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EDICIÓN | Julio 2017

El destino de un legado

Casa Gabriela Mistral

El único inmueble que compró la insigne poeta en esta región, fue adquirido en 1925. Anhelaba transformarla en una escuela agrícola para los niños del Valle de Elqui, sin embargo, nunca cumplió su sueño. Con el tiempo, la casa de estilo neoclásico, con énfasis anglosajones en el diseño y ornamentación, pasó por varios dueños y, en 1990, fue declarada monumento histórico. Su mobiliario es una recreación de la época y solo la llave de la puerta principal se conserva como una pieza genuina, propiedad de Gabriela. 

Por Verónica Ramos B. / Fotografías: Francisco Díaz U.

Dos añosas palmeras coronan el frontis de la casa. Testigos indelebles de la breve permanencia de Gabriela Mistral en esta antigua casona de La Serena y la razón del nombre por el que fue bautizada: la Casa de las Palmeras. Pues, hoy, el municipio de esta ciudad ha querido llamarla Casa Gabriela Mistral, en virtud de la admiración a la vida y obra de la poeta y a la valoración de su patrimonio cultural.

 

Ubicada a pasos del mar, en la Avenida Francisco de Aguirre 0300, esta casona ––dueña de extensos jardines, amplias ventanas de pino oregón y un corredor enmarcado por un balaustre y robustos pilares de madera–– no pasa inadvertida. Su belleza de estilo neoclásico destaca aún más, luego de que, en el 2008, se le realizaran algunas intervenciones y, años después, durante el gobierno del expresidente Sebastián Piñera, se pusiera en marcha el programa Puesta en Valor del Patrimonio, adjudicando más de cuatrocientos sesenta millones de pesos para su restauración.

 

ALBERGANDO UN SUEÑO

 

Tras permanecer varios años en México, Lucila Godoy Alcayaga regresa a Chile, en 1925, y compra esta propiedad en La Serena. Su madre, Petronila, y su hermana, Emelina Molina, la acompañan durante su estadía, la que solo se extendió por un año, ya que es nombrada representante de Chile en la Liga de las Naciones. Gabriela Mistral deja el país y a su pequeña familia; tal vez lo más doloroso para ella es que debe postergar el motivo que la insta a adquirir esta casa. Su quimera, inspirada en un carácter visionario, tan particular de la poeta, era convertir esta casona en un internado y en una escuela-granja para que los niños de su amado Valle del Elqui aprendiesen las labores agrícolas.

 

Este sueño no se cumplió y, a la distancia, Lucila mantuvo por años todos los gastos de la casa, de su madre y hermana, quienes habitaron en ella hasta que ambas fallecieron. Cuidar y mantener el jardín no era cosa fácil, pues Lucila amaba las rosas, los árboles frutales y su huerta. En cinco mil metros cuadrados de terreno, solo la casa que hoy existe ocupa ciento cuarenta y nueve metros cuadrados, pues en esos años, una construcción en el patio trasero era utilizado como cocina por Petronila y Emelina. Con el tiempo, esta fue demolida.

 

Construida con un entramado estructural de madera, la casona se caracteriza por su relleno de hormigón primitivo, cuyo origen proviene de tecnologías pioneras anglosajonas. Esto ha contribuido, en gran parte, a su conservación por más de un siglo, sin embargo, el terremoto del 2015 en esta región, dejó sus huellas en varias de sus altas paredes.

 

La combinación de carpintería fina y elementos griegos, la ebanistería de madera, balaustres, pilastras, friso, dinteles con arco, cornisa y concha venera sobre dintel son algunos de sus elementos arquitectónicos de valor patrimonial y que la distinguen en esta concurrida avenida serenense.

 

Cuenta con siete habitaciones en total. Cuatro amplias piezas, dos por lado, se distribuyen a lo largo de un pasillo. Una de ellas es utilizada por la encargada de la casa y funcionaria del departamento de cultura del municipio de La Serena, Katherine Muñoz, quien, por cierto, nos acompaña en el recorrido y nos cuenta detalles de la historia de esta casa patrimonial.

 

“Desde que era una niña siempre soñé con conocer esta casa y jamás me imaginé que terminaría trabajando acá. Cuando iba a la playa con mis padres, me detenía para mirarla, a través de una malla. En varias ocasiones vi salir a una mujer que tiraba agua al jardín con una fuente. Con el tiempo supe que era la esposa del nuevo dueño de esta casa, porque cuando falleció Gabriela Mistral, esta propiedad quedó en manos de los franciscanos, luego pasó al Arzobispado de La Serena, que la arrienda por un tiempo y, en 1968, decide venderla a un particular”, comenta Katherine, y agrega orgullosa que su anhelo se cumplió en el 2015, al ser nombrada administradora de la Casa Gabriela Mistral.

 

RÉPLICAS DEL SIGLO XIX

 

En 1990, la Casa Gabriela Mistral se declara Monumento Histórico y, en el 2008, el Gobierno Regional compra el inmueble, para luego traspasarlo al municipio serenense. Del mobiliario y piezas auténticas de esta casa, nada se sabe. Un cierto hermetismo y escasa información ha dificultado encontrar el destino de lo que alguna vez perteneció a Gabriela Mistral.

 

“Lo único original que tengo de la casa es esta llave dorada que abre la puerta de la mampara (saca una bolsa hermética y la muestra). El resto es una ambientación para recrear los quehaceres y vida de la época. Soy muy honesta en recalcarlo y es lo primero que digo a los visitantes. ¡Es una pena!, pero la verdad es que no tenemos ningún registro de cómo y dónde conseguir mayor información; además, las personas que pudieron orientarnos con ciertos datos, han fallecido”, afirma la encargada.

 

Frente a la oficina de Katherine se encuentra el dormitorio principal. Dos camas de fierro dorado, tocador, cómoda, vitrina de madera, baúles y maletas adornan el lugar, todo a la usanza de mediados del siglo XIX. En sus muros, cuelgan una serie de fotografías de nuestra Premio Nobel y Premio Nacional de Literatura.

 

Otras fotografías de Petronila Alcayaga, de Emelina y de su hija Graciela Barraza y amigos de la familia adornan el pasillo. Cada una refleja la permanencia de ambas en esta propiedad. Ingresamos al salón, decorado con dos sillones y dos sitiales de madera forrados en terciopelo y brocato, una pequeña mesa de centro y vitrinas. Tres cuadros llaman la atención. Son las fotografías de Rubén Dario y Amado Nervo, más un boceto de Gabriela, diseño de la escultora y amiga de la poeta, Laura Rodig. Frente a este amplio espacio, otro salón fue adaptado como comedor, lugar donde destaca un mueble con puertas de espejos y una vitrina de madera tallada.

 

Al fondo, un salón principal sin amoblar divide dos piezas laterales. Una de ellas, está recreada con una cocina y ollas de fierro, leña, planchas a carbón, platos y teteras enlozadas. Una puerta central conduce hacia el amplio jardín, en el que sobresalen longevas palmeras y árboles, malva rosas, colas de zorro, un parrón y una pequeña plaza que invita a la meditación y a la lectura. El trabajo incesante de las máquinas interrumpe la tranquilidad del recorrido y es que en el mismo terreno de la propiedad, se construye la nueva Biblioteca Regional Gabriela Mistral, obra de la DIBAM, catalogada como la más moderna del país.

 

ESPÍRITU MISTRALIANO

 

Mientras sigo atentamente el relato de Katherine, la puerta principal se cierra provocando un fuerte golpe. Le pregunto si está acompañada y me contesta: “debió ser la guardia”. Una leve sonrisa la delata, sospechando lo que pensé en ese momento. A modo de anécdota, le consulto si alguna vez le ha ocurrido algo extraño o curioso estando en la casa. “Yo diría que han sido momentos más bien místicos. Para la conmemoración de los sesenta años de la muerte de Gabriela Mistral, invitamos al músico Jorge Araya, quien en esa ocasión realizó una interpretación en un silbato diaguita. Mientras el tocaba, una tórtola le respondía emitiendo el mismo sonido. Fue muy mágico y la gente quedó sorprendida. Al otro día, apareció una tórtola en la habitación principal de esta casa, que la verdad no sé si era la misma ave, pero me acompañó toda la tarde. Recorría la casa y estaba muy tranquila… yo lo relaciono, aunque las personas se rían, al espíritu mistraliano”, afirma Katherine.

 

Otra de las curiosidades es que la cuenta del suministro de agua de la casa continúa llegando a nombre de Lucila Godoy. “Siempre muestro la boleta del agua a las visitas y se sorprenden al ver plasmado su nombre, después de tantos años. El municipio realizó las gestiones y lo determinó así como un símbolo de pertenencia”, aclara Katherine.

 

Desde el 2013, las puertas de esta residencia patrimonial están abiertas al público, de lunes a viernes y de 9:00 a 17:30 horas. Y es que esta casa forma parte de los once puntos que integran la Ruta Mistraliana, circuito turístico cultural que busca rescatar y promover la vida y obra de esta genio sublime de las letras que traspasaron las fronteras de nuestro país y al que solo regresó en tres ocasiones después de 1922.

 

La rupturista y frontal poeta declaró en una ocasión: “Las casas no me amarran. Al mes de comprar la de Santiago, me fui a México; al año de la que tengo en La Serena me volé a Europa. Un mal genio se burla de mi cada vez que elijo un suelo para vivir en paz”.

 

Y así fue. Gabriela Mistral nunca más vivió en esta casa, la que por cierto, y según los escritos, solo disfrutó en sus escasos momentos de ocio, cuando se ocupaba de su huerta, con los rosales, clarines, papayos, malva rosas y ciruelos.

 

 

Su quimera, inspirada en un carácter visionario, tan particular de la poeta, era convertir esta casona en un internado y en una escuela-granja para que los niños de su amado Valle del Elqui aprendiesen las labores agrícolas.

 

Construida con un entramado estructural de madera, la casona se caracteriza por su relleno de hormigón primitivo, cuyo origen proviene de tecnologías pioneras anglosajonas.

 

“Lo único original que tengo de la casa es esta llave dorada que abre la puerta de la mampara (saca una bolsa hermética y la muestra). El resto es una ambientación para recrear los quehaceres y vida de la época”, afirma la encargada de la casa.

 

Otra de las curiosidades es que la cuenta del suministro de agua de la casa continúa llegando a nombre de Lucila Godoy.

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