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EDICIÓN | Julio 2017

La danza del poder

Por Sheldon
La danza del poder

HOUSE OF CARDS. NETFLIX.

Justo cuando ciertos artículos estadounidenses declaran que acabó la era de oro de las series de televisión para señales pagadas y plataformas virtuales —no hay equivalentes a Los Soprano, Breaking Bad o The Wire, argumentan—, los primeros capítulos de esta quinta temporada del clásico de Netflix son un poco alarmantes, y parecen dar la razón al anuncio de declive. Paciencia. El ciclo no tiene el mejor de los arranques con algunos excesos de teatralidad, pero avanzan los episodios y House of Cards nuevamente seduce sobre las maquinaciones de la alta política en la Casa Blanca, el congreso, el empresariado y otras súper potencias, orquestadas por el matrimonio de Francis y Claire Underwood, interpretados magníficamente por Kevin Spacey y Robin Whrigt. 

House of Cards eludió con elegancia la tentación de hacer eco de la administración de Donald Trump para concentrarse en otro escenario entre disparatado y a la vez verosímil propuesto por el guión: qué sucede si el matrimonio decide eternizarse en el poder con la moral de una pareja de reyes (de ahí que Claire tenga un amante a sabiendas de su marido). Es una forma más elegante de aludir al actual gobierno, ya que el populismo agitando los fantasmas de la amenaza externa y los riesgos del terrorismo en tierra patria, es el recurso de los Underwood para intentar quedarse en el Salón Oval cuanto sea posible. Curiosamente, el denostado periodismo representa la única reserva moral que se opone a tamaña jugarreta disfrazada de democracia. 

Si estamos ante el fin de una época irrepetible de producciones dramáticas para la TV, House of Cards bien puede ser el canto del cisne y una gran despedida. Por ahora, a disfrutar.      

 

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