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EDICIÓN | Abril 2017

Trotamundos

Marcela Rubio, maratonista
Trotamundos

Nueva York, Chicago, Boston, Berlín, Londres y Tokio son las seis grandes carreras del maratón mundial. Un desafío que esta sampedrina consiguió terminar en años consecutivos, ya cruzando la barrera de los cuarenta.

Por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.

Con cuarenta y seis años por cumplir, Marcela Rubio Urria cuenta con entusiasmo y una cuota de sorpresa que es la única chilena que ha conseguido cruzar la meta en las seis principales maratones del mundo. Este 2017 completó los World Marathon Majors (WMM), o “Grandes del Maratón Mundial”, las mayores corridas anuales del mundo: Nueva York, Boston, Chicago, Berlín, Londres y, desde 2013, Tokio.

 

La gracia de Marcela es doble: comenzó a correr casi a los cuarenta años, y obtuvo este logro luego de participar en estos eventos sin parar desde 2011 en adelante. Un desafío que coronó en febrero reciente, cuando terminó los cuarenta y dos kilómetros de la prueba de Japón, donde no solo se colgó la medalla de los participantes de la carrera, sino que también la que comprueba que cerró el ciclo con los seis majors.

 

Esposa, madre de tres hijos (23, 20 y 15) y de día jefe de administración y finanzas en la Fundación CMPC, desde San Pedro de La Paz apuró sus pasos en los entrenamientos matinales, que fueron llegando cada vez más lejos, hasta consagrarse como una maratonista de grandes instancias.

 

¿Cómo parte tu historia con el deporte?

 

Siempre me gustó. Cuando chica jugué básquetbol, tanto por el colegio como por la región. Intenté seguir jugando después, ya cuando trabajaba, pero al final solo eran hombres, y por mi integridad dejé de jugar. Así empecé a hacer deporte sola, en la trotadora, y luego en grupos como Concepción Runners, y hoy Amulen, que es un grupo de amigos amantes del deporte y de pasarlo bien.

 

Y desde ahí, ¿cómo fue el camino hacia las maratones?

 

Un día, en el trabajo, llegó una niña a la que le contaron que yo hacía ejercicio y me invitó a correr con los Concepción Runners. Y fui ese mismo sábado: me encantó. Corrimos por la UDEC, tenían entrenador, así que ahí partí. Entonces conocí a mi primer profe, que fue Felipe Aravena. Cuando empecé, no corría ni diez kilómetros, y nunca pensé en más de eso tampoco, pero las cosas se fueron dando.

 

¿Cuál fue tu motivación?

 

Me encanta hacer deporte, por un tema de salud, y me creo el cuento de que liberas endorfinas y eres más feliz. Adicionalmente, en una actividad que tuvimos en la empresa, donde el gerente era maratonista y había corrido como quince veces, hizo un compromiso con alguien que estaba en la mesa y que usaba silla de ruedas: le dijo que si corría en Nueva York, le regalaba la silla. Yo, que estaba ahí y también corría, les dije que si iban ellos, también iría. Y así partí.

 

¿Cómo te preparaste para esa primera maratón?

 

Hasta entonces corría, pero no me preparaba para una maratón, que son cuarenta y dos kilómetros. La primera fue efectivamente Nueva York, porque antes solo había corrido las de 10k que se hacen en Concepción, y la de Santiago, de 21. Lamentablemente, la primera vez que fui a Nueva York me lesioné y no pude correr. Pero al otro año, 2011, volví y corrí sola. Entonces ya entrenaba con los Concepción Runners, y Felipe Aravena me preparó. Ir sola a Nueva York no me complicó, porque ya había ido. La carrera parte en una isla, hay que estar mucho tiempo antes de la partida, y yo sin conocer a nadie, pero afortunadamente me encontré con unos chilenos de Viña que no conocía, y estuve con ellos esperando. Después, empezar a correr y a disfrutar. Mi tiempo fue 4.02.13.

 

CORRER A LOS CUARENTA

 

Un corto recorrido por el Parque Ecuador, su pista favorita junto con las calles de los Huertos Familiares, en San Pedro de la Paz, bastan para notar el reconocimiento que los runners penquistas tienen por Marcela. No solo destacan que haya completado el tour WMM, sino que también el escaso tiempo en que lo logró y a la edad en que comenzó a correr.

 

¿Cómo fue comenzar a correr a los cuarenta?

 

He llegado a la conclusión de que el trote es fome, porque te gusta o no te gusta, y para los jóvenes puede resultar una lata andar corriendo. Pero para uno que tiene trabajo, niños y más responsabilidades, correr es lejos lo más fácil. Yo salgo en la mañana, como a las 5.30, y no molesto a nadie, solo interfiero en mi descanso. Y después de eso ya tengo la tarea hecha antes de entrar a trabajar. Es lo que más me acomoda. Bueno, y por la edad, tengo amigos futboleros que han sido operados de rodilla, pero a mí por suerte nunca me pasó nada; las cosas pasan porque pasan no más. Mis niños son grandes hoy, el menor tiene quince, entonces te necesitan, pero no tanto y tengo más tiempo disponible.

 

¿Qué es lo mejor de correr estas maratones?

 

La gente te acompaña durante todo el recorrido, te dan ánimo, ofrecen agua. Por ejemplo, en Nueva York, la gente sale de sus casas, hay bandas de música. Chicago es más plano para correr, pero sí hay mucho viento. Londres, por los lugares donde pasas. Me gustó mucho Boston, porque tiene más significado al tener que clasificar (3:45:00, en mi categoría), y a diferencia de otras que dan vueltas por la ciudad, esta parte en un punto y termina en el centro de Boston. Fue mi mejor tiempo también: 03.28’59’’.

 

¿Y la que más te costó?

 

Japón. En general, no me había pasado que en el kilómetro 10 ya iba con las piernas pesadas. Se venía mal. Mi marido, que fue conmigo y es mi apoyo, me vio en el 12 y en el 28, por la forma del circuito, y le dije que esta cuestión la iba a terminar no más. Sabía que no iba a hacer 3.30, así que lo único que quería era cruzar la meta y tener mis medallas. Terminé con 3.43’49’’. Llegué muy encima el viernes en la noche y corría el domingo, después de un viaje de veinticinco horas. Además, era como correr en la noche, y yo soy corredora de mañanas. Esas dos cosas atentaron contra mi tiempo. Otra anécdota mala fue que cuando estaba inscrita para Berlín (2014), pensábamos recorrer Europa, pero dos días antes del viaje mi marido se tuvo que bajar, por un problema con su trabajo, y tuvimos que deshacer todo. Al final fui igual, pero solo a correr.

 

¿Cómo ha sido el apoyo de la familia?

 

Súper bueno. Mis hijos me cantan “Loca”, porque salir a correr tan temprano y tantos kilómetros, encuentran que es una locura. Pero al final están orgullosos, a pesar de eso. Y mi marido, que también le gusta el deporte y hace triatlón, es un gran apoyo. Si no me apoyara, no podría.

 

Después de correr las maratones más importantes, ¿cuál es ahora la meta?

 

Uff, esa es la pregunta. Hoy no lo tengo claro. Lo cierto es que no decae el entusiasmo, pero sí, uno tiene que trazarse una meta para entrenar. Mi próximo objetivo es el Ironman de Pucón, que ya hice, pero lograr menos de seis horas. Y como he corrido solo estas seis maratones, participar en otras, que pueden ser la de Santiago, Patagonia, París, no sé, hay muchas y mucho tiempo para pensarlo.

 

“La gente te acompaña durante todo el recorrido, te dan ánimo, ofrecen agua. Por ejemplo, en Nueva York, la gente sale de sus casas, hay bandas de música”.

“No decae el entusiasmo, pero sí, uno tiene que trazarse una meta para entrenar. Mi próximo objetivo es el Ironman de Pucón, que ya hice, pero lograr menos de seis horas”.

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