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EDICIÓN | Junio 2017

CON “B” DE BUENO

Pablo Sepúlveda, fundador de Mercado Birus
CON “B” DE BUENO

Es abogado, pero desde siempre lo han motivado las causas con contenido. De las viviendas sociales a las empresas B, Pablo es la prueba de que es posible emprender y lograr estabilidad a través de negocios sustentables, amigables con el entorno y con equipos inclusivos. ¿La clave? Siempre tener un propósito y, desde ahí, construir el futuro.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló

Cuando uno conversa con él parece la personificación de una empresa B. Tiene casi cuarenta años, pero se ve mucho más joven; es deportista, vegetariano, sencillo y relajado. Al verlo, parece increíble que sea abogado y que haya creado varias empresas, pero basta escucharlo unos minutos para descubrir la tremenda pasión que lo mueve y lo clarísimo de sus objetivos.

A los quince años soñaba con tener una empresa constructora, en la que primero iba a hacer las casas de los trabajadores y, cuando ellos estuvieran felices, harían las de los clientes. Hay mucho de mística ignaciana en este exalumno que, sin darse demasiada cuenta, fijó en plena adolescencia su primer propósito en la vida. “A mí ganar plata no me motiva ni me mueve para nada, y en ese momento lo que me movía era que la gente, mi mamá incluida, tuviera una casa”, explica.

Aunque pensó en estudiar arquitectura, en el colegio terminaron convenciéndolo de que sería un súper buen abogado. “La verdad es que me servían todas las micros. Creo que fui un Millennial desadaptado, que estudió una cosa pero hizo otra, que se ha cambiado a todos los trabajos posibles en una época donde lo importante era la estabilidad”, dice.

 

¿Nunca ejerciste como abogado?

Sí, fui procurador durante cuatro años en el Estudio Etcheverry, porque a los veintiún años me fui a vivir solo y tuve que empezar a trabajar. Así que sé, con conocimiento de causa, que no me gusta ser abogado litigante. Y lo descarté. Mi primer trabajo formal fue en el área de vivienda de la Fundación Rodelillo, después de haber sido voluntario durante mucho tiempo en lo que hoy es Techo. Hasta la fecha, he sido parte de nueve emprendimientos, algunos propios, otros como invitado y otros creados desde el interior de empresas consolidadas. Soy abogado de profesión, pero mi oficio es ser emprendedor social.

 

“Mi primer paso fue un proyecto de ley para facilitar la forma en que regulamos la propiedad para que la vivienda social pueda construirse de mejor manera. Estaba partiendo en la Católica con Claudio Seebach, pero no conseguimos las lucas para implementarlo. Después me fui al área de vivienda de Un Techo para Chile, donde estuve un año y medio, hasta que partí al Serviu a armar un programa piloto para explicar la nueva política habitacional. Entonces, con un grupo de amigos, formamos la Fundación Urbanismo Social, que va a cumplir diez años, y que es mi orgullo máximo. Después armé el área de subsidios de una inmobiliaria…”.

 

O sea, terminaste siendo constructor…

Sí, y eso es lo más lindo. Pero después de muchas pegas me seguía dando vueltas la idea de "aquí falta algo"; creo que soy un buscador incansable de felicidad y, aunque sentía que estaba ayudando a las personas a tener sus casas, algo me faltaba… discernimiento ignaciano puro.

 

DE LA PUBLICIDAD AL MUNDO B

 

Este cuestionamiento constante lo llevó a pensar que el mundo de la publicidad podía ser un espacio creativo interesante para él. Sin hacerse problemas, llamó a un amigo publicista y le ofreció ser su socio. Terminaron creando juntos la agencia Museo, de la que fue gerente general.

 

En eso estaba cuando un amigo que había conocido en Techo le mostró por primera vez las Empresas B. “Las empresas B vienen de Benefit Corporation, que es un tipo de organización, una figura legal que se crea en Estados Unidos hace diez años y que busca proteger el propósito con que la empresa fue creada. De ahí comenzaron a certificarse empresas que cumplían con estos altos estándares de sustentabilidad, para lo cual modifican sus estatutos o en su constitución de sociedad te comprometes a velar, además de por la rentabilidad económica, por la social y la ambiental”, explica.

 

Eso fue a fines de 2011. Y Pablo recuerda que casi lloró cuando leyó el correo que le envió su amigo: ese era el tipo de empresa con la que siempre había soñado. Después de tres años dejó la agencia en la búsqueda de algo que aportara al mundo. “Y escribí, sin preguntarle a nadie, que iba a ser un embajador global y que iba a contagiarlos a todos como si fuera un virus, pero un virus con B de bueno”.

 

Y con “B” de empresa B…

Sí, al final calzaba por todos lados.

 

Soltero, sin hijos, se declara desprendido de lo físico y lo material. “No tengo ese apego tremendo hacia el amor, aunque si hay algo en que creo es en el amor y en la bondad, como esa capacidad de hacer por otro más que por uno mismo; hoy estoy feliz con lo que hago, sin pareja pero ni siquiera me lo cuestiono…”.


Me imagino que además te involucras muchísimo en tus proyectos

Pero fíjate que he aprendido en el camino a no involucrarme hasta quedar destruido, aunque eso no quita que sea súper estresante. Yo sé que a Birus le va a ir muy bien y, por lo mismo, desde el inicio decidí no ser el gerente general, porque ya sé que sirvo para crear y para el impulso inicial, pero no para el día a día del negocio. Así que eso lo hace mi amigo Cristián Cifuentes, que es ingeniero y seco para el tema.

 

 

EL BIRUS SE PROPAGA

 

Mercado Birus se define como un e-commerce para Empresas B que nace de la necesidad de crear un espacio que pudiera competir con el mercado tradicional sobre la base de valores como la colaboración y la bondad.

 

Pablo partió a Estados Unidos a aprender sobre el tema y a mover su idea. Lo primero fue ofrecerle a empresas de allá instalarse en Chile. Después, la idea de ayudar a las organizaciones locales en su proceso de certificación. Para eso, se incorporó al equipo Daniela Bertoglia, que fue gerente corporativa de Natura, hasta hace poco la empresa B más grande del mundo, y quien lidera el área. Después llegó Eloísa Silva, que fue la mayor impulsora de lanzar un marketplace.

 

“Nuestro foco es ayudar a generar este mercado alternativo, donde las empresas B son nuestro referente, pero en que también incluimos a todas aquellas que tienen un propósito. Eso hace que nuestro abanico sea más amplio e inclusivo, porque acoge a todas las que no tienen como fin principal ganar plata”.

 

¿Hacen una selección?

Si un producto no le aporta al mundo, ¿para qué lo voy a vender? Tenemos los productos en consignación, así que somos más que un marketplace en que cada uno sube la foto, nos hacemos cargo del almacenamiento y el despacho. Muchas de estas empresas son pequeñas, entonces hay que ayudarlas a que tengan visibilidad, stock y garantías para el cliente. En nuestros planes iniciales no estaba tener bodegas, pero tuvimos que hacerlo porque es un medio para lograr nuestro propósito. Mi promesa es que todos los que están en Birus tienen un propósito.


Hoy tienen sesenta empresas ofreciendo productos y servicios y cerca de setecientas opciones para elegir. Y según el modelo de negocios, en mayo de 2018, Mercado Birus sería completamente sostenible a través de las ventas. Mientras esperan que eso ocurra, funcionan con aportes de los socios, inversionistas y un fondo Corfo al que postularon exitosamente.

 

¿Este modelo de ventas online sólo para empresas B no existe en ninguna parte?
Ha existido, pero creo que se adelantaron mucho y terminaron cerrándose. Entiendo que se ha evaluado la idea de un Amazon B, y ojalá así sea, porque mientras nosotros podamos ganar lo suficiente para estar tranquilos, estaremos felices de que lleguen todos los que quieran. No me interesa engrosar ninguna lista de millonarios, prefiero no distribuir.

 

¿Crees que el futuro está en el emprendimiento social?
Hubo un minuto en que el único foco estuvo en subir al máximo las utilidades de los accionistas, pero parece que yo me tomé la pastillita roja de Matrix, porque a mí eso no me mueve; no voy a comprar algo que no necesite. Para mí el futuro está en construir otros mercados, que generen plata, obviamente, para no quebrar, pero con foco en lo sostenible, con amor a los trabajadores y sin perjudicar al entorno.

 

Tú eres una prueba de que se puede…

Sí, aunque reconozco que lo he pasado mal. Vendí mi departamento y mi auto, viví de allegado… pero la gracia es que estaba dispuesto a hacerlo porque creía en mis proyectos.

 

“No tengo ese apego tremendo hacia el amor, aunque si hay algo en que creo es en el amor y en la bondad, como esa capacidad de hacer por otro más que por uno mismo”.

 

“Nuestro foco es ayudar a generar este mercado alternativo, donde las empresas B son nuestro referente, pero en que también incluimos a todas aquellas que tienen un propósito. Eso hace que nuestro abanico sea más amplio e inclusivo, porque acoge a todas las que no tienen como fin principal ganar plata”.

 

“Mientras nosotros podamos ganar lo suficiente para estar tranquilos, estaremos felices de que lleguen todos los que quieran. No me interesa engrosar ninguna lista de millonarios, prefiero no distribuir”.

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