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EDICIÓN | Julio 2017

CON TODO

Felipe Brangier, capitán de la Selección Nacional de Rugby Cóndores 7s
CON TODO

Tiene clarísimas las bondades y falencias de este deporte en Chile. Apuesta por una actitud proactiva y dejar de lado las críticas. El líder de los Cóndores 7s llama a invertir en los niños y a camisetearse por un desarrollo deportivo como país, en que todos remen para el mismo lado.

Por Carolina Vodanovic / Fotos Andrea Barceló

Lleva diez años en la Selección Nacional de Rugby, donde alguna vez fue el más joven del grupo. Hoy, a los veintinueve años, es el capitán de los Cóndores 7s (Seven a side).

 

Felipe Brangier, “Malaya” para sus amigos –por una mancha de nacimiento de pigmentación albina en la cabeza– compatibiliza su labor profesional como ingeniero comercial con su rol de deportista de alto rendimiento. Escasea el tiempo y, pese a que muchas veces la jornada le resulta extenuante, no baja los brazos. Porque su vida es el rugby, así lo han entendido en su empresa, Vida Security, donde lo apoyan y le ofrecen todas las facilidades para que siga entrenando.

 

Jugó su primer campeonato internacional, en 2008, en el World Rubgy Trophy. “Dos años antes, me habían llamado al proceso de selección de la categoría menores de veinte años, pero tuve una fractura de muñeca que me impidió jugar. El 2007 se volvió a dar la oportunidad y quedé en el equipo. Ahí empezó el gustito por el alto rendimiento y por la competencia más exigente. Tengo la suerte de que la condición física me ha acompañado, porque soy rápido y alto, lo que en este deporte ayuda bastante”.

 

Alumno del colegio Bradford y de la Universidad Andrés Bello, recuerda haber comenzado a jugar rugby en tercero básico. “Mi colegio nunca fue ni el mejor ni el más competitivo para el rugby dentro de los colegios británicos, por lo que experimenté muchas veces la sensación de derrota, que se compensaba cuando jugaba por mi club, el Country, donde sí ganábamos”, recuerda.

 

Al Prince of Wales Country Club (PWCC) se integró a los catorce años y, desde ese minuto, ha sido su equipo, al que se reintegra cada vez que cesan las competencias y entrenamientos por la selección. “Chile es un medio tan acotado que los clubes dependen mucho de sus jugadores seleccionados, y cuando la selección nos bloquea no podemos jugar por las dos instancias a la vez”.

 

¿Te parece importante aprender este deporte a corta edad?

Para alguien que aspira a jugar competitivamente y a un alto nivel es fundamental. Esto es igual que el fútbol, en la medida en que uno interioriza y aprende las destrezas, los movimientos y la coordinación desde más chico, mejor. El rugby requiere experiencia y bagaje en la toma de decisiones y muchas habilidades y destrezas con la pelota, entonces obviamente es un plus partir antes.

 

¿Qué impresión tienes de los semilleros de rugby que hay en nuestro país?

Los colegios ingleses tienen tremendos semilleros, que son hoy la base de la selección. Son muy competitivos y tienen un sentido muy arraigado con su equipo y con su colegio, lo que se traduce en jugadores camiseteados. Hay que hacer crecer los semilleros en clubes, escuelas y asociaciones regionales. Tenemos que apostar por los más chicos.

 

 

EL DESPEGUE INTERNACIONAL

 

Una vez egresado de la universidad, Felipe viajó fuera de Chile para vivir el rugby en plenitud. Obviamente, su destino fue Nueva Zelanda. “Le mostré a mi papá el cartón y decidí tomarme un tiempo para salir a jugar y conocer. Partí con tres amigos de la selección a Christchurch, al sur de Nueva Zelanda, donde nos integramos a una liga más competitiva. Fue súper enriquecedor porque estábamos en la meca del rugby, nos empapamos de la cultura neozelandesa y nos dimos cuenta de cómo viven este deporte… veinticuatro horas del día en televisión, ¡si hasta la farándula es de los jugadores de rugby!”.

 

De ahí vino una temporada en Nueva York, donde tuvo oportunidad de jugar en el Torneo Nacional de 7s. “He tenido la suerte de viajar por los cinco continentes gracias al rugby. Independiente de que este deporte no nos retribuya económicamente, lo que nos entrega es incalculable: amigos, experiencias, viajes; yo soy lo que soy, en gran parte, gracias al rugby”.

 

Con esa experiencia internacional, ¿qué opinión tienes del rugby hoy en día en nuestro país?

Creo que estamos en una etapa de congelamiento, de stand by. Vemos que la competencia regional y global avanza un poco más rápido de lo que avanzamos nosotros. No siento que estemos mal, pero no hemos podido dar el salto de calidad y avanzar a la velocidad con que lo están haciendo los otros.

 

¿Por qué pasa eso?

Hay un montón de factores que convergen. La federación, al igual que todas las otras federaciones deportivas en Chile, es una estructura amateur que se financia con ingresos del Estado y aportes privados, que siempre son escasos. Eso acompañado de mucha rotativa en la dirigencia. No hemos visto ningún gran salto de calidad que nos haya permitido avanzar en el ranking internacional o desarrollar estructuras más competitivas dentro de Chile. Es complicado avanzar cuando uno ve que el barco rema para cualquier lado, los clubes y las asociaciones regionales no quieren las mismas cosas; aquí no hay solidaridad de converger hacia un desarrollo país y ver lo que puede llegar a ser más beneficioso para la selección.

 

¿Tenemos buenos jugadores de rugby?

Chile tiene muy buenos jugadores y condiciones atléticas. En categorías hasta menores de veinte años podemos ser competitivos con casi cualquier país, el problema es qué pasa a partir de los dieciocho años, cuando uno entra a la universidad, empieza a encandilarse con otros temas y se diluye la estructura a nivel de selección… Es difícil pensar en ponerle todas las fichas a la selección adulta, porque es un grupo al cual le cuesta más desarrollarse, en cambio, con los niños es mucho más fácil. Debiésemos sacrificar un par de años el nivel adulto, aguantar y sostenernos a nivel sudamericano y meter las lucas y esperar hasta que esos jóvenes de quince años, tengan la formación y las condiciones para tomar el protagonismo de la selección adulta.

 

¿Qué necesitamos para dejar de ser una liga amateur?

Partir por entregar buenas condiciones a los jugadores; que se pueda establecer una estructura de desarrollo con ellos, con el equipo administrativo. Hay que ordenar un poco la casa. Necesitamos darle contención al jugador, no solo de plata, sino además preparación física, apoyo nutricional y médico, prevención de lesiones, descanso y suplementación. Hoy la federación no tiene la posibilidad de hacerse cargo de todos esos aspectos. 

 

LO QUE SE VIENE

 

Acaban de terminar el sudamericano de XV y Felipe ya volvió a entrenar por su club. A partir del 15 de julio se retoman las actividades de la selección y hay en carpeta una gira para la modalidad 7s. Luego se vienen los Juegos Bolivarianos y la clasificación para el mundial del próximo año.

 

“Como es un medio acotado, los jugadores se repiten entre una selección y otra. No tenemos la posibilidad de tener un equipo especializado en cada una, los mejores de cada equipo juegan en el otro”.

 

¿Por qué te identificas más con el 7s?

He tenido más participación en el 7s porque justo entré cuando nuevamente se hizo deporte olímpico y eso nos dio posibilidades que antes no existían. Yo lo prefiero por una serie de factores de juego: es más dinámico, atlético, vistoso, lúdico y más entretenido para el público.

 

¿Qué se viene para la selección 7s?

Se nos viene un tremendo año. Tuvimos un cierre 2016–2017 extraordinario, estuvimos en Reñaca, en Punta del Este, Vancouver, Las Vegas y Hong Kong. Ahora vamos a partir con un concentrado en Alemania, para terminar con un torneo ahí mismo. A partir de noviembre estaremos en los Juegos Bolivarianos y en el verano nuevamente el circuito sudamericano para las clasificatorias. En julio del 2018 se jugará el mundial en San Francisco y esperamos estar ahí… Al final, la federación y el medio local lo hacemos todos nosotros, que somos los protagonistas, dentro y fuera de la cancha. Tenemos que involucrarnos en los temas administrativos, dirigenciales, partiendo a nivel de los clubes, apoyando a las categorías menores y siendo un poco más proactivos que críticos.

 

¿Cuál es tu aspiración como capitán?

Seguir siendo un referente competitivo dentro de la cancha y un líder positivo dentro y fuera de ella. Ojalá inspirar a otros para que sigan el camino de la selección, que es una experiencia única.

 

“Los colegios ingleses tienen tremendos semilleros, que son hoy la base de la selección. Son muy competitivos y tienen un sentido muy arraigado con su equipo y con su colegio, lo que se traduce en jugadores camiseteados”.

 

“El rugby en Chile está en una etapa de congelamiento, de stand by. Vemos que la competencia regional y global avanza un poco más rápido de lo que avanzamos nosotros”.

 

“Debiésemos hacer sacrificar un par de años el nivel adulto, aguantar y sostenernos a nivel sudamericano y meter las lucas y esperar hasta que esos jóvenes de quince años, tengan la formación y las condiciones para tomar el protagonismo de la selección adulta”.

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