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EDICIÓN | Julio 2017

CRUJIENTES Y SABROSAS

Francisca Correa, De Bocanboca
CRUJIENTES Y SABROSAS

En su fábrica en Requínoa, Francisca hace tostadas y galletas que han dado mucho que hablar en el rubro de la gastronomía. Cotizadas por banqueteros y cocineros de Talca a Santiago, sus Pita Chips son la opción perfecta para acompañar un cóctel delicado y elegante.  

Por María José Pescador D Fotografías Francisco Cárcamo P.

Francisca (39) estudió Agronomía en la Universidad Católica en Santiago y se especializó en Enología. Pronto se casó y por el trabajo de su marido se trasladó a vivir a Rancagua. Allí trabajó en la empresa de su padre —una fábrica de cartón corrugado— durante seis años. Luego, la familia, ya con cuatro hijos, se radicó en Atlanta, Estados Unidos. Allá Francisca tuvo a sus gemelos. Dos años después, de vuelta a Chile, con seis hijos, y sin su nana de toda la vida, empezó a hacerse cargo de la casa; entre esas cosas, empezó a cocinar. “Mi marido viaja mucho, y entonces me toca fuerte el tema de la casa”.

 

¿Cómo empezaste a cocinar?

Siempre me gustó el tema de la cocina, sobre todo el de las masas. Pero todo empezó cuando se me fue mi nana que llevaba once años trabajando conmigo, entonces me dediqué a cocinar para la familia. Y hace tres años, con una amiga, celebramos nuestro cumpleaños, y se nos ocurrió hacer unas galletas para acompañar el cóctel. Hice la masa y quedaron muy ricas. Después de eso decidí empezar mi propia pyme de banquetería, no como banquetera, pero sí para entregar soluciones de comida preparada y lista. Hacía ají de gallina, lasañas, paté, todo fresco, recién preparado y acompañado de estas galletas que había inventado.

 

¿Cómo te fuiste perfeccionando?

Mi marido me trae muchos libros de cocina, me gusta leer e ir probando, me gusta la comida elaborada. Y como soy ingeniero, me gusta mucho la química, esa parte misteriosa de los productos, la mezcla de ingredientes y sus gramajes…

 

Pero el tema de la gastronomía casera le fue quitando mucho tiempo y, sobre todo, los fines de semana que es cuando la gente más pide comida preparada. Entonces decidió que dentro de todo lo que hacía, se iba a enfocar en una sola cosa. De ahí salieron los Pita Chips, pequeñas tostadas cuadradas, hechas de forma absolutamente artesanal. “Busqué bien la técnica, y mi familia las probaba y me daban consejos, me decían que me habían quedado muy gruesas o que eran muy irregulares, entonces así fui llegando a lo que son ahora”. Cada paquete contiene doscientos gramos, unas cien galletas, todas tienen más menos las mismas dimensiones, cada envoltorio cuesta tres mil quinientos pesos, y si se guardan cerradas pueden durar hasta dos meses.

 

 

 

 

 

DE BOCA EN BOCA

 

Al principio, las galletas se hicieron conocidas por recomendaciones de amigas a otras personas, por eso la empresa se llama Bocanboca. Sus amigas le compraban, y de a poco, lo que empezó como una pyme hecha en casa, hoy es una empresa con mucha más producción. Instaló una mini fábrica en Requínoa, con máquinas industriales que le permiten producir cuatro veces más rápido que como lo hacía en su casa, en donde el horno estaba el día completo encendido. “Todo lo fui haciendo muy de a poco. Con la casa y los niños, no es fácil. Les pedí que tuvieran paciencia porque decidí que esto era a lo que me quería dedicar. Me costó dar el paso de salir de la casa”.

 

Finalmente, Francisca decidió dar ese gran paso y compró una amasadora, una laminadora y un horno industrial. “Hace un año decidí hacerlo en serio y registré la marca Bocanboca. Me hicieron la etiqueta y el logo, entonces resolví instalarme fuera de la casa y hacerlo con todo. Me acuerdo que me llamaron de la revista Platos&Copas para que salieran mis productos en los Recomendados, y yo aún hacía todo en mi casa. Como mi producto se estaba dando a conocer y tenía ya muchos pedidos, necesitaba profesionalizarlo. Producir en mayor cantidad porque no daba abasto”.

 

¿Cuánto producías en casa y cuánto produces hoy en la fábrica?

El máximo que sacaba en un día en la casa era veinticinco paquetes trabajando todo el día. En la fábrica, trabajando cinco horas, hago cincuenta paquetes. La idea es funcionar también por la tarde y combinar los tiempos muertos con un ayudante.

 

¿Cómo son los Pita Chips?

Adictivos…Y perfectos para hacer un cóctel más elaborado. No son galletas empalagosas, son livianas, cada una pesa poco más de un gramo, y además son cundidoras. Son sanas, no tienen huevo, ni leche, por lo que son aptas para veganos, no tienen ningún aditivo, ni preservante, y duran dos meses si se mantienen cerradas. También pueden ser un perfecto snack para comérselas solas.

 

¿De qué está hecha la masa?

Fue una receta que estuve perfeccionando por mucho tiempo. Tiene harina, azúcar, sal, levadura y aceite de oliva.

 

¿Cuáles son los sabores?

Por el momento tengo cuatro sabores, aunque mi idea es llegar a seis. Están las originales que son con aceite de oliva y sal de mar, de Cáhuil; las de tomate y albahaca; las ciento por ciento integrales, y las de azúcar y canela.

 

¿Cuánto produces hoy?

Hasta el minuto, cincuenta paquetes diarios y cada paquete contiene más o menos cien galletas. Al mes vendo quinientos paquetes, pero porque no he hecho más. En este momento estoy en la fábrica de nueve a dos de la tarde. Y yo hago todo sola. Cocino, corto, envaso, etiqueto, vendo y entrego; mis hermanos me ayudan a repartir en Santiago… La idea es llegar a los dos mil paquetes, tener dos sabores más y un ayudante a corto plazo.

 

¿Quiénes son tus clientes?

Banqueteros como Osvaldo Vila, Nicolás Villela, que me compran para los matrimonios que hacen; Catalina de la Cerda para eventos más pequeños. Ahora la caja Pulmay me compró para meter los Pita Chips en su promoción del mes de junio. Y también otro tipo de empresas que hacen eventos.

 

¿Con qué maridarías cada sabor?

Las originales van con todo, hasta con manjar, los niños se las comen como alfajores. Con mariscos, especialmente erizos… El de tomate con el cebiche y con los quesos queda muy bien. La integral a mí me encanta con huevo, con las sopas. Y las de azúcar y canela, la gente se las come solas; yo las he combinado con arroz con leche y quedan exquisitas, también con helado de vainilla, o bien, con un paté de foie

 

¿Con qué otros sabores te gustaría incursionar?

Lo que se viene son las hierbas, las especias, y también otro tipo de masas o técnicas… 

 

“Los Pita Chips son adictivos… Y perfectos para hacer un cóctel más elaborado. No son galletas empalagosas, son livianas, cada una pesa poco más de un gramo, y además son cundidoras”.

 

“Son sanas, no tienen huevo, ni leche, por lo que son aptas para veganos, no tienen ningún aditivo, ni preservante, y duran dos meses si se mantienen cerradas”.

 

“Por el momento tengo cuatro sabores, aunque mi idea es llegar a seis. Están las originales que son con aceite de oliva y sal de mar, de Cáhuil; las de tomate y albahaca; las ciento por ciento integrales, y las de azúcar y canela”.

 

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