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EDICIÓN | Mayo 2017

Preparando campeones

Eduardo Muñoz, escalador
Preparando campeones

La escalada ––un deporte que cada vez suma más adeptos en Chile y que se recomienda especialmente para fortalecer la concentración–– se convirtió en una obsesión para este ingeniero en administración turística. Tanto es así, que hace tres años, junto a dos socios, se aventuró en el desafío de crear un gimnasio de escalada en La Serena. Hoy cuenta con cerca de setenta alumnos, la mayoría son niños y dos de ellos, campeones nacionales.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U.

Este ferviente deportista pasó por todas las disciplinas que pudo conocer durante su infancia y juventud, incluso quiso dejar el colegio para dedicarse al tenis, pero diversas razones lo llevaron por otro camino. Llegó desde Chuquicamata a La Serena cuando tenía nueve años y al terminar su enseñanza media, emigró a la Región de Valparaíso. Eduardo Muñoz, más conocido como “Walo”, cursaba el tercer año de universidad cuando sus primos lo invitaron a conocer la rama de escalada que impartía la Universidad Católica de Valparaíso; afirma que lo encontró interesante, pero que este deporte no logró convencerlo del todo.

 

Tiempo después, una nueva invitación cambiaría por completo su idea de la escalada. “Con mis primos fuimos a una zona que se conoce como el techo de Playa Ancha; tiene una formación muy especial porque aquí escalas como una araña, sosteniendo tu cuerpo solo por unas manillas ancladas en el techo ¡Esto fue lo que me gustó!, me compré zapatillas de escalada y nunca más paré”, recuerda “Walo”.

 

¿Con qué frecuencia lo practicabas?

Por lo menos cuatro veces a la semana. Viajaba a Las Chilcas y estaba todo el día escalando las rocas. También iba al Cajón del Maipo y a la zona costera de Coquimbo, desde Totoralillo hasta la salida norte de La Serena. Aquí existen varios sitios de escalada de la modalidad Bulder, que consiste en escalar estructuras de cinco metros de altura como máximo, donde no se ocupan cuerdas ni arnés. La idea no es escalar alto, sino ejecutar pocos movimientos por sitios difíciles en cuanto a agarre e inclinación de la pared.

 

¿La exigencia física fue lo que te cautivó?

Me puse obsesivo porque este deporte cumplía con todos los requisitos que yo quería. La sensación de escalar y de estar en movimiento es lo mejor. Es un deporte de mucho fracaso, pero también muy estratégico. Aprendes a manejar la concentración, la frustración y las expectativas. En términos físicos, fortalece la fuerza de manos, dedos y de la zona abdominal. Cuando escalas, lo esencial es pensar en el aquí y el ahora, en la fortaleza y en llevar una buena respiración.

 

 

 

 

DESAFÍO PERSONAL

 

Trabajó un tiempo en SERNATUR de Santiago, pero optó por dejar la agitada vida capitalina y regresó a La Serena, a mediados del 2013. Tenía claro que quería ser independiente y con su amigo de infancia, Juan Felipe Flores, decidieron instalar un gimnasio de escalada. Tras la salida de su amigo del proyecto, Eduardo incorporó como socios a su primo Marcelo Díaz y a su amigo de la universidad, Antoine Joo.

 

“En enero del 2014 abrimos el gimnasio de escalada Boulder Side, un espacio abierto a todo público y que tenía como principal objetivo reunir escaladores para competencias nacionales e internacionales. Con el tiempo se inscribieron mucho niños y decidimos reformular nuestra oferta”.

 

¿Y así te conviertes en instructor?

¡Sí! Comencé a hacer clases y a programar horarios con diferentes instructores. Hoy tenemos entre cincuenta y cinco y setenta alumnos mensuales. Los más interesados son los niños. Ahora, lo ideal para iniciar este deporte es desde los tres años, pero nosotros recibimos chicos desde los siete, ya que la infraestructura de nuestro gimnasio no es apta para niños más pequeños.  

 

¿Qué se requiere para acondicionar un gimnasio de escalada?

Mucha plata porque es más caro de lo que se piensa. Los muros están hechos de una estructura de fierro y la madera es terciada. Pero más allá de esto, lo costoso son sus componentes, es decir, las presas de escalada y las colchonetas. Tenemos nueve muros que si los ponemos en línea son veintiún metros de escalada a lo ancho y de alto son de cuatro metros con ochenta centímetros.

 

Aquí no usan arnés ni cuerdas

En el Bulder se utilizan solo colchonetas. En el caso de los niños menores de diez años solo pueden subir hasta los tres metros. La altura máxima solo se ocupa en las competencias.

 

¿Cuál es el perfil del niño que practica escalada?

Histriónico, hiperactivo, dinámico. Es un niño que necesita botar energía y que no requiere de mucha estructura, porque no es un deporte colectivo y el nivel de exigencia es muy personal. En el caso de los chicos que tienen dificultades con la concentración, este ejercicio les hace muy bien. Hicimos unos talleres con alumnos con capacidades diferentes y nos asesoramos con una terapeuta ocupacional. A través de unos papers nos enteramos que la escalada estaba dentro de los tres deportes más indicados y beneficiosos para tratar el déficit atencional.

 

¿Qué debe aprender un niño sobre la escalada?

Lo primero es enseñarles las técnicas básicas de seguridad, luego realizamos clases personalizadas porque depende de las capacidades de cada persona. Pese a que trabajamos en grupo y con un máximo de nueve personas, nos enfocamos en qué hace cada uno. Los entrenamientos son diferentes porque, además, hay niños a quienes les gusta competir y a otros no. En general, los ejercicios son para ganar más fuerza, tonificar los músculos, fortalecer los dedos y manos, realizamos elongaciones y pruebas de resistencia. Conversamos sobre cómo enfrentar una competencia, cuál es la dieta alimenticia que llevan, etc.

 

La fuerza de manos es fundamental

Las tablas multipresas son precisamente para trabajar la fuerza de manos y dedos y otra es la tabla Campus donde el objetivo es subirlas sin utilizar las piernas y así se fortalecen muchísimo los dedos y las manos.

 

A NIVEL DE COMPETENCIA

 

Facilitar la escalada y enseñar las técnicas de este deporte se convirtió en el mayor desafío de Eduardo. Los gimnasios de escalada buscan que este deporte sea mucho más accesible y evitan los riesgos en un noventa y nueve por ciento. Cualquier persona puede hacer escalada deportiva porque no hay impacto de caída. No existen mayores restricciones y es absolutamente inclusivo”.

 

Muy distinto a practicarlo en rocas y en contacto con la naturaleza

¡Por supuesto! Yo empecé practicando con equipos de seguridad y cuerdas. No tenía a nadie que me enseñara, en cambio hoy, un niño de siete años puede ir a un gimnasio y puede hacer lo mismo que yo aprendí a los veintiún años, pero con una persona calificada.

 

¿Cuál es el principal error que puede derivar en un accidente?

Ser autodidacta en la escalada es muy complejo. No puedes confiar que lo harás bien  porque viste un video en YouTube o una película. Lo mejor es aprender con alguien que sabe y practicar por un buen tiempo. Escalar sin compañía también es complicado, porque te puede ocurrir algún accidente. Aventurarse o extremarse demasiado tampoco es bueno, lo importante es ser objetivo y conocer tus propias capacidades. La persona debe entender que esto es un proceso…

 

¿En tu caso, has sufrido accidentes importantes?

¡Sí! escalando en Coihaique me caí desde nueve metros. Esto ocurrió porque, precisamente, fui muy poco objetivo con mis propias capacidades. En ese momento estaba practicando la escalada tradicional y la llevé muy al límite por la dificultad y por los sistemas de protección que no eran compatibles. Me quebré tres costillas, me luxe el fémur y la muñeca y tuve múltiples hematomas, pero la verdad es que no fue tan grave para haber caído de esa altura.

 

¿Una experiencia que te marcó?

Tomé conciencia de lo que había pasado y escribí sobre esto. Lo publiqué para que las personas no cometieran el mismo error. Sentí un aprecio por la vida… ¡gigante!

 

¿Y cuál es tu relación con la competencia?

Siempre me ha gustado competir, pero no he tenido resultados destacados. Pese a esto ha sido una excelente experiencia, porque ahora estoy muy metido en ese mundo organizando competencias para mis alumnos. Fue un paso importante para lo que estoy viviendo hoy.

 

¿Te ha ido bien preparando alumnos?

Hace dos años, cuando Felipe Hernández tenía trece años, lo llevamos a competir a México en el panamericano y quedó en séptimo lugar. Para ser su primera competencia fue un muy buen resultado y hoy, que tiene quince años, es campeón nacional en su categoría. Beatriz Rozas, otra alumna que además es mi ahijada ¡es super power! tiene doce años y ha sido campeona nacional de su categoría en varias ocasiones. Ahora la estamos preparando para los panamericanos, porque para competir debe tener trece años.

 

¿Sientes que este deporte está tomando mayor fuerza en el mundo?

En el 2020, la escalada será por primera vez deporte olímpico en las competencias de Tokio. La Federación Internacional de Escalada Deportiva es muy joven, cumplió recién diez años, pero lo importante es que está generando movimiento.

 

¿Tu balance es positivo, entonces?

Al principio fue muy frustrante, porque la inversión fue mucha y nos hicimos altas expectativas del mercado. Hoy puedo decir que nos ha ido bien y lo que más me gusta es el cariño que los niños me entregan en las clases. Pueden tener buenos o malos resultados, pero agradezco trabajar con ellos, algo que jamás pensé que iba a hacer y pese a que no estudié pedagogía, he aprendido muchísimo de los niños. 

 

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