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EDICIÓN | Abril 2017

Importación cinco estrellas

Benigna Zambrano Agrupacion Miranda
Importación cinco estrellas

Esta socióloga venezolana vive hace un año en Antofagasta y tras un largo trabajo, logró conformar la primera colectividad de esta nacionalidad en la capital regional. Luego de años de conocer el mundo, llegó a nuestras tierras por amor y en el camino se encontró con un ambiente enrarecido frente al extranjero. Pero la Beni cree en la multiculturalidad y hoy se propone rescatar lo mejor de lo tuyo, lo mío y lo nuestro.

Por Pilar Castañeda A. / Fotografías Camilo Alfaro

Con cara de niña y fuerza de mujer, Beni Zambrano se propuso aportar desde la acción a un tema con tantas aristas como visiones personales: la realidad de los migrantes. Sicóloga y magíster en Historia Latinoamericana, se radicó en Antofagasta hace poco más de un año, después de vivir en distintas ciudades de Chile, país que eligió motivada por el amor.

Después de conocer el centro y el sur de nuestra geografía, al llegar a Antofagasta decidió que era el momento de poner sus conocimientos al servicio de una temática que le afecta de manera directa, pues desde que salió de su Venezuela natal ha sido una ciudadana del mundo. Hoy, luego de un arduo trabajo, concretó uno de sus principales objetivos: crear un espacio de contención para los cerca de quinientos venezolanos residentes de la capital regional.

“Agrupación Miranda”, entidad que Beni preside, es la primera colectividad de venezolanos en la ciudad y, a través de ella, sus miembros buscan fomentar el entendimiento y el intercambio cultural entre los migrantes y los locales.

¿Cómo era tu vida antes de llegar a Chile?

Antes de llegar a Chile viví en varios países. Salí de Venezuela a estudiar a España tras ganarme una beca para hacer unos postgrado en Historia Latinoamericana. Después de graduarme tuve la oportunidad de estar en distintas latitudes hasta que conocí a mi marido chileno. Nos conocimos mientras ambos estudiábamos y decidimos radicarnos acá. Aunque la condición de migrante es la misma, las razones pueden marcar una gran diferencia, pues quien viene motivado por temas políticos o económicos tiene, además, la carga de no haber tenido más opciones que dejar su tierra.

¿Cuál es tu impresión sobre Chile?

El país me gusta. Cuando me preguntan yo siempre digo que Chile se perfila como un gran lugar para vivir dentro de los países de la región. Es más ordenado, un poco menos burocrático. Yo sé que acá les parece todo lo contrario, pero viéndolo desde afuera, siento que tienen muchas virtudes que a veces no aprecian. Mi pareja es de acá, mi círculo más cercano es de acá, mi familia, mis compañeros de trabajo… siento que es un lugar querible y me he acostumbrado bastante. Incluso he adoptado muchos modismos ¡mi acento ya no es de ningún lado!

¿Cómo ha sido tu vida acá?

Para mí, Chile es como vivir en tres países distintos: el valle central, donde la capital marca su presencia acaparando mucho desarrollo y crecimiento. El sur es otra cosa, todo allá es diferente, incluso hablando cultural e históricamente. El norte tiene procesos históricos y políticos distintos. Chile es muy diverso.

¿Por qué elegiste Antofagasta?

Todo se dio debido al trabajo de mi pareja. Se presentó una opción para trasladarse y decidimos hacerlo.

¿Qué fue lo que más te impactó del norte?

Vine con fines turísticos antes de vivir acá y visité los lugares típicos: conocí las comunas de San Pedro, Iquique, además de otros lugares, pero nunca pisé Antofagasta, aunque ya tenía una idea bastante clara de cómo era, al menos desde el ámbito geográfico.

Quizás por ese conocimiento previo estaba un poco más preparada porque lo que realmente remece—creo hablar por la gran mayoría de los visitantes— fue el desierto. Es inmensamente impactante. Me gusta mucho el mar y el contraste que hay entre ambos. Creo que el norte es encantador con sus colores y contrastes.

INMIGRACIÓN Y DISCRIMINACIÓN

Se estima que en la Región de Antofagasta viven actualmente más de cincuenta mil extranjeros, según cifra entregada por el Departamento de Extranjería durante el 2015. Diversos factores sociales y económicos en la región han incrementado las tasas de migración lo que ha puesto en evidencia graves casos de discriminación y xenofobia. Es por ello que para Beni resulta trascendental empezar a crear lazos y puntos de encuentro entre los locales, o sea, los antofagastinos y los migrantes, que ven en la capital regional una oportunidad de crecer y avanzar.

¿Qué te pareció el trato de los antofagastinos a los inmigrantes?

Yo creo que ahora es un tema ampliamente discutido en todo nivel. De un tiempo para acá en todo el país se ha sabido que Antofagasta tiene una visión más bien negativa frente a lo migratorio. Soy migrante y aunque no he sufrido de manera directa, entiendo que hay realidades diversas, dependiendo del tipo de relación que exista entre migrantes y locales. Por eso estoy convencida de que debemos trabajar en generar instancias de intercambio, donde hay mucho que hacer ya que es un proceso lento, un proceso de adaptación que deben llevar a cabo ambas partes.

¿Cuáles son los mayores problemas que ves en torno a las relaciones entre los locales y migrantes?

En algunos casos puede ser un poco hostil, porque existen códigos muy distintos. Adaptarse a las diferencias culturales es algo que debe trabajarse en el tiempo, con paciencia y entendimiento.

¿Cuáles son los problemas que deben enfrentar los venezolanos?

Discriminación, pero es la misma que puede sufrir cualquier otro migrante. De pronto te oyen hablar con una acento distinto y de inmediato te ponen algunas barreras, sin siquiera conocerte. Eso sin contar los comentarios xenófobos que uno siempre escucha, en reuniones sociales, a bordo del colectivo, en las micros, en cualquier parte.

MIRANDA

La Agrupación Miranda reúne a los venezolanos residentes en la capital regional y busca brindar de un espacio de contención para los migrantes. Tras un arduo trabajo, lograron dar vida a este proyecto en un proceso que les costó “lágrimas y sudor”, según relata Beni.

¿Cómo nació la Agrupación Miranda?

Yo siempre he participado en varios grupos de venezolanos residentes en cada uno de los países en los que he vivido, en distintos lugares y también aquí, en Chile. Cuando llegué acá, participaba a través de redes sociales: un grupo de Facebook y algunos en whatsapp, donde nos reuníamos virtualmente los venezolanos en Antofagasta.

Cuando la persona que llevaba eso se fue de Chile me preguntó si yo quería hacerme cargo, y bueno, acepté. Con esa base, junto a una compañera venezolana, decidimos que era el momento de concretar nuestro sueño de crear una asociación intercultural. Así, buscamos apoyo entre nuestros connacionales, recogimos esas ganas que algunos tenían y decidimos formalizar la agrupación.

¿Cuánto tiempo les tomó formar la colectividad?

La creación de la Agrupación Miranda fue un intenso trabajo de aproximadamente seis meses. Lo más difícil fue reunir a la gente interesada, pues coordinar horarios de trabajo era una odisea. Pero bueno, cuando hay voluntad, siempre se logran las cosas y así pasó. ¡Lo logramos! Nos organizamos formalmente e iniciamos nuestra participación en las redes de organizaciones existentes en la comuna, esto para empaparnos un poco sobre la realidad local.

¿Cuántas personas participan actualmente?

Somos cerca de cuarenta miembros activos, pero se estima que los residentes venezolanos en Antofagasta suman aproximadamente quinientos.

Con esta agrupación ¿qué esperas lograr?

Por ahora, consolidarnos haciendo cosas pequeñas, para que se sepa que acá estamos. Queremos acercar nuestra realidad a los locales y demostrar que la interculturalidad es intrínseca al ser humano y que, juntos, podemos lograr grandes cosas.

 

“En algunos casos puede ser un poco hostil, porque existen códigos muy distintos. Adaptarse a las diferencias culturales es algo que debe trabajarse en el tiempo, con paciencia y entendimiento”.

“De pronto te oyen hablar con un acento distinto y de inmediato te ponen algunas barreras, sin siquiera conocerte. Eso sin contar los comentarios xenófobos que uno siempre escucha, en reuniones sociales, a bordo del colectivo, en las micros, en cualquier parte”. 

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