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EDICIÓN | Junio 2017

EL TRAZO DE LA MIRADA

Leonardo Soto Calquín, artista visual
EL TRAZO DE LA MIRADA

El trazo, la mancha, el óleo, el volver a lo antiguo, a las raíces de la pintura, a lo tradicional, es de alguna forma lo que rescata Leonardo en sus trabajos en los que prima el dibujo, el retrato y el paisaje. Pinturas que cuelgan sobre su casa y su taller ubicado en el centro de Rancagua.

Por María José Pescador D. Fotografías Francisco Cárcamo P.

Oriundo de la capital de O´Higgins, su nexo con el arte no tiene nada que ver con un gen familiar, más bien fue algo propio, algo “natural”. Con los lápices, la plasticina y el papel, hacía que su imaginación volara, era su forma de entretención. De esta manera participó en talleres de pintura desde muy chico, talleres que le sirvieron para dar sus primeros pasos.

 

Cuando salió del colegio, y con aquellas dudas de lo que significaba estudiar arte, decidió abocarse al diseño gráfico, “uno trata de irse a lo seguro, y tampoco tenía mucha información en ese minuto para decidir”. Para esto de radicó en la capital, en donde su casa de estudios fue la UTEM.  

 

 

CONCEPTO Y MATERIA

 

Si bien Leonardo siempre trabajó en diseño, nunca dejó la pintura, y dice que ambas profesiones se complementan. Utiliza muchas veces los recursos del diseño en su obra. Estuvo en grandes compañía de diseño como Larrea Diseñadores, de Vicente Larrea, uno de los más grandes diseñadores en Chile, o con Julián Naranjo, entre otros…

 

Mientras trabajaba hizo un magíster en Artes Visuales en la Universidad de Chile, a la vez que postulaba a un FONDART, el primero, de varios que se ganó y que se llamó: Ejercicio de desplazamiento. Una itinerancia de obras por la región de O´Higgins, en la que los cuadros mostraban pinturas relacionadas con sitios eriazos, basura u objetos abandonados, “productos residuales de la sociedad de consumo”. Una manifestación contemporánea, en donde los cuadros son fragmentos que se unen entre sí para formar otro más grande.

 

Pronto se iría a probar suerte a España, en donde trabajó como diseñador, y ganó una beca para hacer un máster en dibujo en la Universidad de Granada, y en donde vivió por siete años. Fue allí que decidió dedicarse a la pintura, y que debía devolverle la mano a su región a través del arte.

 

Una vez en Chile, el 2014, se radicó en su ciudad natal. Nada más llegar postuló a un FONDART y lo ganó. Rostros-Rastros, la extrañeza de lo cotidiano, se llamó. Para este fue a hacer una residencia artística al MAM —Museo de Arte Moderno— de Chiloé, en donde impartió talleres de arte, sobre todo enfocado en los retratos. El mismo año postuló para ser docente de la Universidad de Chile, en donde dicta clases hasta el día de hoy, en la escuela de diseño para el ramo Expresión Gráfica.

 

¿De qué manera fundes la pintura con el diseño?

De dos formas. El diseño ha influido mucho en mi obra, porque me ha permitido proyectar las cosas por etapas. Enfrentar cualquier producción como un proyecto. Hay una vertiente conceptual en donde se funden ambas y también una práctica. Desde esta última, por ejemplo, dentro de la pintura incluyo elementos gráficos.

 

 

LA BELLEZA

 

Hoy en día se valora mucho el concepto, más que el acabado, o el trabajo manual que se ha hecho. Hoy en día una obra conceptual puede tener el mismo valor en términos de reconocimiento que una obra que está bien acabada”, cuenta Leonardo, haciendo una pequeña crítica al sistema. “Ahora yo he visto obras conceptuales espectaculares, que son coherentes, pero hay cosas que se quedan en el vacío. En general voy a galerías o museos y es como ver una revista, uno va mirando cosas que a veces no te dicen mucho, hasta que llegas a una página en donde todo te hace sentido”.

 

¿Cuál es tu concepto?

La búsqueda de la belleza. Reflejarla y jugar con la obsolescencia de las cosas.

 

¿Por qué los retratos?

Porque en mi búsqueda de la belleza creo que la mirada es lo que más te dice. Hay un refrán del latín que explica: “en el alma encontrarás la verdad”, y el alma, algunos opinan, que se refleja en la mirada. Asimismo, la Torá dice que Dios te mira a través de la mirada, yo no soy una persona religiosa, pero me gusta mucho leer… Por eso es que me gusta captar ese momento, cuando te están mirando...

 

¿Eso se logra quizás con el hiperrealismo?

No me gusta el hiperrealismo, me gusta que se vea la mancha, la pintura, el gesto, que aunque de lejos no se ve, de cerca sí. El trazo es lo que me interesa reivindicar de la pintura.

 

¿Eso lo obtienes con el óleo?

El óleo tiene una carga histórica, que se ha dejado de lado. Se relaciona con lo antiguo, es un material que habla por sí mismo y que se relaciona mucho con la representación de manera mimética, significa el representar las cosas tal cual las vemos. Y la mimesis ha sido muy denostada con la aparición de la fotografía, porque claro, para qué voy a pintar algo si lo puedo fotografiar… Hay un pintor que se llama Walter Benjamin, alemán, que dice que la fotografía vuelve único lo repetible, y nosotros tratamos de hacer el camino a la inversa, lo repetible lo volvemos a hacer único a través de la pintura. Por eso la pintura, la materia, por eso el reivindicar el oficio.

 

¿De qué se trata tu última exposición?

Se llama: Treng Treng y Kai Kai, o la creación del territorio. Son cuadros de gran formato, en donde hago un relato visual interpretativo de lo que es el mito mapuche de Treng Treng y Kai Kai y de cómo eso también está presente aquí en la zona central. Decimos que es un mito propio del sur y de la Araucanía, pero no, nosotros tenemos incluso un cerro Treng Treng en Doñihue. Entonces eso significa que le hemos ido dando vuelta un poco al origen mapuche y picunche de la zona…

 

Hay mucha simbología dentro de estas pinturas…

En la muestra hago un estudio de lo que han sido las influencias en la zona central, porque esta es una región que fue un lugar de paso, de cruce… Aquí estuvo la primera frontera por donde llegaron los incas, los españoles, entonces este fue el lugar de mayor mestizaje. Por aquí ha pasado de todo, y lo que he hecho es rescatar los símbolos antiguos y también releer la interpretación que existe de ellos. Volver a descifrar y reencontrarse con esos códigos es bonito, y saber que estás narrando algo que va más allá de la simple imagen es tener un concepto que, en este caso, es el de la cultura mapuche que se vuelve a encontrar con un territorio y vuelve a hacerlo habitable.  

 

¿Por qué te gusta el paisaje de la zona central?

Porque es muy bucólico y se han retratado desde una forma distante. Viviendo en España se echa de menos este paisaje, la cordillera, el campo, la fruta, la abundancia exuberante que tenemos, pero que también es una exuberancia contenida y austera porque hay mucha producción, pero poca variedad. Y creo que pasa lo mismo en nuestro arte, tenemos muy buena gente produciendo, que hace mucho, pero tampoco son tantos…

 

¿Cómo definirías tu obra?

Las definiciones son complejas… Pero puedo decir, a grandes rasgos, que trabajo desde la tradición pictórica de los medios, para potenciar los conceptos y significados de cada una de las imágenes referentes, y así crear una nueva composición, una nueva escena.

www.leonardosotocalquin.com

 

“No me gusta el hiperrealismo, me gusta que se vea la mancha, la pintura, el gesto, que aunque de lejos no se ve, de cerca sí. El trazo es lo que me interesa reivindicar de la pintura”.

 

“Hoy en día se valora mucho el concepto, más que el acabado, o el trabajo manual que se ha hecho. Hoy en día una obra conceptual puede tener el mismo valor en términos de reconocimiento que una obra que está bien acabada”.

 

“Hay un pintor alemán que se llama Walter Benjamin, que dice que la fotografía vuelve único lo repetible, y nosotros tratamos de hacer el camino a la inversa, lo repetible lo volvemos a hacer único a través de la pintura. Por eso la pintura, la materia, por eso el reivindicar el oficio”. 

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