hockista no ocultó su orgullo e identificación con los colores del club en el que militó durante diez años.

“Yo soy huachipatina, y lo digo en todos lados. Soy hincha del equipo, lo apoyo en el fútbol, y cómo no si soy de acá y me gusta mucho pertenecer al club. Nos invitaron a la celebración, donde se hizo un homenaje a deportistas de diferentes especialidades.

¿Qué es para ti el hockey?

El hockey es todo. Ha marcado mi vida, a través de una tradición familiar. Mi abuelo fue uno de los fundadores del hockey en Huachipato, tengo unos tíos que jugaron, uno de ellos que fue seleccionado, además de primos y sobrinos que juegan hockey. A los más chicos, como Fernanda y Benjamín, nosotros les pusimos patines y ahora son fanáticos, tanto que se fueron a Santiago por el hockey.

¿Qué logros destacas en tu trayectoria?

Como equipo, los más grandes fueron los mundiales, donde logramos el primer lugar en 2006. Pero también hemos jugado Copas América, como la ganada en 2007, cuando pudimos demostrar que no fue suerte lo del año anterior. Y en el plano local, también muchos títulos, en casi todos los equipos donde jugué: Huachipato, Universidad de Chile, Universidad de Santiago y Estudiantil San Miguel.

¿Consideras que abrió puertas el título de 2006?

Claro que sí. Siempre hubo oportunidades de ir a jugar al extranjero, por ejemplo, pero en Chile nos abrieron muchas puertas: estudios gratis, plata, facilidades, y todo por el boom que dejó el hockey femenino. El deporte lo agradeció, porque las niñas se acercaron a los clubes a jugar hockey patín, crecieron mucho, y se abrieron oportunidades, como arreglos de canchas, camarines y proyectos de mejoramiento a nivel nacional. No al nivel que una quisiera, pero algo creció.

El año pasado había expectativas de repetir un título en casa, ¿qué pasó?

Fue un tema súper frustrante, y no hemos cerrado ese proceso. Íbamos con ganas de mucho: por lo menos podio y ojalá un título mundial. Se habló mucho de poder lograrlo, y creíamos que podíamos hacerlo. Pero errores puntuales, que no debíamos cometer, nos hicieron perder (en cuartos de final, ante Francia). Ganábamos el partido con ocho segundos para el final. Fue muy lamentable.

¿Cuáles son tus próximos desafíos?

Seguir entrenando por la selección, para el proceso rumbo a los Roller Games 2017 de China. Esto porque se cambió la modalidad de los deportes sobre ruedas, para poder ser olímpicos en algún momento, y se van a disputar por primera vez estos juegos que reúnen a todos los deportes sobre ruedas. Muchas veces he dicho que este es mi último mundial, pero ya nadie me cree (risas). Junto a Francisca Puertas, somos las únicas que quedamos del título 2006, con metas que van surgiendo. Ahora me puse a entrenar pensando en estos Roller Games, donde quiero retirarme con un buen puesto. 

 

“Siempre hubo oportunidades de ir a jugar al extranjero, por ejemplo, pero en Chile nos abrieron muchas puertas: estudios gratis, plata, facilidades, y todo por el boom que dejó el hockey femenino”.

 

“Ahora entreno pensando en los Roller Games de China, donde quiero retirarme con un buen puesto”. 

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