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EDICIÓN | Junio 2017

LA VOZ COMO UN REGALO

Ramiro Maturana, barítono
LA VOZ COMO UN REGALO

Ramiro Maturana es un barítono talquino que con veintisiete años ha conquistado los principales escenarios de la ópera chilena, y que ahora va por más: acaba de ser aceptado en la Academia del Teatro Alla Scala de Milán para perfeccionarse en el canto lírico. En septiembre parte a Italia para formar parte de esta prestigiosa institución junto con otros seis becados. Aquí su historia.

Por Fernanda Schorr. Fotografías Andrea Barceló.

A fines de marzo y tras un duro proceso de selección que duró cuatro días, el barítono talquino, Ramiro Maturana, se enteró de que había sido aceptado en la Academia del Teatro Alla Scala de Milán, para perfeccionarse en el canto lírico durante los próximos dos años. “Estoy emocionado. Cuando quedé no me quería quedar dormido porque pensaba que iba a despertar de un sueño”.

Maturana inició su camino en el canto casi por casualidad. Cuando iba en primero medio, un compañero de curso lo convenció para que se metieran al coro del colegio. “Me dijo que era entretenido y que podríamos faltar harto a clases, y me encantó la idea”. Pero el gusto y la pasión por el canto lírico lo descubrió más adelante, cuando entró a estudiar Interpretación y Docencia Musical en la Universidad de Talca, donde inició, en 2008, sus estudios en canto, bajo la cátedra de la soprano Carolina Robleros. “Yo tenía claro que me gustaba la música, pero a diferencia de muchos colegas y compañeros que entraron conmigo, no ingresé a la carrera para ser cantante”.

Si bien había cantado en coros durante toda la enseñanza media, el primer año de carrera se enfrentó a sus primeras clases individuales de canto. “Me dijeron que cantaba bonito, pero que tenía que partir de cero. Y a mí me parecía horroroso tener clases de canto individual porque, además, mi profe era muy estricta. Ahora la adoro y somos súper amigos, pero al principio me enojaba con ella, tenía intolerancia a la frustración”. El cantante estuvo a punto de reprobar el ramo y su profesora le decía que no estaba preparado para dar el examen, que consistía en una audición en público.

Sin embargo, dos semanas antes, él y su profesora lograron aunar criterios en los ensayos, y el día de la audición, por primera vez se sintió cómodo interpretando un solo lírico en el escenario. A partir de ese momento las cosas tomaron otro rumbo: Ramiro comenzó a sentirse más seguro y a confiar en el criterio de su maestra.

Cuando terminó el segundo año de carrera, actuó en su primera ópera, Las bodas de Fígaro, donde interpretó a Fígaro. Fue así, que el barítono comenzó a tomarle cariño al canto: “Empecé a encontrar que lo hacía bien y que mi esfuerzo y dedicación daban frutos”.

VIVIR LA ÓPERA

Al egresar de la universidad, audicionó para el Teatro Municipal y le dieron dos roles con los que debutó en 2013, como Fiorello en la ópera El barbero de Sevilla, de Rossini, y Paris, de Romeo y Julieta. Para él significó un gran desafío y una oportunidad que no esperaba. Tras la noticia, se trasladó a vivir a Santiago, y el director del coro del teatro lo invitó a cantar como apoyo durante el tiempo que no estuviera como solista. Luego interpretó a Belcore, en El elíxir de amor, de Donizzetti. Esta vez se trataba de un rol más importante que los anteriores, y eso para el joven barítono fue “como la guinda de la torta, cantar tres óperas en un año era como demasiado para una persona que estaba recién empezando”.

En sus propias palabras, lo apasionante de la ópera es que es mitad trabajo de actor y mitad de cantante. “La pega de actor es entretenida porque te metes en un personaje y estudias cómo se comportaría en diversas situaciones. El trabajo del cantante pasa por descubrir todas las aristas que puede tener tu personaje, y sentirlas, recrear emociones”, y aclara que la interpretación debe ser algo real que debe sumarse a lo corporal.

La búsqueda de entrega ha sido una constante en la carrera de este intérprete, que en el escenario intenta transmitir emociones a la gente. “Las artes tienen la labor fundamental de remover conciencias y abrir mentes. Y eso también es importante para una transformación de la sociedad. Los públicos que asisten a la ópera, en general, están habituados a escuchar música clásica, pero, ¿qué pasa con el resto? Hay muchos músicos y directores que están haciendo cosas para que la música sea más masiva, más accesible. Sigue siendo elitista, pero estamos en un camino o transición para multiplicar su acceso”.

Actualmente, Ramiro canta como solista para algunas óperas en el Municipal, donde lo contratan e invitan por temporada, dependiendo de los ciclos que tengan en el año. Además, integra, desde 2013, la Camerata Vocal de la Universidad de Chile —coro profesional de dieciséis cantantes— que hoy es su trabajo estable, y es instructor vocal del Coro Sinfónico de la misma casa de estudios.

DE TALCA AL MUNDO

Si bien las clases en la Academia del Teatro Alla Scala comienzan en septiembre, durante julio la Orquesta Sinfónica de Chile presentará la obra Carmina Burana, donde Ramiro será el solista. Luego, desde mediados de julio hasta agosto, viajará a Nueva York para interpretar al Papageno en La flauta mágica en el Opera Studio de Manhattan. Junto a él irá el barítono Eleomar Cuello; ambos tendrán clases con preparadores de la Metropolitan Opera House y darán conciertos en el Carnegie Hall y otros sitios.

El cantante lleva dos meses estudiando la música y memorizando el papel del Papageno, un personaje cómico, inocente y enamoradizo que, según él, “no es un rol que a mí se me dé muy naturalmente, incluso desde lo vocal se me facilitan las interpretaciones más serias”.

Para preparar una ópera, primero conoce todo lo que pueda sobre ella: el guion, el contexto histórico y, sobre todo, en qué estaba el compositor cuando la escribió. Además, señala que “toma harto tiempo la preparación vocal, el manejo de la dicción y la fonética”. En su casa, Ramiro tiene un pequeño piano donde estudia, pero en general ensaya con un pianista experto en el repertorio.

Las voces son instrumentos únicos en su color y timbre, pero también en su proceso, y eso es algo que él tiene claro, pues ha abordado la técnica del canto para adecuar mejor su propio instrumento: “Mi voz en los últimos dos años tuvo una evolución bien importante, respecto del timbre, del color, de la proyección. Me han dicho que pese a que no es liviana, es una voz que tiene dulzura”.

Hoy, Ramiro se considera más maduro y más consciente de su voz, y en estado de constante aprendizaje: “soy una esponja que se va a Italia a aprender todo”. En ese país el cantante tendrá clases todos los días con grandes referentes del canto lírico, como Renato Bruson, Mirella Freni y Luciano Serra.

Motivado por este gran desafío, Ramiro cuenta que como cantante joven aún tiene muchas cosas que aprender y seguir perfeccionando, y que está satisfecho de cómo se han ido dando las cosas: “Soy muy agradecido de todo lo que me ha pasado, porque ser cantante lírico no es algo que yo buscaba, ni deseaba con todo el corazón, pero me fui apasionando en el camino y creo que eso también es válido; a veces los regalos resultan más gratificantes cuando no los esperabas”.

 

“Yo tenía claro que me gustaba la música, pero a diferencia de muchos colegas y compañeros que entraron conmigo, no ingresé a la carrera para ser ser cantante”

“La pega de actor es entretenida porque te metes en un personaje y empiezas a estudiar cómo se comportaría en diversas situaciones. El trabajo del cantante pasa por descubrir todas las aristas que puede tener tu personaje, y sentirlas, recrear emociones”.

“Ser cantante lírico no es algo que yo buscaba, pero me fui apasionando en el camino… A veces los regalos resultan más gratificantes cuando no los esperas”

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