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EDICIÓN | Julio 2017

La importancia de los amigos

Pilar Sordo
La importancia de los amigos

En muchos países latinos este mes es el mes de los amigos (o de la amistad), lo cual me hizo pensar en lo importante que ellos se vuelven con el paso de los años. Estos hermanos o hermanas elegidos en la vida, al final nos acompañan más que muchos familiares, incluso más que nuestras propias parejas e hijos.

Me llama mucho la atención cómo los códigos de amistad cambian con las distintas generaciones. Por ejemplo, mi hijo de veinticinco años me dice, con mucha naturalidad, que tiene "amigos" porque juega en red con un canadiense y una norteamericana a los cuales nunca ha visto. Frente a mi pregunta si estos supuestos amigos vendrían a mi funeral si yo me muero para acompañarlo a él, me mira sorprendido y me dice: “obvio que no, mamá”. Entonces no son amigos, respondo yo. Parece que hoy se ha perdido la conciencia de que la amistad es un trabajo, y no menor, pues requiere mucha voluntad, persistencia y, a veces, esfuerzo para mantenerla por los años.

 

Es necesario compartir situaciones reales, mirarse a los ojos, por lo menos de vez en cuando y, sobre todo, tener y compartir situaciones de vulnerabilidad y no sólo las de éxito. Con los años he ido descubriendo la belleza de la amistad cuando uno se permite pedir ayuda, compartir llantos y errores y cómo la complicidad de la amistad se transforma en un tesoro que hay que cuidar día a día.

 

Se puede tener amigos desde la infancia, a quienes se puede ver una vez al año y a los cinco minutos de sentarse a conversar es como que el tiempo no ha pasado y no hay caretas ni poses porque no son necesarios. La historia compartida genera una naturalidad maravillosa que se siente tan natural como la vida misma.

 

Pero también se pueden encontrar amigos y amigas en el camino de la vida, en cualquier situación donde uno conoce a alguien, y al segundo uno siente que a esa persona la conocía de antes, donde la naturalidad y la alegría surgen en forma espontánea. Esos códigos pueden dar el inicio “de algo” que puede durar la vida entera.

 

En ambas situaciones hay que tener claro que, como cualquier afecto, hay que cuidarlo y trabajarlo diariamente. Los códigos de lealtad, de confidencialidad y de complicidad son claves para que esta amistad no se rompa. Sin embargo muchas veces las amistades cumplen un ciclo y se desvanecen, a veces sin aflicción y otras con fuertes duelos que sin duda nos harán crecer.

 

Quiero en estas líneas agradecer a todas mis amigas, quienes seguramente me acompañarán en el proceso de envejecer con mayor alegría y complicidad que otros afectos. A las que se han ido, gracias por lo aprendido y a las que he podido hacer daño, perdón, porque no ha sido con intención. Aquí también es importante entender que hay muchas amistades que no son del todo recíprocas; a veces uno quiere más de lo que la quieren a una y eso también es lindo asumirlo y entregarlo sin pedir la total equidad. Los invito a reconocer a sus amigos y amigas, decirles a ellos y ellas que lo son y que los quieren mucho y que, de verdad, son conscientes de la belleza que implica caminar en la vida con manos que están ahí en las buenas y en las malas.

 

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