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EDICIÓN | Julio 2017

ELECCIONES Y PROPAGANDA POLÍTICA EN LA PROVINCIA DE COLCHAGUA Siglo XIX

Por Cristián Urzúa Aburto, Licenciado en Historia, Universidad de Chile. Creador del sitio: memoriadelasextaregion.cl
ELECCIONES Y PROPAGANDA POLÍTICA EN LA PROVINCIA DE COLCHAGUA Siglo XIX

Desde mediados del siglo XIX, la parte más ilustrada del mundo popular había luchado por largo tiempo para obtener el derecho a votar, pero los terratenientes, reacios a ceder una gota de su poder, ejercieron el cohecho y el fraude electoral, persiguiendo, encarcelando y violentando a los opositores, negándoles así su derecho a sufragio. Los grupos más radicales contrataban matones para atemorizar a sus contrincantes y boicotear sus mítines. A pesar de ello, frente a toda adversidad, estos hombres lucharon por ejercer su voto en libertad y sin temor a represalias.    

Con la reforma electoral de 1874, el mundo popular por primera vez participó en las elecciones al excluirse el requisito de riqueza para poder votar. En la Provincia de Colchagua esto produjo un interesante fenómeno: capitalistas, terratenientes, profesionales y comerciantes, que hasta entonces habían monopolizado el universo electoral, disminuyeron porcentualmente seis veces su participación a favor de campesinos, artesanos y obreros, es decir, el estrato popular tenía el potencial de determinar el resultado de las elecciones. Dado este fenómeno, el panorama político dio un tremendo giro. Los candidatos y sus partidos tuvieron que realizar una activa labor propagandística por medio de la prensa, conferencias y giras nacionales para ganarse a la nueva masa electoral.

 

La expansión de los medios de comunicación otorgó nuevos instrumentos de poder a los partidos para influir en la conciencia y conducta política de la ciudadanía. Por la prensa, la exposición de las virtudes del candidato propio o la denigración del contendor fueron los mecanismos discursivos usuales a los que apelaban los partidos para ganar la preferencia de los votantes. La extensión del ferrocarril, la telegrafía y el mejoramiento de los caminos provocó una mayor movilidad espacial y alcance comunicacional, lo que permitió a los políticos desplazarse por la región haciendo giras con su equipo de oradores profesionales.

 

A quienes no se encontraban supeditados a autoridad alguna como los profesionales, comerciantes, artesanos o gente territorialmente distante de los centros de influencia política (ciudades, pueblos o haciendas), se les trataba de persuadir con propaganda electoral. Para las elecciones de diputados de 1876, los candidatos hacían viajes a la costa colchagüina promocionando su candidatura.

 

Por su lado, los empleados municipales, subdelegados, regidores y jueces hacían campaña a favor del gobierno influyendo sobre extensas masas de votantes desde sus respectivos puestos de autoridad. Desde luego, de ganar, obtenían el favor de vuelta conservando sus cargos. La ambición por obtener un puesto en la administración pública era tal, que a este fenómeno se le denominó “empleomanía”, sistema que favorecía a correligionarios y parientes, y que permitía la consolidación del poder político en los rincones más apartados de la república. De esta manera, todo el aparato burocrático ponía en marcha la maquinaria electoral del gobierno para favorecer así sus intereses partidarios.

 

Hoy el proceso de votación se encuentra mucho más resguardado permitiendo una mayor transparencia en el ejercicio del sufragio, de modo que cada ciudadano puede ejercer su derecho a votar sin preocupación por una represalia o fraude electoral. No obstante, los medios de comunicación continúan siendo decisivos para influir en la decisión política de los votantes. 

 

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