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EDICIÓN | Junio 2017

Estamos todos bien, en Vietnam

por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
Estamos todos bien, en Vietnam

Mixtura de república socialista parlamentaria, con economía liberal abierta a la inversión; gran fomento al emprendimiento, si bien todo bajo severa conducción central y planificación a largo plazo ¡eso es Vietnam!, nación que hasta hace poco tenía una existencia paupérrima y hoy es un exitoso país con promedio de crecimiento de 7%.

Cộng hòa Xã hội chủ nghĩa Việt (el país de los Viet-Cong), reúne a casi cien millones de fraternos y pujantes vietnamitas. Cuando en 1976 cesó la lucha entre el Sur pro-Occidente y el Norte comunista, vino la unificación en torno a Hanói, y el compromiso general de búsqueda de la paz y la armonía social. El Norte siempre tuvo conexión con China, y cómo no, si por un milenio fue una provincia del imperio chino. Pero, el año 939, tras la batalla de Bạch Đằng, se declaró independiente. El victorioso nuevo Estado atrajo a otros principados del Sudeste de Asia, y creció hasta conformar un poderoso reino. Aunque con el tiempo decayó y, en el siglo XIX, Vietnam quedó bajo influencia francesa. En 1940 fue invadido por tropas japonesas; entonces, franceses y vietnamitas lucharon codo a codo hasta que, en 1945, Japón se retiró de todos los frentes. Libres al fin, vino el momento de constituir algo nuevo. Pues, así como sucedió en otras partes de Asia, el tiempo colonial significó la formación de una clase media educada y de esa salieron intelectuales que quisieron modernizar los viejos reinos.  Anhelaban libertades, admiraban las democracias occidentales o las alternativas. En China, en Corea, en Vietnam, se buscaron caminos que, a primera mirada, se parecen, mas, cada uno fue muy singular. Los parecidos pueden estar en la disciplina, el afecto por el orden, el respeto a la jerarquía, al mando, la casi divinización del sentido de autoridad e institucionalidad. Todo eso viene de la vieja y potente tradición confuciana. Por eso, todas las nuevas ideas sólo fueron nuevos ropajes sobre la robusta superestructura filosófico-política originada en China y expandida a las zonas vecinas, donde por cierto estuvo siempre incluido Vietnam.

Hacia 1950, Vietnam buscaba su destino, pero Occidente no estaba dispuesto a entregar tan estratégico enclave, e influyó en la naciente rivalidad interna. Fue de ese modo cómo los roces se agravaron al resonar con el enfrentamiento Oriente-Occidente, el que tuvo a la región como nuevo escenario bélico. Corea fue la primera guerra caliente, Vietnam fue la segunda; las dos en el contexto de la Guerra Fría. La diferencia de ambas radicó en el resultado: en Vietnam la victoria comunista traería por consecuencia la exitosa unificación y, a la larga, la ansiada prosperidad. No obstante, el comienzo fue un completo desastre. Se persiguió y castigó a los derrotados, pero nunca hubo ejecuciones masivas, como se ha dicho. Por lo mismo, y a causa de la propaganda calumniosa y la distorsión de los hechos que se hizo en Occidente, es que Vietnam se aisló y se alejó del resto del mundo. Compungidos, recogidos en sus propias penas, los vietnamitas se concentraron en aplicar añejas recetas que ya no resultaban en ninguna parte: la extrema colectivización en granjas y fábricas. Para colmo, se involucraron en la guerra civil de Cambodia, lo que agrió la relación con China, y llevó a Vietnam a acercarse a la URSS. Entre tanto, vinieron fuertes cambios en China, que por cierto tendrían su repercusión en Vietnam. En 1986 se da inicio a las reformas Doi Moi ó Đổi Đổi (equivalente a lo que hacía Deng Xiaoping en China), que integró a Vietnam a la economía mundial. Es cuando brilla el líder Nguyễn Văn Linh, que condujo a Vietnam desde una economía centralmente planificada a una "economía socialista orientada al mercado".

El gobierno fomentó la propiedad privada a todo nivel, buscó la desregulación económica, tratando de atraer inversión extranjera, aunque mantuvo el control sobre sectores estratégicos. Pronto empezaron a llegar a Vietnam las grandes empresas que, en dos décadas, han creado un vertiginoso desarrollo industrial, un creciente mercado laboral, e inyectaron máximo dinamismo a la economía. Cabe mencionar que según la Constitución de 2013, el eje central es el partido comunista, que con su Secretario General a la cabeza controlan el Estado. Pero, como escribió The Economist: "Toda la cúpula vietnamita son comunistas ardientemente capitalistas".

Quiero dedicar esta apretada síntesis a comunistas criollos, a esas comadres y compadres tan ardorosamente antimodelo, anticapitalistas; a los proguerrilla y tolerantes con el terrorismo local. En Vietnam los harían leer a Confucio, más que a Marx, Gramsci o Foucault. Los harían caminar por viejos caminos, para que descubran lo nuevo que hay en las mismas cosas. Lo dijo Confucio: el arte de gobernar es enderezar, poner derecho. ¿Para qué esforzarse en retorcer y caminar chueco?

 

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