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EDICIÓN | Junio 2017

SUEÑOS DE ALTO RENDIMIENTO

Camila Castillo, tenismesista
SUEÑOS DE ALTO RENDIMIENTO

Lo que partió como una casualidad jugando pimpón en el recreo del colegio, se transformó en la pasión y motor de Camila Castillo, tenismesista talquina que lo ha dado todo por el deporte. Su espíritu luchador, fuerte y determinado la ha llevado a sobreponerse en momentos difíciles, pero sobre todo a seguir luchando por su sueño: lograr estar dentro de las cuatro mejores de Chile para clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.  

Por Fernanda Schorr. Fotografías: Francisco Cárcamo P.

Camila Castillo (29) comenzó a jugar tenis de mesa hace dieciocho años y nunca más paró. Lo descubrió cuando tenía diez: un día mientras jugaba pimpón en el recreo, su profesor —quien luego sería su formador, Gustavo Gómez— la vio y la invitó a que fuera un día al recinto donde entrenaba la selección. A los tres meses, Camila se convirtió en tercera de Chile en la categoría peneca, y desde ahí comenzó una prometedora carrera que ha estado llena de logros, pero también de sacrificios.

En un principio, la talquina tuvo que dejar varias cosas de lado para poder dedicarse de lleno al tenis de mesa. Eso significaba, por ejemplo, ocupar sus horas de almuerzo en el colegio para entrenar: “Si me quedaban dos horas disponibles después de la jornada de la mañana, esas dos horas contrataba un preparador físico, y hacía preparación física en el colegio”. No faltaba a clases, casi nunca almorzaba, y llegaba tarde a su casa; sin embargo, Camila era feliz jugando, “lo pasaba bien. El colegio siempre fue muy estructurado, así que cuando entrenaba era mi momento más feliz”, recuerda.

Cuando comenzó a viajar con la Federación Chilena de Tenis de Mesa (Fechiteme), la deportista rápidamente consiguió excelentes resultados en campeonatos nacionales y sudamericanos. En 2000 fue a su primer latinoamericano en Guatemala, donde obtuvo la medalla de oro doble mixta junto a su equipo, medalla de plata doble damas, y quinto lugar individual. Al año siguiente ganó el tercer lugar en un sudamericano en Perú y, en 2003, con sólo trece años, se convirtió en vicecampeona de Chile en un campeonato nacional en Viña del Mar. En los años siguientes participó en circuitos mundiales junto con la selección chilena de tenis de mesa, calificando siempre entre las cuatro o cinco mejores jugadoras del país. Además ha sido premiada dos veces por el Círculo de Periodistas por su trayectoria deportiva -2008 y 2009-. El 2010 fue elegida la mejor jugadora del torneo Copa Nacional Talca y el 2015 salió campeona del Open Nacional.

Hoy, con veintinueve años, su disciplina y carácter competitivo no han cambiado en nada. Camila entrena tres horas diarias en el Estadio Fiscal de Talca para conseguir su mayor objetivo: llegar a estar dentro de las cuatro mejores tenismesistas de Chile, con el fin de poder avanzar en la clasificación a los Juegos Olímpicos Tokio 2020. Actualmente, la jugadora está en el puesto número trece —de treinta y dos— del ranking Todo Competidor Damas, de la Fechiteme.

¿Cuál es la esencia del tenis de mesa?

La NASA lo denominó como el deporte de mayor complejidad a nivel mundial en alto rendimiento, porque se deben tomar decisiones en milésimas de segundo. Además, el tenis de mesa fomenta el uso de los dos hemisferios cerebrales, entonces es maravilloso que los niños chiquititos lo puedan hacer, igual que los adultos mayores y las personas con Parkinson.

¿Por qué decidiste dedicarte a esta disciplina?

Lo hago porque me hace feliz, cuando le pego a la pelota es increíble; de verdad, me siento la mujer más feliz del mundo, me llena el alma. Y me gusta sentir que siempre puedo ser mejor que antes, me llena de valores como la solidaridad, el respeto a los amigos, el ser fiel. Todo eso se puede encontrar en el tenis de mesa y en todos los deportes.

¿Y lo más desafiante?

Hay que tener mucho estado físico. Yo juego con una goma —sólo un lado de la paleta— y soy lapicera. Como tomo así la paleta tengo que moverme mucho. Vivir en Talca también dificulta un poco las cosas, porque acá no hay muchas mujeres para entrenar, que sería lo ideal. 

¿Cómo te enfrentas a tus oponentes en la mesa?

Tengo un estilo más de ataque, tomo la iniciativa y me muevo mucho en la mesa. Antes de jugar estudio a mi oponente, veo videos de cómo está jugando, cómo se mueve. Creo que esa es la base del entrenamiento, porque tu mente te permite estar en ese momento.

UN SALTO AL VACÍO

El año 2004 se realizó un campeonato sudamericano de tenis de mesa en Chile y Camila, junto a la hija de su exentrenador, se convirtieron en campeonas sudamericanas en dobles, además de obtener el tercer lugar en categoría individual. “Con esos resultados fui a hablar con el director regional del IND, porque quería conseguir una beca para poder entrar en el Centro de Alto Rendimiento de Santiago, (CAR)”, cuenta.

Con catorce años, obstinada y decidida, la deportista consiguió una beca en el CAR y se trasladó a vivir tres años sola en Santiago, entrenando a tiempo completo y aventurándose, por primera vez, en las categorías adultas. Fue una época que ella recuerda como un gran salto al vacío: “Estaba sola, con puros deportistas de alto rendimiento mucho más grandes que yo. El tema de irme a vivir sola fue un salto grande, aparte de que en esa época mi mamá se fue a Santiago a tratar un cáncer, entonces todo se confabuló para que estuviéramos juntas”.

¿Cómo fue para ti vivir sola a los catorce años?

 

Significó aprender hartas cosas sola, en todo sentido, y sentir muchas veces la falta que me hacía mi familia. Mi mamá estaba con cáncer terminal y yo estuve harto tiempo en la clínica acompañándola. Eso fue muy fuerte.

¿De dónde sacabas la fuerza para seguir entrenando en ese momento?

 

Lo hacía porque siempre pensé que lo podía lograr. Siempre me dio fuerza el tema de que mi mamá luchara por tener vida, y yo que lo tenía todo, también quería luchar por ser alguien. Ella me apoyaba mucho, siempre me decía que siguiera mi estrella. Salí fortalecida en todo sentido y hoy veo esa fuerza a través de mi mamá. Siempre cuando pienso en ella siento que me está apoyando en cualquier sueño que quiera hacer realidad.

¿Quién es tu principal apoyo hoy?

Mi papá, yo creo que él es el pedestal fuerte. Me llevo súper bien con él, es muy buena persona. Mi papá es como mi mejor amigo, le cuento todo, cuando tengo pena él está siempre ahí.

LUCHAR POR UN SUEÑO

Después de tres años en el CAR, y pensando que su mamá se iba a recuperar, en 2006 Camila decidió irse a Suecia a probar suerte. "Conseguí un alojamiento con un exiliado político que vivía allá y que nunca había visto. Me lancé sin saber a dónde iba, me fui no más". Sin embargo, luego de tres meses allá y tras salir tercera en un campeonato nacional en ese país, Camila volvió a vivir a Talca, ya que la salud de su mamá había empeorado, hasta que falleció a fines de 2006.

Al año siguiente —con diecisiete—, la deportista volvió a dejar el país, para irse a vivir a China. Allí se matriculó en la academia de un entrenador chino que había conocido cuando chica, sin embargo eso tampoco duró demasiado, porque ella aún estaba viviendo un duelo tras la pérdida de su madre. “Creo que fue la peor experiencia de mi vida, lloraba todos los días. Al mes volví a Chile, pero fue todo un cuestionamiento porque me sentía mal por no haber aguantado mucho tiempo allá, era súper testaruda”. A pesar de eso no se dio por vencida, y de vuelta en Talca siguió viajando constantemente a Santiago para seguir compitiendo y participando en procesos panamericanos. 

En 2014, la tenismesista entró a estudiar Periodismo y luego se cambió a Educación Física, pero se retiró de la universidad al darse cuenta de que lo suyo estaba claro: “Yo dije no, quiero seguir jugando tenis de mesa, quiero seguir cumpliendo mi sueño. Y en eso estoy”. Hoy Camila se dedica al deporte a tiempo completo y de diferentes formas: además de entrenar a diario, hace clases a la selección varones de tenis de mesa de la Universidad Católica del Maule, y es profesora de tenis en la Academia Lissy Tenis, donde trabaja junto a la tenista talquina Elizabeth Miño.

¿Cuál es tu proyección para este año?

Mi meta este año es prepararme para estar dentro de las cuatro mejores de Chile, y así poder avanzar en las clasificatorias para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Es muy posible que viaje a China un tiempo, ya que ahí está lo mejor del tenis de mesa mundial, y es lo mejor para entrenar en alto rendimiento.

¿Qué debe tener un buen jugador de tenis de mesa para lograr sus objetivos?

Actitud, nada más. Querer, ser testarudo.

¿Qué has aprendido del tenis de mesa?

Perseverancia, y esa perseverancia ha hecho que se abran muchos nichos de trabajo, porque al tener una actitud tan positiva la gente siente esa energía.

¿Tienes alguna cábala antes de jugar los partidos?

Le pido a Dios que me de la energía necesaria para ser feliz en ese momento.

 

“Lo hago porque me hace feliz, cuando le pego a la pelota es increíble; de verdad me siento la mujer más feliz del mundo, me llena el alma”.

“Yo tengo un estilo más de ataque, tomo la iniciativa y me muevo mucho en la mesa. Antes de jugar tengo una táctica, estudio a mi oponente, veo videos de cómo está jugando, cómo se mueve”

“Siempre me dio fuerza el tema de que mi mamá luchara por tener vida, y yo que lo tenía todo, también quería luchar por ser alguien. Ella me apoyaba mucho, siempre me decía que siguiera mi estrella”.

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