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EDICIÓN | Julio 2017

COLOR Y EXPRESIÓN PURA

Karla Bonet Pintora y escultora
COLOR Y EXPRESIÓN PURA

Algo tímida e insegura nos abre las puertas de su casa y de ahí en adelante todo es arte. Karla Bonet ha hecho de su hogar su galería, y espera alistar todo para que dentro de tres meses, el mundo conozca su trabajo. Una pintora que no sólo cuelga sus cuadros, sino que interviene hasta la puerta a su casa, para recibir a sus invitados en un ambiente grato y colorido. 

Por Carolina Vodanovic / Fotografías Andrea Barceló

De niña fue una de cuatro mujeres; hoy, la balanza se inclina un poco y, a sus tres hijas adolescentes, se suma Oliver, de ocho años. Karla Bonet es una tremenda artista, pero aclara que, ante todo, ha sido mamá. Aplazó muchos años su talento porque quería dedicarse a criar y hoy son sus hijos y su marido quienes la alientan a mostrar su obra, a salir del anonimato y develar la gran pintora y escultora que hay en ella.

 

“Siento que por falta de personalidad me ha costado mucho mostrar mi trabajo. Ahora entiendo que si mi obra no la ve nadie, no existe. Dar a conocer mi trabajo, en este momento, puede ser un aporte. Y me llena mucho la idea de poder aportar al mundo”.

 

Educada en colegio de monjas, de chica participó tímidamente en cuanto concurso de arte hubo. Luego tuvo que elegir carrera y si bien siempre pensó en estudiar Derecho —su papá es abogado— visitó la escuela de arte de la Universidad Católica y se convenció. Definitivamente, eso era lo que quería hacer.

 

De esos años recuerda a Roberto Farriol, hoy director del Museo Nacional de Bellas Artes, quien fuera su primer profesor de pintura y quien le traspasó el concepto de la libertad al momento de pintar. Asimismo, agradece a su profesor de acuarela, Pedro Millar, quien no solo aportó herramientas técnicas, sino que, al nombrarla su ayudante, le brindó seguridad. Junto a él, Karla comenzó a creer en su trabajo.

 

Un trabajo en el cual destacan tres rasgos incuestionables: la originalidad, la expresión y el uso del color. “Lo que más me importa de mi propuesta es poder expresar. Para bien o para mal, ya sea que te guste o que te cargue, pero no dejar indiferente a nadie”.

 

Ya se trate de un óleo, de una acuarela o de una de sus esculturas, el color siempre está presente en su trabajo. “Para mí representa la alegría. Como artista tengo una tremenda sensibilidad, cualquier cosa me afecta mucho. Y estoy generando este espacio para que las cosas me aflijan menos. El color me proporciona un entorno alegre, despertarme y ver el techo de mi pieza pintado me da mucha felicidad y me llena de energía”.

 

Y es que el trabajo de Karla no sólo se ve plasmado en una tela o en una piedra. Hace un tiempo comenzó a intervenir los distintos espacios de su casa y la idea es poder abrir sus puertas, el próximo 20 de octubre, y mostrar su gran obra. “De a poco mi casa se ha ido transformando en mi galería. Quiero generar este espacio para exponer mi trabajo y que no dependa de un tercero, no tener que andar tocando puertas. A mí me ha costado mucho mostrar lo que tengo adentro, abrirme. Soy insegura, pero internamente soy muy libre y mi casa me permite esa libertad”.

 

¿Cómo empezaste a pintar tu propia casa?

Fue pura casualidad. Se inundó el baño de arriba de mi pieza y se hizo una mancha en el techo. Ahí le planteé a mi marido pintar algo original para tapar la mancha y, como siempre, él me apoyó. Después se me peló un vanitorio y lo pinté, el espejo de uno de los baños se quebró y lo intervine… y así sucesivamente. En la cocina fue distinto, era toda en blanco y negro y a mí me gusta el color. Entonces partí por las puertas, las sillas y ahora estoy en el piso. En la medida que pueda realizar el sinfín de ideas que tengo, voy a ir transformando esto en obra y se va a ir apreciando la evolución.

 

¿Por qué el piso y no los muros, por ejemplo?

Porque uno siempre mira lo que pisa, en cambio un muro puede pasar inadvertido.

 

¿Qué opinan en tu familia de esta transformación que está teniendo la casa?

Mi marido dice que una de las cosas que más le gustó de mí es que fuera artista. Él siente que mi trabajo es también un regalo para él. Valora mucho lo que hago y me da manga ancha, todo le parece fantástico y cuando yo dudo él está ahí para hacerme sentir más segura y decirme que siga adelante. Mis hijos también, siempre están tirándome para arriba y se sienten súper orgullosos de la recepción por parte de sus amigos, que entran acá y todo les parece distinto y original. Ya pinté mi casa, mi billetera y varios muebles, ¡sólo me falta pintar a mi marido!

 

¿Te has preguntado por qué?

La principal motivación que tengo es armarme un entorno de alegría y generar este espacio-galería para exponer mi trabajo. Siento que mi timidez e inseguridad han ido desapareciendo, precisamente porque he logrado hacer todo esto. Hace un tiempo mi papá me pidió que interviniera el radier de su quincho y me morí de susto… pero lo hice y me di cuenta de que era capaz. Hubo un antes y un después de esa obra, empecé a fluir.

 

EXPRESIONISMO PURO

 

Pero no todo ha sido pintura en la trayectoria de esta artista. La escultura forma parte importante de su obra y, para perfeccionarse, estudia hace cinco años con quien fuera su profesor en la época universitaria, Arturo Hevia. “Hoy estoy pintando las esculturas que hago en cerámica, entonces logro unir ambas especialidades; algo que me encanta”.

 

¿Por qué si tu pintura es colorida y muy alegre, en la escultura se ven rasgos más pesimistas?

El tema del expresionismo dentro de arte, que es lo que a mí más me gusta, es así. Si bien está el lado alegre del ser humano, también está la otra parte súper presente, y es importante representarla. Ese lado más triste también ha salido en otras épocas en mi pintura. Quizás en una etapa más tímida, con ese miedo de antes. El expresionismo que persigo tiene que ver con el hecho de lograr impactar, de no dejar a nadie indiferente.

 

Algo así como un expresionismo colorido…

Sí, siento que soy más la etapa alegre y colorida. El realismo lo encuentro fantástico, pero definitivamente no es lo mío. El expresionismo te lleva a deformar, siempre exagerando un rasgo en pro de poder comunicar algo más interno. En general, los artistas tienen sus etapas, hoy estoy traspasando la pintura a la escultura… quizás qué me ponga a hacer después.

 

LOS NIÑOS Y EL COLOR

 

Cómo si pintar óleos y acuarelas, esculpir y tener la casa lista para la inauguración de octubre fuera poco, Karla dedica varias horas a la semana a su taller “Aprendiendo a pintar”. Desde hace más de ocho años, tres veces por semana, recibe a niños desde siete años y les enseña acerca del color. “Trabajan básicamente con cinco colores y así van aprendiendo las mezclas y trabajando la armonía del color. Las mamás se ríen, porque los niños empiezan a hablar sobre el verde limón, el verde menta, el verde oliva… Si no pintan nunca más, no importa, van a poder decorar su casa con un sentido de la estética que van a adquirir acá”.

 

¿Todos aprenden a pintar?

Sí, todos aprenden. Hay niños que no tienen demasiado talento, pero son súper creativos y al final eso importa mucho más. Yo les doy completa libertad, tanto para elegir el tamaño del cuadro como lo que quieren pintar. Aquí son libres… y a través de su trabajo ves el alma de ese niño y es una manera súper efectiva para observar sus dificultades. Llegan niños con baja autoestima porque no son buenos alumnos en el colegio, pero de aquí se van con un cuadro y todos los aplauden. Tengo incluso algunos que llegan con encargos: un cuadro para la abuelita, para la tía, y eso les da mucha seguridad. Imposible no ponerse contenta cuando uno ve que se van felices. 

 

“De a poco mi casa se ha ido transformando en mi galería. Quiero generar este espacio para exponer mi trabajo y que no dependa de un tercero, no tener que andar tocando puertas. A mí me ha costado mucho mostrar lo que tengo adentro, abrirme. Soy insegura, pero internamente soy muy libre y mi casa me permite esa libertad”.

 

“Lo que más me importa de mi propuesta es poder expresar. Para bien o para mal, ya sea que te guste o que te cargue, pero no dejar indiferente a nadie”.

 

Desde hace más de ocho años, tres veces por semana, recibe a niños desde siete años y les enseña acerca del color. “Trabajan básicamente con cinco colores y así van aprendiendo las mezclas y trabajando la armonía del color. Las mamás se ríen, porque los niños empiezan a hablar sobre el verde limón, el verde menta, el verde oliva…”.

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