Tell Magazine

Espacio Inmobiliario » Espacio Inmobiliario

EDICIÓN | Junio 2017

REFUGIO COLONIAL

Hotel Boutique Casa Silva
REFUGIO COLONIAL

En pleno valle de Colchagua se encuentra el hotel boutique Casa Silva. Una construcción con más de cien años de antigüedad, estilo colonial, con nobles maderas como pilares, paredes de adobe, techos altos, tejas y un patio central con adoquines. Emplazada al lado de la bodega y cerca de las parras de la viña del mismo nombre, sorprende por su acogedor ambiente.  

Por María José Pescador D. Fotografías, Francisco Cárcamo P.

Inserto en pleno Valle de Colchagua, en San Fernando, a media hora de Rancagua, se encuentra el hotel boutique Casa Silva. En el mismo lugar donde están las añejas parras de la viña, está la casa que por generaciones ha pertenecido a la familia Silva. De hecho es una construcción con más de cien años, la que se refaccionó  el 2004 para convertirla en un alojamiento de lujo.

Como una casa quinta, colonial, de adobe, pilares de madera y tejas, se destaca por tener un patio central amplio, con enredaderas que tapan algunas de sus paredes y árboles, especialmente los liquidámbar que en esta época destacan por su colorido rojizo. En la entrada, las baldosas son córdoba, de colores fuertes y formas geométricas. En medio una fuente de agua, sillas y sillones de terraza, y grandes macetas de madera blanca con arbustos que se posan en el piso de adoquines. Bajo los techos angulosos, con vigas de madera a la vista, hay mesas para sentarse a tomar el desayuno.

Desde aquí se ven las ventanas antiguas, y las puertas enormes, altas, y pintadas al albayalde. Una de estas da a la bodega, donde el olor a vino proveniente de los innumerables barriles de madera que reposan este brebaje y que parecieran ser parte de la casa, inunda el espacio. A un lado está el restaurante, pequeño y acogedor, con luz tenue, una gran barra de madera y sillones de cuero, aquí la comida se especializa en chilena e internacional. Al frente de esta puerta, está la entrada al hotel, en donde también resalta una gran puerta con marcos de madera antigua pero con vidrio: la idea es que se vea desde fuera el hall y el living.

POR DENTRO

El hotel consta de siete habitaciones, todas en suite. Al entrar, inmediatamente se aprecian los techos altos, el mobiliario de campo con antigüedades como ollas de fierro, y colecciones de hormas de zapatos antiguos. En el área del living hay una gran chimenea, sillones con forro blanco, una mesa de centro con libros de polo. En las paredes cuadros con fotografías antiguas.

En este sector están las dos primeras habitaciones. Más allá, la sala de juegos, donde hay una gran alacena de madera, junto con mesas cuadradas de madera y juegos de ajedrez. De aquí sigue un pasillo en el que se encuentran dos salas de estar, una con muebles de mimbre, en donde destaca el papel mural a rayas blanco con azul y la marquetería blanca. La otra, un poco más allá, tiene un gran sillón blanco con mesas laterales de madera y grandes lámparas. Ambas tienen cuadros de tipo antiguo con caballos.

Las siete habitaciones se dividen en cuatro con dos camas; dos con cama matrimonial y una single, todas en suite. Se distinguen por tener mobiliario de tipo francés, provenzal. Con paredes con marquetería blanca y todas con papeles murales en distintos tonos: a rayas verde pistacho o azul con blanco, o a cuadros rojos con blancos. El piso de madera, y los techos de madera al albayalde de donde cuelgan bellas lámparas de lágrimas. Los baños a su vez tienen tinas antiguas y baldosas coloridas en los pisos.

La decoración de todo el lugar estuvo a cargo del reconocido decorador Francisco Silva, parte de la familia, y uno de los hermanos de la quinta generación, quien durante un viaje por el sur de Francia se dio cuenta del potencial que tenían los hoteles boutique temáticos. Además de descubrir el valor que allá le daban a las construcciones patrimoniales, a las que, en vez de destruirlas, las remodelaban para transformarlas en hospedajes.

Lo que hizo entonces, fue “remodelar la casa en donde habían vivido sus bisabuelos, la que estratégicamente estaba a un lado de la bodega de la viña Casa Silva. Es así como se propuso transformarla, manteniendo el espíritu y la esencia de lo que era, pero imprimiéndole un aire de frescura e introduciéndole tecnología y comodidad. Estructuralmente se transformó lo menos posible, y se rescataron pisos, cielos, se reconstruyeron baños y a cada pieza se le dio un sello distintivo a través del color predominante en la decoración”, comenta la encargada del lugar.

La mayoría de los muebles se consiguieron en anticuarios y remates, sumando algunas piezas de la familia que se restauraron. Lo que se sumó a tapices alegres en colores llamativos como el amarillo, el rojo, el verde, con lo que se logró formar un ambiente típico de casa de campo antiguo, pero suelto, alegre y acogedor.

 

“La decoración de todo el lugar estuvo a cargo del reconocido decorador Francisco Silva, parte de la familia, y uno de los hermanos de la quinta generación, quien durante un viaje por el sur de Francia se dio cuenta del potencial que tenían los hoteles boutique temáticos”.

 

“Las siete habitaciones se dividen en cuatro con dos camas; dos con cama matrimonial y una single, todas en suite. Se distinguen por tener mobiliario de tipo francés, provenzal. Con paredes con marquetería blanca y todas con papeles murales en distintos tonos”.

Otros ESPACIO INMOBILIARIO

» Ver todas los espacio Inmobiliario


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación9+1+7   =