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EDICIÓN | Julio 2017

Agudeza en lanas

Macarena Fuenzalida, ingeniera y telarista
Agudeza en lanas

Es una mujer determinada. Lo era cuando trabajaba como ingeniera y lo sigue siendo hoy, a dos años de haber formado su exitosa empresa Telares y Flecos, con más de trescientos diseños originales disponibles. Sus trabajos abrigan paredes a lo largo de Chile y el extranjero, cumpliendo a cabalidad la meta que Macarena se propuso una fría tarde en Talcahuano, cuando, por esas cosas de la vida, tuvo la oportunidad de equilibrar dos de sus pasiones: los negocios y el arte manual.

Por Carla Stagno G/ Fotografía José Luis Urcullú

A las ocho de la mañana ya está instalada en su taller tejiendo. En paralelo, bebe café y organiza su semana. Desde hace un tiempo que le encargan, al menos, un telar al día, y además debe sacarle fotos a los que ya están listos, subirlos a la web, responder cotizaciones, comprar materiales y despachar. Enérgica y “un poquito obsesiva”, como ella suele definirse, Macarena espera con ansias el momento en que su lista de pendientes se llene de vistos buenos. Literalmente no para, pero es tan ordenada que no se estresa. “La clave es ser constante. Trabajar todos los días aunque sea un rato, en vez de estar a última hora corriendo.”

Su claridad tiene que ver, en gran medida, con su formación como ingeniera civil industrial, mientras que su motor es hacer lo que más disfruta. Criada en una casa repleta de lanas, desde pequeña aprendió de su madre, Cecilia, a tejer punto cruz, pero no sería hasta varios años más tarde que Macarena optaría por dedicarse al oficio de manera profesional. De hecho, la idea nació desde su más profundo aburrimiento, una vez que, por el trabajo de su marido como piloto, decidiera renunciar a su trabajo en una compañía de relojes en Santiago para mudarse con él a Talcahuano. “Estaba sola, no conocía a nadie y tenía demasiado tiempo libre en una ciudad que tampoco tiene tanto movimiento. Busqué trabajo como ingeniera seis meses y, como no pasó nada, pensé que era una situación ideal para aprender algo nuevo”. De manera autodidacta, y apoyándose en tutoriales de YouTube, en un mes aprendió a hacer telares. En dos ya los estaba vendiendo.

¿Por qué telares?

Para mi matrimonio, que fue justo antes de irnos a vivir al sur, nos regalaron un telar y lo encontré maravilloso. Lo miraba y decía “tengo que aprender a hacerlo”. Y lo hice.

 

¿Desde el comienzo lo viste como un negocio?

Sí. La verdad es que siempre aspiré a tener mi propia empresa, por un tema de libertad de horarios y las ganas de poder dedicarme a algo mío. Además, por el trabajo de mi marido lo más probable es que siempre me esté moviendo de ciudad, entonces me propuse combinar todo: una actividad que me apasione, que la pueda desarrollar en cualquier parte y que sea rentable.

 

Sus primeras clientas fueron amigas y, luego, amigas de estas que veían sus creaciones y le pedían lo mismo, pero con cambios de tamaño o color. De la misma manera funciona en las redes sociales. Macarena publica sus diseños y las personas le hacen encargos, modificándolos acorde a su estilo. Según cuenta, el ochenta por ciento de los pedidos incluyen los colores turquesa, blanco y otros neutros como el beige.

 

¿Por qué tan uniformes?

Yo creo que el chileno, en general, es muy tradicional. Quiere comprar el telar que le combine con todo, con la alfombra, el sillón y la mesa, de tal modo que cuando lo ponga en la pared, no tenga que cambiar nada en años. Pero lo lindo, muchas veces, es atreverse, jugar con los colores, probar con combinaciones más arriesgadas.

 

La necesidad por salir de la rutina impulsa a Macarena a crear a su antojo apenas puede, esperando inspirar a sus clientes y renovar así el muestrario. En el proceso, una parte fundamental es la recolección de los palos que sostienen y se cuelan de vez en cuando entre los telares, los que son recogidos por Macarena, su marido, familia y los amigos que quieran sumarse, en ríos y lagos sureños, como el Puyehue o el Ranco.

 

Un panorama familiar…

Me encanta. Los palos son muy importantes en un telar, pueden hacer la diferencia entre uno y otro. Como los tengo que ir a buscar lejos, mientras más personas quieran acompañarme, mejor, porque son más manos y ojos. En las orillas de los lagos hay verdaderos cementerios de palos que se acumulan con los años, montañas y montañas que nadie se lleva, así que cada vez que vamos, llenamos el auto hasta arriba. Además son lugares hermosos, así que es un paseo entretenido.

 

¿Qué los hace especiales?

Lo que pasa es que los palos, en los ríos, se desgastan por el roce natural que tiene la corriente, se van golpeando y eso genera distintas formas, que las puntas se redondeen y que se pulan naturalmente. No es necesario barnizarlos ni ponerles tintes, sólo lavarlos y listo. Son perfectos.

 

LO QUE SE HEREDA NO SE HURTA

 

Macarena pasa tanto tiempo en su taller tejiendo, que está a un paso de ponerse a conversar con las lanas. De su antiguo trabajo como ingeniera extraña el contacto con la gente, pero sabe que arrendar un local no es buena idea. No cuando los gastos fijos pueden convertirse en utilidades.

 

Sin embargo, sí es consciente de que la máquina la “está pillando” y, por lo mismo, hace un tiempo decidió contratar a alguien para que trabaje con ella. Probó a muchas personas, pero algo no la convencía o le faltaba. De pronto, su cerebro hizo clic. Su socia debía ser su madre, tan metódica y apasionada como ella.

 

¿Qué tal la experiencia?

Súper buena. Funcionamos parecido y nos llevamos bien. De hecho, nos hemos unido más con este proyecto. Confío en ella, es muy estructurada, también tiene mente de ingeniera y es la única capaz de replicar mis telares al pie de la letra. Además, para ella ha significado un giro importante en su vida. Es primera vez que trabaja (fuera de las tareas domésticas) y se está dando cuenta de que es capaz de realizar algo que le apasiona. Yo creo que siempre quiso tener un negocio relacionado con el tejido, pero quizás por la época, o porque le faltaron herramientas, no pudo desarrollarlo.

 

La confianza y el entusiasmo de Macarena se reflejan en la demanda que genera su trabajo, el cual puede verse a través de Facebook (Telares y Flecos) o su página web (www.telaresyflecos.cl). 

 

"La clave es ser constante. Trabajar todos los días aunque sea un rato, en vez de estar a última hora corriendo.”

"Me propuse combinar todo: Una actividad que me apasione, que la pueda desarrollar en cualquier parte y que sea rentable".

"El chileno, en general, es muy tradicional. Quiere comprar el telar que le combine con todo, con la alfombra, el sillón y la mesa, de tal modo que cuando lo ponga en la pared, no tenga que cambiar nada en años. Pero lo lindo, muchas veces, es atreverse, jugar con los colores, probar con combinaciones más arriesgadas".

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