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EDICIÓN | Julio 2017

A TODO COLOR

Valeska Aeschlimann, pintura en cerámica
A TODO COLOR

En su taller en Rancagua, Valeska crea y hace clases de pintura en cerámica. Conoce todas las infinitas técnicas de este oficio que hoy es su pasión y la felicidad de su día a día.

Por María José Pescador D. / Fotografías Francisco Cárcamo P.

Vive hace un año en Machalí, Rancagua, junto a su familia. Y le encanta. En el sector del Polo está su casa en donde tiene un taller —Rincón de Luz en Facebook— que construyó en el patio, precioso, grande e iluminado. De las paredes cuelgan repisas con decenas de biscochos distintos: tazones, platos, bandejas, esculturas, entre otros tantos, que están a la espera de ser intervenidos por la artista. Al centro un gran mesón en donde tres alumnas aprenden de Valeska, quien se dedica, además, a hacer clases de pintura en cerámica desde hace varios años.

 

Oriunda de San Pedro de La Paz, Concepción, Valeska, se enamoró del arte de la pintura en cerámica de tal forma, que dejó de dedicarse a su profesión como químico farmacéutico, para abocarse a lo que desde hace algunos años es su pasión. “Hice un magíster en Francia, y fui académica de la Universidad de Concepción, pero la parte de las manualidades siempre había sido una necesidad que nunca pude llevar a cabo por lo exigente de mi carrera”.

 

Fue así como decidió tomar un curso en esta técnica por las infinitas posibilidades que este oficio le permitía. “Cuando mis dos hijos crecieron, tomé un curso y me di cuenta de que este era un mundo aparte. Me gustan mucho las cosas decorativas y que, además, sean utilitarias”.                                     

 

¿Cuáles son las infinitas posibilidades de la pintura en cerámica?

Se pueden hacer muchísimas terminaciones, por la variedad de técnicas. Yo, que soy muy busquilla, que me gusta hacer muchas cosas a la vez, supe que esto era lo mío. Puedo pintar en relieve, con diferentes tipos de esmaltes, con pigmentos, con cristales, hacer los biscochos desde cero con la barbotina —mezcla para crear la arcilla—, y trabajar con distintos tipos de cerámica.

LA ESPECIALIZACIÓN

“Me empecé a dar cuenta de que no era feliz en mi trabajo. Y renuncié, para especializarme más en este tema”, cuenta Valeska, quien además dice que la pintura le ha permitido estar más en su casa, con su familia y, a la vez, crear, imaginar, enseñar y relajarse en lo que es su mundo de ensueño. Fue así como decidió profesionalizarse en el tema para lo que hizo un curso con el fin de ser monitora de las pinturas Duncan: “con esto pude empezar a hacer clases”.

Sigo haciendo algunas cosas de vez en cuando en el área farmacéutica cuando me llaman para algo específico, me gusta, pero lo mío y lo que de verdad me hace feliz el día a día, es esto, la pintura, la cerámica”.

¿Por qué?

Por el ambiente que se da acá en el taller, de enseñar, de compartir, de explorar distintas vivencias, el hecho de que en un taller se aumenta la creatividad de todas las personas, y es lo que más me gusta.   

¿Qué se hace con la pintura en relieve?

Se pueden lograr terminaciones distintas, en donde el biscocho deja de ser liso y toma otras formas. Esta técnica es buena para hacer, por ejemplo, mandalas. Se logran distintas texturas.

¿Qué otras formas de terminaciones existen? 

Distintos brillos, o si se quiere se puede dejar la pieza opaca. Y distintos colores. La gracia de esta técnica es que para que una pieza quede con las tonalidades que se quiere, hay que prestar mucha atención a las muestras de los mismos, porque los colores cambian mucho luego de salir del horno. Lo que es blanco a simple vista, al salir del horno se convierte en verde petróleo…

¿Para qué son los pigmentos y los cristales?

Los pigmentos sirven para crear dibujos con mayor detalle, más precisos. Los cristales son una especie de piedrecitas de vidrio que explotan en el horno y te entregan distintas tonalidades.

¿El proceso de pintar una escultura?

Primero se delinea sobre el biscocho, con un trazo delgado, todo el diseño que se quiere hacer. Después hay que ir combinando los colores e ir rellenando todas las formas para luego perfilar. Después se cubre con esmalte transparente que puede ser brillante u opaco. De ahí se deja secar la pieza, para introducirla al horno a mil grados, en donde está por doce horas.

¿Por qué Rincón de Luz?

Cuando partí en Concepción, transformé lo que era el garaje de la casa en mi taller, y este tenía ventanas en ambos costados, así que era sumamente iluminado, y como me instalé en un rinconcito... llegamos al nombre Rincón de Luz.

 

“Primero se delinea sobre el biscocho, con un trazo delgado, todo el diseño que se quiere hacer. Después hay que ir combinando los colores e ir rellenando todas las formas para luego perfilar. Después se cubre con esmalte transparente que puede ser brillante u opaco. De ahí se deja secar la pieza, para introducirla ir al horno a mil grados, en donde está por doce horas”.

“La gracia de esta técnica es que para que una pieza quede con las tonalidades que se quiere, hay que prestar mucha atención a las muestras de los mismos, porque los colores cambian mucho luego de salir del horno. Lo que es blanco a simple vista, al salir del horno se convierte en verde petróleo…”.

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