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EDICIÓN | Junio 2017

Momentos para evaluar la vida

Por Pilar Sordo
Momentos para evaluar la vida

Cuando uno mira ese título, suena como absurdo porque tendría que evaluar la vida en cada acto, cosa que lamentablemente no hacemos porque nunca estamos conectados con el presente. 

En la locura y rapidez con la que vivimos, nuestra cabeza está varias "cuadras" más delante de aquella que estamos pisando. Pero vamos a hacer el ejercicio de encontrar momentos en la vida en lo que todo se da para realizar dicha evaluación. La primera que quiero mencionar es la de los cumpleaños.

Los aniversarios y los cumpleaños son momentos ideales para detenerse y disponer en la balanza lo logrado y lo que está por lograr. Es ideal para agradecer lo regalado y lo conseguido y tal vez para conectarse con lo espiritual que todos llevamos dentro. El Año Nuevo es otra fecha de iniciación y evaluación de un ciclo, pues es casi mágico sentir que se renueva algo dentro de nosotros en esa fecha y cómo nuestros mejores deseos aparecen con las mayores ilusiones .

Creo que es muy importante evaluar; lo más simple y lo más efectivo sería hacerlo todas las noches, para agradecer y fijar metas para el día siguiente y para entender que la voluntad es lo único que nos llevará al logro. En realidad, un sueño más voluntad es lo único que se transforma en meta cumplida. Si todos entendiéramos esto conseguiríamos lo que nos proponemos pero, generalmente, nos falta uno de esos dos ingredientes.

Así, tenemos varias ocasiones que se prestan para evaluar nuestras vidas, y el año pasado les decía, sobre esta misma temática, que debiéramos celebrar los cumpleaños como festejamos los aniversarios. Siempre me ha llamado la atención la tremenda diferencia que hay entre estas dos celebraciones. Hoy los cumpleaños son casi una tragedia y los aniversarios están llenos de alegría y emoción. Qué injustos somos con nuestros años y con la capacidad con la que debiéramos agradecer cada cosa vivida y cada cosa aprendida, donde siempre se nos mostrará lo que nos queda por desafiar en nuestra misteriosa existencia.

El acto de celebrar tiene que ser manifiesto siempre. Yo aprendí, por ejemplo, de unos mayas que antes de bajar de la cama, todos los días, tengo que mencionar la palabra “gracias” y recién ahí comenzar y al final del día volver a agradecer antes de dormir. Además, aprendí a no pedir, a entender que las cosas son lo que son por más dolorosas que se nos presenten, por lo que solo requerimos sabiduría para enfrentarlas.

Las celebraciones son un maravilloso momento para conectarse con el aquí y el ahora, para valorar lo caminado y ver si hemos marchado por la senda de ser mejores personas. Son un momento para detenerse y dejar de correr, quizás para averiguar también si estamos corriendo hacia donde soñamos o queremos o hacia donde alguna vez planificamos caminar. Aquí adquiere mucha importancia estar con quienes queremos estar y con quienes han sido parte del camino, porque, sin duda, no podríamos festejar sin el apoyo de muchos que nos han contenido y apoyado en los momentos difíciles de esas caminatas. Los invito a evaluar, a agradecer, a sumarle voluntad a los sueños y a celebrar el camino recorrido.

 

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