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EDICIÓN | Mayo 2017

Piedra coreana en zapato chino

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
Piedra coreana en zapato chino

¡Pesadilla!... es para China Corea del Norte. El presidente Xi Jinping evita el tema; estando en Washington, el asunto se sacó de agenda, o quedó a nivel de respuestas insustanciales. Sí, podemos asegurar que Kim Jong-un, el “líder supremo”, indigesta a los chinos; a todos. El mofletudo personaje, que sonríe mientras aprieta disparadores de proyectiles, es el tercer Kim que rige y atosiga a veinticinco millones de coreanos. 

El fundador de la dinastía fue su abuelo, Kim il-Sung (1912-1994), quien creó una versión coreana del comunismo o ideología juche; patriarca de la República Popular Democrática de Corea (1948), y conductor de la “Liberación del pueblo de Corea”, o Guerra de Corea (1950–1953), primer conflicto caliente que inauguró la era de la Guerra Fría.

El conflicto lo causaron los cabecillas coreanos. Poco o nada tuvo que ver Moscú, o Beijing; aunque después, cuando las fuerzas norcoreanas se tomaron Seúl y ocuparon la mayor parte de Corea, ambas naciones comunistas tuvieron que pronunciarse.  Entonces, vino la reacción de Occidente, encabezada por Estados Unidos, que recuperó Seúl y posteriormente Pionyang, ante lo cual Kim y los líderes comunistas huyeron a China. China, dirigida por Mao Zedong, no podía permanecer imparcial, y apoyó el movimiento. El ejército chino expulsó a los aliados que se retiraron para no desatar una tercera guerra mundial (el general Douglas Mc Arthur, a cargo de las operaciones, sugirió a Washington atacar a Beijing con bombas atómicas). Los chinos ocuparon Pionyang y Seúl, pero finalmente, Seúl volvió a ser controlado por las Naciones Unidas y así, desde 1953, el país quedó dividido en dos Coreas. En sentido estricto, esa guerra nunca terminó, sino sólo hubo un cese del fuego, cosa que continúa hasta el día de hoy. Es la causa de la obsesión bélica de los coreanos del Norte, quienes viven bajo movilización permanente, lo que es favorable para mantener un sistema ultratotalitario y rayano en lo paranoico. En sí, viven en un estado de guerra desde que se detuvieron las acciones bélicas, lo que los lleva a emplear el 50% de su PBN en “defensa”. Poseen un ejército casi del tamaño del de China, con 1.4 millones de efectivos, y un armamento formidable, más la reciente obsesión por conseguir capacidad nuclear suficiente como para atacar a todo el vecindario.

Lo increíble es que la población coreana misma no lo comprende. Viven en un estado de hipnótica ensoñación; embobados en su fanática ignorancia y sopor, alimentados por las beatas alabanzas al líder. Día y noche se bombea la enervante propaganda a través de radio, tevé, internet, todo controladísimo, y cuanto modo de difusión puede utilizar el Estado. Las penurias y obligada austeridad, las hambrunas, y atropellos más atroces a todo derecho humano no se reportan; nadie lo sabe, nadie lo entiende.

Cuando en el año 1994 murió Kim il-Sung, ocupó su puesto Kim Jong-il, uno de los ocho hijos del “líder”. Por entonces, la Guerra Fría y el fin de la URSS, quitaron todo argumento a China para seguir costeando al furioso pequeño vecino. Beijing vivía la nueva era de Deng Xiaoping. Y así como Cuba se quedó sin auspiciador, Corea debió también empezar a rascarse con sus propias uñas. Aunque China fue más benéfica.  Muchos veteranos pelearon en suelo coreano; además de la vecindad y permanente intercambio de población, llevó a China a seguir comprando materias primas y manufacturas menores a Corea, aun pagando sobreprecio. Pero, todo tiene su límite. Hace rato que Beijing quiere cortar el cordón umbilical con el nefasto y venenoso nene (Kim Jong-un, y su parecido a un niño regordete y malcriado), quien ya ha exacerbado la paciencia china. Las ambiciones nucleares de Corea del Norte se salieron del límite. Su cohetería ha progresado y posee misiles de mediano alcance que podrían caer sobre Japón, y se esfuerzan en construir otros que puedan alcanzar los Estados Unidos. Y si bien, al parecer aún no logran miniaturizar una ojiva nuclear como para colocarla en un misil, es cosa de unos pocos años más.

Las bravatas de Corea del Norte ponen nerviosos a los vecinos; otros poderosos se encojen de hombros. En reciente entrevista entre los cancilleres de Rusia y de Corea del Norte, este último dijo “que seguirán con su plan de disuasión nuclear con el fin de defender su soberanía y autonomía”, a lo que el ruso asintió diciendo que entendía la postura. Mas, las cosas se complican. Donald Trump ha degustado el sabor del ataque y del triunfo y podría optar por la opción militar para desalentar a Corea del Norte y acabar con sus empeños. La única preocupación de Washington es la opinión de China. Pero Beijing se enfría y aleja de Corea. “Yo nada sé” parecieran decir las autoridades chinas, que están cada vez más permeables a la opinión ciudadana, que han hecho un cierto boicot a los productos coreanos. Desde hace un año, y de manera progresiva, la población de China ha dejado de comprar productos norcoreanos de modo voluntario y espontáneo. Es obvio que nadie llamó a tales actos de rechazo y repulsión, pero han sucedido. Para China, la estabilidad, serenidad y buena actitud de su población, es la nueva consigna y máxima prioridad. Y si eso significa sacrificar a Corea del Norte, lo harán.

La piedrecilla en el zapato chino, se traspasa a bota de vaquero.

 

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