Tell Magazine

Entrevistas

EDICIÓN | Julio 2017

El Historiador

Entrevista Rodrigo Moreno, historiador
El Historiador

Hablar con Rodrigo es asomarnos a la historia. Es entender que el pasado implica nuestro presente y que los grandes héroes no existen, sino los equipos humanos detrás de cada hazaña, de cada descubrimiento, de cada conquista. Sindicado como un emprendedor del conocimiento analítico, sus clases dejan huella, justamente porque desclasifica a los grandes personajes de la historia “con todas sus virtudes y miserias” y los analiza desde el prisma de los negocios, la innovación y la alta dirección. En estas páginas, la vida y obra de nuestro nuevo columnista.

Por Macarena Ríos R.

Tiene un doctorado en Historia, tres hijas maravillosas —Catalina María (8), María de los Ángeles (7), y María del Mar (7)– y una declarada obsesión por Colón: su último libro (dedicado a su señora Olga Lucía Peña), que acaba de presentar en Lima, Cristóbal Colón, el emprendedor, es prueba irrefutable de aquello.

A solo unas horas de partir a Miami, donde dictará una clase magistral para conmemorar los diez años del Multinational MBA de la UAI, del cual forma parte como docente, asegura que la mejor edad para aprender historia es en la adultez, que la de Colón es una historia de niños no desmentida cuando grandes y que la empatía es clave en la docencia.

Su labia, su pasión por la historia y el querer ir siempre un paso más adelante se ha convertido en la trilogía perfecta que hace que sus clases, de pre y posgrado, sean todo un éxito. “Durante enero, imparto, junto a otros profesores, el Módulo Execution, que tiene por finalidad trabajar la innovación y el emprendimiento desde una mirada histórica. Lo que ahí hacemos son estudios de casos, por ejemplo, tomar un personaje como Colón y desarrollarlo desde una mirada de negocios. Queda demostrado que no existen los superhéroes, ni los liderazgos individuales. Alejandro Magno fue un gran líder, pero ese liderazgo, sin trabajo en equipo, sin sus generales, sin los soldados que lo apoyaran, hubiera quedado en nada. Ahí te das cuenta de la real importancia del capital humano, y te hace sentido que no basta con contratar al más capo para levantar una empresa si no cuentas con un equipo cohesionado detrás”.

¿El sello de un buen profesor?

La empatía es clave en la docencia. Obviamente debe ir acompañada de conocimiento, profesionalismo, motivación, cariño y convicción por lo que uno hace. No existen secretos para una buena clase, sin embargo un factor primordial es que el profesor tiene que cautivar.

¿Por qué historiador?

Por vocación. Desde niño tuve inquietud por conocer el pasado, y cuando llegó la opción de ingresar a la universidad, no dudé en seguir el camino de las humanidades, de la historia. En mi época fue una decisión difícil, porque todavía estaba el estigma del profesor, de qué iba a hacer una vez que me titulara, pero fue mi padre, un aficionado a la historia, quien me dijo: “si quieres ser historiador, hazlo, pero sé el mejor”.

¿Quién fue tu mentor?

Tengo varias personas a quienes les debo mucho en esta carrera. A Mauro Matthei (primer monje benedictino chileno), quien me apoyó siempre y me inició en el camino de la investigación histórica. Rodolfo Urbina, catedrático de Historia de América Colonial, de quien fui su ayudante durante varios años. Gabriel Guarda (Premio Nacional de Historia 1984), un maestro. Julián Ruiz Rivera, mi director de tesis doctoral. Y un recuerdo especial a Cristina García Bernal, historiadora sevillana entrañable que partió prematuramente.

¿Cómo te documentas?

He tenido la fortuna de visitar y trabajar en numerosos archivos nacionales e internacionales, aunque del que guardo mayor afecto es el Archivo de Indias de Sevilla, ciudad donde viví un tiempo cuando hice mi doctorado. Actualmente, trabajo temas de cartografía histórica de los siglos XVI al XIX y, por lo tanto, he tenido acceso a colecciones particulares en Chile y en el extranjero. Un mundo fascinante.

¿Cuáles son los mitos más frecuentes de nuestra historia?

La historia que se nos cuenta de niños está llena de mitos, o simplificaciones que terminan alejándonos de la verdad histórica. Uno que siempre me ha llamado la atención, es el que cuenta que en Chile, después de la abolición de la esclavitud, las personas de origen afro se fueron del país porque era muy frío. Bastaría hacer solo una pregunta para poner en jaque esta afirmación: ¿dónde se iban a ir si en los territorios vecinos la esclavitud seguía siendo legal? Creo que el mito cobró vida en cuanto a que el mestizaje posterior hizo menos perceptible la presencia de descendientes afros, pero sí los hubo y los hay.

¿Qué opinas de Baradit, en el sentido de que con sus libros ha acercado más a la gente a su historia país.

Ha sido inteligente, y eso le ha traído buenos réditos. Su mérito es haber extraído información que otros historiadores han investigado en el pasado, con el propósito de acercar esos conocimientos a la gente. Y vaya que le resultó. Ahora bien, entre historiadores no es una lectura que tenga algún valor,  en cuanto a que él diga algo que no se supiera. Lo preocupante es que el fenómeno deja en claro que la mayoría de las personas no está leyendo lo que escriben los especialistas. 

¿Y la novela histórica?

Me gusta la novela histórica, porque es sembrar el apetito por la historia, es querer saber lo que ocurrió realmente. Es lo que pasa con el cine y la frase cliché “basado en hechos reales”. Genera curiosidad, te acerca de una forma entretenida a la historia, te impulsa a querer saber un poco más. Tanto la novela como el cine histórico son extremadamente útiles, pero requieren de un análisis posterior.

¿El libro histórico que más te haya gustado?

Un libro bello, que si alguna vez lo encuentras lo tienes que leer, se llama Amerigo y el Nuevo Mundo de Germán Arciniegas, Y otra obra increíble, Colón y su secreto, de Juan Manzano. Para los buscadores de libros, ahí hay una tarea.


TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Al papá de Rodrigo le gustaba contarle historias y anécdotas. Pero sin final. “Se paraba frente a la gran biblioteca que teníamos en la casa y sacaba un libro de la estantería. El final lo puedes encontrar aquí, me decía, palmoteando el ejemplar. Una excelente estrategia pedagógica que incentivó mi curiosidad infantil”.

El primer libro que Rodrigo leyó completo fue La historia de Chile, del ilustrador, periodista e historiador Walterio Millar. Tenía diez años. “Me encantó, recuerdo que me aprendí páginas de memoria, ante el asombro de mis padres. Pero tener buena memoria no es patrimonio de los historiadores. Tener buena memoria es memorizar las cosas que a uno le gustan”.

¿Qué tan importante es trabajar en la memoria colectiva de un país?

Es fundamental, tantas veces se repite lo caro que nos puede salir ser “un pueblo sin memoria”. Pero no es conocer el pasado por el pasado, casi con fines románticos o masoquistas. Es conocer la historia para comprender el presente. Y más aún, estar mejor preparados para enfrentar el futuro.

Autor de varios libros, Rodrigo hace pensar, deducir, conjeturar. Su trabajo ha trascendido de tal forma, que hace poco lo invitaron a un congreso internacional ecuménico de historia en Magdeburgo, una ciudad alemana a orillas del Elba, distante a cuatro horas de Frankfurt, con motivo de los quinientos años de la reforma de Martín Lutero. “Fue todo un honor dar la conferencia de clausura”.

El hecho de ser elegido como mejor profesor por los alumnos durante varios años, no solo de pregrado, donde es profesor de la Facultad de Artes Liberales, sino también del MBA que se imparte en Miami y Lima, es para Rodrigo “la satisfacción de un trabajo bien hecho”. Y una huella indeleble que se ha mantenido en el tiempo. Sin ir más lejos, algunos de sus exalumnos del MBA, como Yurik Díaz y Antonio Bloise, quisieron extender las clases de historia y llevarlas fuera del aula, invitando a amigos y familiares. Fue así como nacieron las llamadas Tertulias en el Club 7 Pinos, una suerte de conversatorios en torno a la historia y sus implicancias en la actualidad.

Y no solo en Chile. En Perú, donde también ha impartido clases, un grupo de exalumnos, algunos de ellos socios de EY, como su Country Manager, Paulo Pantigoso le pidieron escribir un libro sobre Cristóbal Colón, el caso que enseñó en el MBA. “Colón rompió todos mis esquemas. Desde la universidad me encontré con un personaje que no intentó demostrarle al mundo que la tierra era redonda, sino que buscaba hacer un buen negocio. Hubo inversionistas privados, hubo préstamos, hubo exención tributaria. La historia acerca de las joyas de la reina fue la parte romántica, que no me cabe duda que nos la contaron así para que la pudiéramos entender de niños”.

¿Cuál será tu aporte en revista Tell?

Reflexionar sobre situaciones históricas y su vínculo con el presente. Desde el patrimonio, la identidad regional, en suma, todo lo que nos permita hacer relaciones con aprendizaje efectivo. Un bonito desafío.

 

“Me gusta la novela histórica, porque es sembrar el apetito por la historia, es querer saber lo que ocurrió realmente. Es la curiosidad la que te acerca de una forma entretenida al pasado. Tanto la novela como el cine histórico son extremadamente útiles, pero requieren de un análisis posterior”.

“La memoria colectiva de un país es fundamental, tantas veces se repite lo caro que nos puede salir ser “un pueblo sin memoria”. Pero no es conocer el pasado por el pasado, casi con fines románticos o masoquistas. Es conocer la historia para comprender el presente. Y más aún, estar mejor preparados para enfrentar el futuro”.

“Mi aporte a la revista será reflexionar sobre situaciones históricas y su vínculo con el presente. Desde el patrimonio, la identidad regional, en suma, todo lo que nos permita hacer relaciones con aprendizaje efectivo. Un bonito desafío”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación3+1+7   =