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EDICIÓN | Junio 2017

UN AÑO DULCE… Y SANADOR

Constanza Achurra, cocinera y conductora de TV
UN AÑO DULCE… Y SANADOR

El año pasado fue uno de los mejores en su vida. Varios de sus proyectos se hicieron realidad y logró posicionarse como experta en comida sana. Ya aseguró la tercera temporada de su programa Mi lado dulce y saludable, está a punto de lanzar su libro y, lo más importante, está feliz con la mujer que hoy reconoce frente al espejo y frente a su propia vida. Esta es la Connie: sencilla, simpática, honesta y generosa con sus conocimientos. No por nada, las redes sociales la tienen convertida en una de sus favoritas.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló

Dentro de esta mujer conviven varias mujeres. La Connie mamá, la hija, la hermana. Pero también la músico, la artista, la cocinera y, últimamente, la presentadora de televisión y la escritora. E increíblemente, todas ellas parecen vivir en armonía.

 

Una armonía que, sin duda, requirió trabajo. Pero vamos por parte. La Connie mamá tiene a Julieta y Luciana, la Connie hija es la orgullosa heredera de Patricio Achurra, y la Connie hermana es fan de Macarena, la fotógrafa, Ignacio, el galán de teleseries y Ximena, el conchito. En su faceta profesional, estudió Música, hizo clases en varios colegios y fue jurado de Rojo, Fama contra Fama. Cuando el programa se terminó, comenzó a pintar muebles con decoupage y a venderlos a través de internet. Hace tres años, se separó y necesitó otro ingreso, por lo que comenzó a dictar talleres de comida saludable.

 

Hecha a pulso y fruto de la necesidad de reinventarse. Esa parece ser la mejor manera de definirla.

 

Hoy es su faceta de cocinera la que la moviliza y ocupa gran parte de su tiempo. Hace sólo algunas semanas debió dejar su taller de pintura, y la música la reserva para ciertas ocasiones, más que nada por placer. ¿Pero cómo cambió su vida de forma tan violenta en sólo unos meses?

 

“Lo primero es que la comida saludable se puso de moda y eso fue fundamental. Esa moda significó que alguien decidiera hacer un programa y que yo llegara a un casting. Así de azaroso… ellos querían hacer un programa de comida saludable y yo aparecí con mi cocina. Junto armamos Mi lado dulce (que se transmite los domingos a la una de la tarde en Canal 13 cable) y funcionó. Desde ese momento, todo empezó a pasar de manera mágica, porque, además, las marcas se dieron cuenta de que el tema era interesante”, explica.

 

A tu programa le ha ido bien en la audiencia, pero también comercialmente. ¿Cuánto te has involucrado para que así sea?

Las productoras chicas son un poco como el circo chamorro… todos barremos, pintamos, cocinamos y comemos. Yo trabajo con una productora, dos periodistas, dos cámaras y un asistente. Es harta pega, pero me permite definir a mí hartas cosas que tienen que ver con la estética, con el contenido… esto es como la cocina que yo hago y el estudio se parece a la cocina de mi casa y eso es una suerte. Tuvimos una primera temporada súper exitosa, estamos pensando en alargar la cantidad de capítulos de la actual y ya aseguramos una tercera.

 

Y ahora estás a punto de lanzar tu libro…

Sí, esa es una idea a la que vengo dándole vueltas hace mucho tiempo; lo había dejado un poquito en stand by por el programa. Pero decidí reactivarla y, patudamente, le mandé un mail a un gallo de Random House, presentándome y contándole que tenía ganas de hacer un libro. Pensé que jamás me iban a responder, pero me contestaron altiro que estaban interesados.

 

Las fotos están a cargo de su hermana y juntas han disfrutado todo el proceso, han armado las escenografías y han decidido cada uno de los pasos. El libro tendrá ciento diez recetas, dulces y saladas, setenta son una selección de las que ha hecho en el programa, en los talleres y ha compartido en la redes sociales, y treinta son nuevas: “es parecido a mí, a como yo soy y cocino, en pizcas y cucharaditas, no en gramos ni milímetros. Va a ser un libro de cocina cotidiana y cercana, no va a ser caro, pero sí muy bonito, cada receta con su foto… quiero que esté bien chorreado y rayado, que no sea un adorno, sino que una verdadera guía”.

 

MI HISTORIA, MI COCINA

 

La llegada de Connie al mundo de la cocina no fue fácil. Y el hecho de que haya llegado a meterse de lleno al mundo de la comida saludable tiene su origen en su propia historia. Más bien, en sus propios dolores.

 

“Yo sufrí de trastornos alimenticios durante mucho tiempo. Fui bulímica y siempre tuve una relación muy tóxica con la comida, un amor y odio constante y muy demandante, que me dejaba casi sin energía y medio depre. Cuando nacieron mis hijas, hace nueve y ocho años, sentí que era el momento de hacer un cambio profundo. Eran dos mujeres y este es un tema muy fácil de transmitir, así que decidí que yo no iba a heredarles algo así y que para que eso no pasara, tenía que cortar de raíz. Ese fue el momento en que cambié mi paradigma: dejé de contar calorías y empecé a contar nutrientes, dejé la comida procesada y empecé a comer comida de verdad”.

 

Pero cuando empezaste no era tan fácil encontrar alimentos saludables…

Empecé de manera muy autodidacta y cuando no había nada. Porque hoy día encuentras aceite de coco en el supermercado… pero esto había nacido de mí, de mis propias ganas de cambiar las cosas. El tema es que yo sabía que igual me iban a dar ganas de comerme un pastel, así que había que encontrar la forma de hacer comida rica. Y empecé a meterme, a googlear, a seguir a blogueras españolas, mexicanas y argentinas, que iban varios pasos más adelante. Obvio que al principio fue mucho ensayo y error, mil veces hice cosas que quedaron incomibles, pero de a poco comencé a entender la lógica de cocinar con otros ingredientes. Las cosas me empezaron a resultar y las quise compartir, no en el afán de hacer un negocio con eso, sino porque estaba feliz de que me resultaran… era como: chiquillas, hagan pan. Es mucho más fácil de lo que todas pensábamos’.

 

¿Antes de esto cocinabas?

No, mis rollos con la comida eran tan grandes, que trataba de mantenerme lo más alejada posible. Mejor no cocinar, esa era mi lógica. Por eso, cuando descubrí esta forma de hacerlo, tuve la necesidad de compartirlo.

 

¿Cuándo decidiste que esto podía ser una forma de vida?

Yo me separé hace casi tres años y hasta entonces andaba bien con mi taller de muebles. Pero después me di cuenta de que iba a tener que pagar el arriendo sola y que, simplemente, no alcanzaba. Y ahí se me ocurrió hacer clases de cocina. Publiqué el primer taller en redes sociales y se llenó altiro… ahí me di cuenta de que había una inmensa necesidad por aprender este tipo de cosas. Hoy sigo haciéndolos, pero no mucho. Hago hartos talleres con marcas, pero siempre me reservo espacio para algunos en mi casa, porque me fascinan.

 

Pero no sólo haces talleres de dulces, también de picoteo, de comida sin gluten e incluso un taller detox

La verdad es que el detox fue el primero. Desde el principio he trabajado con mi cuñada, Alejandra Mateluna. Ella estudió medicina en la Chile y se fue a hacer la especialidad a Barcelona. Allá colapsó un poco, empezó a cuestionarse todo y se fue a la India a estudiar para armarse un camino propio. Cuando volvió decidimos que teníamos que hacer algo juntas, pensamos en un taller de cocina y lo definimos en un minuto. Para mí estar con ella es heavy, porque es un respaldo y le da mucho peso a lo que hacemos. La Ale es seca, me ayuda mucho… le pregunto siete cosas al día… yo creo que me odia un poco…

 

¿Y qué has ido aprendiendo tú misma en esos talleres?

Nuestro taller tiene mucho que ver con derribar mitos. Como se puso de moda comer sano, unos te dicen que tomes puro jugo, otros que no comas gluten… y al final uno no sabe qué hace bien. Lo que nosotros decimos es que comer sano tiene que ver con comida de verdad y que puede ser que las legumbres sean bacanes, pero quizás a tu sistema digestivo le caigan pésimo y, por lo tanto, no son para ti. Lo importante es lo que a cada uno le hace bien.

 

CAMBIO INFORMADO

 

“El primer paso para lograr un cambio es limpiar la despensa, botar todos los productos procesados, la comida elaborada que viene llena de sodio, de azúcar y de químicos que no alimentan, y volver a llenarla de cereales integrales, de granos, de frutas y de legumbres, que es la forma en que comían nuestros papás. No se trata de nada sofisticado ni de comprar cosas carísimas… basta con ir a la feria”, explica.

 

El mito de que comer saludable es caro.

Es que no tienes que comprar cosas caras, importadas. No se trata de comer cosas raras. En Chile hay buena miel, comamos miel. Comamos las materias primas que nosotros mismos producimos. No se trata de hacerse veganos, sino que de comer equilibradamente. Yo conozco vegetarianos que se alimentan de puro pan con queso o que son secos para las frituras. Y eso no es comer bien.

 

Pero no es tan simple, por ejemplo, sacar el azúcar de la dieta, porque hay azúcar hasta en la salsa de tomate…

Para eso hay que aprender a leer las etiquetas y hacer el cambio de switch de calidad versus cantidad. Yo compro una salsa de tomates en el supermercado que atrás dice ‘99.5% de tomate y 0,05% de sodio’… pero claro, vale mil setecientos pesos una botella de litro, lo mismo que te pueden costar ocho salsas con quinientos ingredientes. Lo que yo hago es comprar dos botellas y no echarle salsa a todo. Y lo mismo hago con los yogures y con el pan. Mi dieta es sobre la base de frutas, frutos secos, legumbres y cereales integrales y eso le voy agregando proteínas y lácteos de la mejor calidad que encuentre. Pero también hay otras decisiones que tomar, porque si mi única opción es comerme un completo en la bomba de bencina, prefiero comerme un plátano y llegar más tarde a almorzar a mi casa. Al final se trata de tomar conciencia de lo que uno se mete a la boca. Y una vez que uno se hace consciente de eso, te empiezan a hacer ruido otras cosas: de dónde viene tu comida, adónde va tu basura. Hay una expansión de la conciencia y al final terminas reciclando, teniendo tu propio huerto o comiendo alimentos orgánicos.

 

Hoy tenemos altos índices de obesidad, pero también mucha gente que se autodiagnostica intolerante a la lactosa o que decide no comer gluten… ¿cómo se combate eso?

Con información. Y en ese sentido, creo que lo que estamos haciendo en el programa es un aporte, porque en el fondo te invita a comer sano con las cosas que están en tu despensa o que puedes encontrar en la feria. El mercado de lo saludable también se transformó en un negocio y la clave está en entender que ningún extremo es bueno, que pagar cuatro lucas por un choclo orgánico que viene de Tombuctú es absurdo y es mucho mejor uno que cosechan en Pomaire.

 

¿Cuáles son los cambios de la Connie de hoy versus la de hace cinco años?

Creo que soy otra persona, absolutamente. De partida, tuve una bulimia severa Desde que eliminé el azúcar y los refinados de mi vida nunca más tuve un atracón. Ese círculo adictivo de comer azúcar, liberar dopaminas, caer en un estado como de excitación y después caerte al hoyo de nuevo, lo corté de manera rotunda cuando dejé de comer refinados. De un día para otro.

 

¿Eso sólo tiene que ver con los refinados? ¿No con el azúcar natural de las cosas?

Los refinados son los que te producen esa sensación de ser insaciable. Si te das un atracón de miel, a la tercera cucharada quieres vomitar. En cambio, si son galletas puedes comerte el paquete completo, porque los refinados no tienen fibra y, por lo mismo, no sacian. Puedes comer, comer y seguir comiendo.

 

Lo que más llama la atención es la naturalidad con la que hablas de tu propio trastorno alimenticio…

Eso es parte de haberme sanado. Ahora miro esos episodios de lejos y los encuentro brutales… yo escondía comida entremedio de la cama, vomitaba en bolsas en el closet… hasta tuve que congelar la universidad. Me traté con todos los especialistas posibles, mis papás quedaron arruinados y nada servía. Era un círculo gigantesco, entonces haber salido de ahí y poder mirarlo con distancia es muy positivo… ahora ni siquiera me siento como una bulímica rehabilitada, sino que simplemente no me interesa comer más de lo que como.

 

O sea, tu proceso no sólo pasó por “mejorarte” psicológicamente, sino por encontrar alimentos que no te hacían mal…

Exacto. Y también pasó por amigarme con la comida. Durante años me alimente de bebidas light, jugos sin azúcar, barritas de cereal sin calorías y galletas de soda… puras tonteras que no aportaban ningún nutriente. Entonces estaba reventada, muerta de hambre, con un genio espantoso y súper mal alimentada. Y con una relación enferma con la comida… Hoy tengo barras de cacao en mi cocina, trabajo en una productora gastronómica que está llena de comida y soy súper capaz de decir ‘no quiero’. Yo, que durante años dejé de ir a celebraciones familiares porque sentía que no iba a ser capaz de enfrentarme a una mesa llena sin transformarme en un monstruo. Imagínate que dejé de ir a los cumpleaños, no iba a almorzar los domingos donde mi abuelita… y hoy cambié eso por un estado de paz absoluto.

 

“La comida saludable se puso de moda y eso fue fundamental. Esa moda significó que alguien decidiera hacer un programa y que yo llegara a un casting. Así de azaroso… ellos querían hacer un programa de comida saludable y yo aparecí con mi cocina”.

 

“Yo sufrí de trastornos alimenticios durante mucho tiempo. Fui bulímica y siempre tuve una relación muy tóxica con la comida, un amor y odio constante y muy demandante, que me dejaba casi sin energía y media depre. Cuando nacieron mis hijas, hace nueve y ocho años, sentí que era el momento de hacer un cambio profundo, de cortar de raíz”.

 

“Al principio fue mucho ensayo y error, mil veces hice cosas que quedaron incomibles, pero de a poco comencé a entender la lógica de cocinar con otros ingredientes. Las cosas me empezaron a resultar y las quise compartir, no en el afán de hacer un negocio con eso, sino porque estaba feliz de que me resultaran… era como: “chiquillas, hagan pan. Es mucho más fácil de lo que todas pensábamos”.

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