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EDICIÓN | Abril 2017

EL REY DE LA ROSA MOSQUETA

Carlos Amin, fundador de Coesam
EL REY DE LA ROSA MOSQUETA

Junto a su padre descubrió las ventajas de esta “bendita semilla”. Fue el primero en cultivar esta flor que hasta entonces crecía de forma silvestre y servía para alimentar a los chanchos. Fue el primero en exportarla y también el primero en elaborar productos de belleza con ella. Casi todo lo que produce lo vende fuera de Chile. ¿Por qué? Porque aunque se frustre, ya asumió que no es profeta en su tierra.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló

Al centro de una pared llena de fotos hay una de Carlos Amin, de unos veinte años, vestido de militar y adentro de un agujero en el extremo sur de Chile. Era teniente del Ejército y debió partir a pelear una futura guerra con Argentina. En ese hoyo pasó varios meses. Hoy, cada vez que algo se pone cuesta arriba, recuerda esa experiencia y decide seguir adelante. Nada puede ser más duro que eso.

 

“Mi padre era dentista y agricultor, y como tal lo invitaron a presidir una cooperativa agrícola llamada Conarauco que buscaba aumentar la producción de los campos chilenos. En 1974 llegó a la zona un alemán que buscaba frutos del país más aislado del mundo. Cuando vio la rosa mosqueta, dijo ¡Hagenbutten!, que es un té muy consumido en Europa. Era 1974, y mi padre vendió dos toneladas, que tuvo que salir a recolectar y después secó en bandejas, en el living de nuestra casa”, recuerda.

 

Carlos Amin padre vio una oportunidad de negocio. Llamó a su hijo acuartelado en el sur y le ofreció hacerse cargo de esta futura empresa. Él renunció al Ejército, partió a buscar a su esposa Valentina y se instalaron juntos en Monte Águila. Tenía veintiún años y un tremendo proyecto por delante.

 

¿En ese momento no había plantaciones de rosa mosqueta?

No, solo silvestre. La mosqueta plantada la inventé yo y nadie me puede quitar el título de productor original de rosa mosqueta de cultivo orgánico y patentada.

 

¿Es cierto que en ese momento la usaban para alimentar chanchos?

Mi padre exportaba la cáscara de la fruta y la semilla la empezó a usar para alimentar a los cerdos y para combustible en los hornos, hasta que se dio cuenta de que los animales tenían algo raro…

 

No me diga que la piel tersa…

Tenían una grasa que no solidificaba y, literalmente, goteaban aceite. Entonces nos dimos cuenta de que la rosa mosqueta tiene un aceite que no se solidifica, un principio activo de ácido graso poliinsaturado que servía para recuperar la piel dañada por cicatrices, manchas, arrugas y quemaduras. Y nos pusimos a investigar.

 

 

CRECER JUNTO A LOS PEÑIS

 

Lo que se venía no era fácil. En plenos años ochenta hablar de investigación y desarrollo, de agricultura orgánica y de hacer empresa desde regiones parecía una utopía. No por nada, su padre era conocido como “el Doctor Loco”. Y a mucha honra.

 

Durante más de treinta años vendieron rosa mosqueta deshidratada a una gigante alemana. Las dos toneladas del primer año, crecieron hasta las seiscientos cincuenta, equivalentes a tres millones de kilos de mosqueta fresca. Para lograr abastecerse crearon una red de proveedores entre Talca y Palena, cientos de recolectores que iniciaban una inmensa cadena de valor. Al principio funcionó perfecto, pero al poco tiempo se dieron cuenta de que la calidad muchas veces se veía comprometida, por lo que la empresa decidió investigar para desarrollar el mejor cultivo. “Hoy tenemos casi mil hectáreas de cultivo, en un trabajo mano a mano que hacemos con los mapuches de la zona”.
 

¿Esos cultivos los dirigen ustedes?
Nosotros les entregamos las plantas, les mostramos cómo hacer la plantación. Es mucho trabajo, pero eso nos da el soporte. Yo trabajo mucho con los mapuches, me gusta mucho hacerlo. Nosotros lo necesitamos, ellos tienen el territorio y están ávidos de trabajar.

 

Puro potencial

Yo tengo mercado y necesito abastecimiento. El Estado tiene plata y no sabe dónde ocuparla. Y la represión es lo peor que están haciendo. Yo soy pro mapuche, los defiendo y peleo a muerte por ellos. Estoy acostumbrado a nadar contra la corriente… a lo mejor es por eso.

 

¿Cuál es su opinión sobre el conflicto mapuche?

El Estado tiene una deuda infinitamente grande con ellos. Hay gente que es dueña de sus campos, los han trabajo, los producen y hoy defienden sus territorios… pero por el otro lado están los mapuches, que eran dueños ancestrales de esas mismas tierras y que fueron despojados de ellas. ¿Quién tiene razón?: Ambos. ¿Quién tiene la culpa?: el Estado chileno. Yo estoy metido en esa lucha y los voy a defender, porque ellos cuidan la tierra, no la queman; los que queman son los terroristas que se meten entremedio. Ellos aman la tierra, aman los árboles. El noventaicinco por ciento de ellos, es buenísima gente. Yo tengo plantaciones en Ercilla y nunca he visto ni una honda ni un rifle a postones. Sé que si los busco los voy a encontrar, pero no los voy a buscar, porque trabajo con los buenos.

 

La modalidad de trabajo es bastante simple. Cuando la Conadi entrega tierras, ellos se acercan con un proyecto productivo. “Cada doscientas hectáreas formamos una cooperativa, hacemos un calendario y plantamos mosqueta, frambuesa, maqui, hierba de san juan, ají, cebollas, criamos gallinas mapuches, corderos y abejas. Todo orgánico y certificado. Les ayudo a vender su producción y a negociar… nada de aceptar pagos a treinta o sesenta días, pasando y pasando, porque el huinca se ha jodido siempre al peñi”.

 

 

VALOR AGREGADO

 

A mediados de los noventa, y en plena crisis asiática, el dólar se fue al suelo. Coesam comenzó a tener números rojos y, como los alemanes con los que trabajaban no quisieron pagar más, Carlos debió tomar una decisión radical: o cerraban o comenzaban a hacer productos con valor agregado. “En 1991, con mi esposa fuimos a un congreso y llevamos unas muestras de aceite. Hubo un tipo que se fascinó y quiso comprarlo todo. Yo ahí me di cuenta de que había algo que no estaba viendo. Era aceite puro envasado, que hasta ese momento no se hacía”.

 

Y partieron…
Empezamos a hacer aceite, después cremas. Casi de inmediato aparecieron los imitadores, vendían mezclas de cualquier cosa, a riesgo de matar el producto. Tuvimos que certificar y usar sello de garantía.

 

¿Eso significó aprender cosas nuevas, química, trabajo de laboratorio?

Contratamos buenos profesionales, ejecutivos. Obvio que también nos equivocamos, pero hoy tenemos una planta certificada, con validaciones que nos permiten vender en cualquier parte del mundo. Vendemos en los Duty Free, en Asia y estamos a punto de entrar en Arabia Saudita. Con el tiempo nos ampliamos y de la rosa mosqueta pasamos a la uva y al caracol.

 

Hoy Coesam tiene asociados con los que fabrica en Corea, Japón, China, Brasil. Carlos Amin es miembro de Asexma y de la Asociación de Productos Orgánicos, ha sido parte de varias giras presidenciales y accede normalmente a ministros, parlamentarios e influyentes empresarios. Pero sólo el cinco por ciento de lo que produce se vende en Chile.

 

¿Por qué?

Nadie es profeta en su tierra. Voy a las farmacias y no me compran, en el supermercado tengo cuatro productos de los dieciocho que fabrico… un producto mío afuera se vende al doble del precio, pero acá me creen loco por vender altísima calidad a un precio justo. Imagínate que mi té ciento por ciento rosa mosqueta lo fui a ofrecer a una tienda de té muy lujosa y me dijeron “acá sólo vendemos productos importados”… ¿qué voy a hacer contra eso?

 

¿No le da pena?

Mucha, pero aprendí que el esnobismo de los chilenos es impresionante. El que vive en Rancagua viene a comprar a Santiago y el que tiene plata prefiere comprar en Miami… y así vas jodiendo el comercio local. Yo vendo en treinta y cinco países, pero sigo luchando, estoy en el Jumbo, en el Duty Free y tengo una tienda en el patio Bellavista.

 

Con sesenta y tres ferias en el cuerpo, cinco pasaportes llenos y veintisiete viajes a China, Carlos Amin vive intensamente su negocio. Puede decir con propiedad que Corea es el nuevo paraíso de la cosmética y puede, al revés que la mayoría de los chilenos, viajar a China a vender, no a comprar. “Pero acá me dicen que la rosa mosqueta pasó de moda…”.

 

“La mosqueta plantada la inventé yo y nadie me puede quitar el título de productor original de rosa mosqueta de cultivo orgánico y patentada”.

 

“Estoy metido en la lucha mapuche y los voy a defender, porque ellos cuidan la tierra, no la queman; los que queman son los terroristas que se meten entremedio. Ellos aman la tierra, aman los árboles. Yo tengo plantaciones en Ercilla y nunca he visto ni una honda ni un rifle a postones.

 

“Imagínate que mi té ciento por ciento rosa mosqueta lo fui a ofrecer a una tienda de té muy lujosa y me dijeron “acá sólo vendemos productos importados”… ¿qué voy a hacer contra eso?”.

 

“Nadie es profeta en su tierra. Voy a las farmacias y no me compran, en el supermercado tengo cuatro productos de los dieciocho que fabrico… un producto mío afuera se vende al doble del precio, pero acá me creen loco”.

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