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EDICIÓN | Mayo 2017
Obsolescencia programada: un problema de la modernidad

Productos desechables se han tomado la tecnología y fuerzan a comprar el último producto cada temporada, lo que se transforma en un verdadero problema para los usuarios.

Piénsenlo. Es una idea brillante para las empresas tecnológicas: hacer productos con fecha de expiración, desechables, que obligan al consumidor a comprar el artículo de temporada.

La obsolescencia planificada que se ha tomado la industria tecnológica, sobre todo en las empresas líderes como Apple y Samsung, es algo que beneficia a estas empresas, que año a año lanzan un producto nuevo de características un poco más avanzadas.

 

¿Cómo obligan al usuario a cambiarse? La razón va más allá del soporte físico, porque esto lo hacen a través del software que renuevan cada año. A través del sistema operativo, las empresas van agregando nuevas capacidades y herramientas que sólo pueden ser utilizadas por los aparatos más recientes. Con eso, van dejando fuera a las generaciones más antiguas de sus productos, a lo que se suma que los aparatos vienen sellados y sin la posibilidad de cambiar su batería u otros componentes.

 

A modo de ejemplo, el iPhone 4 y 4S, que salieron en 2010 y 2013 respectivamente, ya no están operando con la versión del sistema operativo actual, y aplicaciones como Whatsapp, Facebook y Twitter no funcionan. Sin embargo, extraoficialmente, uno puede hacerlos funcionar al volver a versiones antiguas del sistema operativo y de las aplicaciones. Algo que, claramente, se tiene que hacer sin el soporte técnico de las compañías tecnológicas.

 

Estas prácticas necesitan regularse para que el consumidor aproveche, más allá de la vida útil, si quieren o no comprar el último producto. Las empresas deberían transparentar sus prácticas y empezar a hacer productos en pos de un ecosistema abierto.

Pero las utilidades son más importantes.

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