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EDICIÓN | Abril 2017

MUJERES PARA EL MAÑANA

Mónica Retamal, directora ejecutiva de Fundación Kodea
MUJERES PARA EL MAÑANA

Está convencida de que la revolución digital es tan trascendente, que nadie debería quedarse abajo. Desde la fundación que creó y dirige, intenta educar, generar conciencia y dar instrucción tecnológica a mujeres, para que tengan un oficio, un futuro y, sobre todo, mayor dignidad.

Por María Jesús Sáinz N. / Fotos Andrea Barceló A.

La oficina de Mónica Retamal está en el piso catorce de un edifico en la comuna de Las Condes. Son dos plantas con hermosas vistas a la ciudad donde conviven las empresas Nisum Latam, Ki Teknology y la Fundación Kodea. Todos emprendimientos que solo son posibles de explicar desde la figura de esta mujer, periodista de profesión, que se ha comprometido con la idea de que Chile necesita más y mejores profesionales en el área de la informática.

 

En el lugar abundan escritorios en espacios abiertos y por la mañana circulan pocas personas. Sin embargo, hacia el mediodía, los puestos de trabajo comienzan a llenarse. Sus ocupantes son, en su mayoría, jóvenes que llegan a esa hora, pues trabajan desarrollando programas informáticos para clientes que están principalmente en Estados Unidos. También hay algunos que trabajan a distancia.

 

Es una perfecta postal de lo que entendemos cuando pensamos en una empresa moderna, enclavada en la era digital. La idea de Mónica es que haya muchos espacios así en Chile y más personas capacitadas para trabajar en este sector.

 

“Yo realmente creo que, si nuestro país no cambia de switch, se va a quedar afuera del mercado de la industria digital. Y podemos quedarnos afuera, como nos quedamos abajo de la revolución industrial, pero entonces habrá una nueva brecha en nuestro desarrollo”, dice convencida.

 

 

PUNTO COM

 

La historia es así. A fines de los noventa, Mónica, quien se dedicaba a desarrollar contenidos para páginas web, decidió junto con un socio crear su propia Pyme. Era el boom de las “punto com” e Internet era muy diferente a lo que conocemos hoy.

 

“Cuando pensábamos que iba a ser una plataforma más bien gráfica, apareció el comercio y la banca electrónicos, y de pronto empezamos a necesitar informáticos y programadores”, explica.

 

Comenzaron a crecer y decidieron ofrecer sus servicios a empresas en Estados Unidos. En eso estaban cuando un inversionista norteamericano, con sede en Silicon Valley, se interesó en instalarse en Chile y hacerlo a través de un joint venture con ellos.

 

Todo iba bien, la empresa crecía, pero conseguir ingenieros informáticos comenzó a ser una pesadilla. “Encontramos quince chilenos y no conseguimos a nadie más. Necesitábamos informáticos, programadores, profesionales con buen nivel técnico y que, además, fueran bilingües. Era muy difícil. Tuvimos que recurrir a gente de otros países”, recuerda.

 

Fue entonces cuando se dio cuenta de que había que formar más capital humano en esta área. Y creó la Fundación Kodea, que ha formado más de setenta nuevos programadores, específicamente mujeres, y que, a través de campañas e iniciativas de formación, busca cambiar la idea que se tiene de esta ocupación, para que haya más gente que se quiera capacitar.

¿Por qué es importante formar personas en esta área?

Es tan fuerte la digitalización que están sufriendo todas las organizaciones en el mundo, y es tan poca la mano de obra, que la brecha se agranda de manera dramática. Y es una industria interesante, porque son trabajos muy atractivos desde el punto de vista de las remuneraciones y desde la innovación, porque se trata de construir el nuevo mundo.

 

¿En qué sentido?

Aquí hay una inflexión, un cambio de paradigma, que tal vez porque nosotros nacimos acá nos cuesta entender, pero es cosa de estudiar un poco para darnos cuenta que esto no había pasado nunca en la historia de la humanidad.

 

 

HISTORIAS DE PELÍCULA

               

Hace poco, Mónica vio la película Talentos ocultos, que fue nominada al Oscar en varias categorías. El filme cuenta la historia de tres mujeres afroamericanas que trabajaban como “computadoras humanas” en la NASA y que, con sus cálculos, contribuyeron a la carrera espacial.

 

Este tema le ha hecho total sentido, pues habla sobre el aporte de la mujer en un mundo masculino y desconocido, y los enormes beneficios que arrastran a toda su familia cuando rompen el círculo del prejuicio y la discriminación.

 

Ella, hace muchos años, y luego de descubrir que en Estados Unidos dictaban cursos que duraban algunos meses y que daban empleabilidad inmediata, decidió hacer un programa que hiciera posible eso en Chile. Pudo haber sido destinado a cualquier grupo social, sin embargo decidió hacerlo para mujeres.

 

¿Por qué?

Vi que si lográbamos hacer cursos de entrenamiento cortos, enfocados a la reconversión laboral, es decir, pensando en mujeres que estaban en su casa y que querían volver a trabajar, o que tenían oficios mal pagados, aportaríamos a solucionar dos problemas: la falta de capital humano en esta área y la falta de oportunidades para las mujeres.

 

¿Es un buen sector productivo para la mujer?

La tecnología tiene cosas muy atractivas, más allá de lo salarial. Hay flexibilidad laboral y posibilidades de trabajar desde la casa. Es perfecto. Además, las mujeres en Chile trabajan principalmente en servicios que tienen que ver con una extensión del rol de la mujer en la casa. Muchas se desempeñan en tele-marketing, como vendedoras, por ejemplo. Trabajos mal pagados, extenuantes y poco compatibles con la vida del hogar. 

 

¿Y qué pasa con las mujeres cuando cambian esos trabajos por el de programadoras?

Los trabajos con mala percepción social tienen una repercusión muy fuerte dentro de la familia. Entonces, cuando la mamá pasa de pintar uñas, con todo el respeto que uno le puede tener a una mujer que hace eso, a trabajar en tecnología, el círculo virtuoso y el impacto que tiene en la economía familiar y en la percepción, sobre todo de las hijas, es muy grande. Genera bienestar inmediato y, además, un cambio cultural a largo plazo.

 

En el primer proyecto que hicieron gracias al aporte de CORFO lograron formar, en cuatro meses y medio, a setenta y un mujereres y prácticamente todas están trabajando en la industria. Ahora están partiendo con una segunda versión, donde financiarán la capacitación de un número similar.

 

MIRAR EL FUTURO

 

La capacitación de la mujer es solo uno de los aspectos en los que la Fundación Kodea está trabajando. Para tratar el problema más a largo plazo, fomentan la educación tecnológica a nivel educacional, donde existe un gran atraso.

 

¿Es muy difícil para un niño aprender a programar?

Yo te diría que hay un mito con eso de que es difícil. Es como aprender otra lengua. La programación es un idioma, es el idioma de las computadoras.

 

¿Y por qué debieran saberlo los niños?

Los niños tienen que pasar desde el consumo —que es una locura la cantidad de horas que están usando tecnología—, a la creación. Si lo piensas, es muy relevante, porque estamos usando algo que no tenemos idea de cómo funciona.

 

¿Por dónde se parte?

Lo primero es hacerlo atractivo. Necesitamos convencer a las nuevas generaciones de que este es un lenguaje que vale la pena conocer. Nosotros trajimos a Chile la campaña “La Hora del Código” que ya se había hecho en Estados Unidos y logramos que veintidós mil niños completaran una hora de formación tecnológica.

 

¿Un primer paso?

Estamos haciendo un aporte, pero obviamente esto se debe enfrentar desde más arriba. Este año tenemos la idea de hacer un acercamiento con los candidatos, porque creemos que esto tiene que ser un tema país. Nuestra economía no puede seguir siendo dependiente. Debemos apostar al talento y tomarle el peso a lo que significa tener mejor capital humano.

 

¿Y estamos a tiempo?

Estamos en un momento, de esos que se dan pocas veces en la historia de la humanidad, donde puedes quedarte donde mismo o dar un salto cuántico. Y yo espero que Chile, que no lo está dando, recapacite y lo dé.

 

Si nuestro país no cambia de switch, se va a quedar afuera del mercado de la industria digital. Y podemos quedarnos afuera, como nos quedamos abajo de la revolución industrial”.

 

“La tecnología tiene cosas muy atractivas. Hay flexibilidad y posibilidades de trabajar desde la casa. Es perfecto. Además, las mujeres en Chile trabajan principalmente en servicios que tienen que ver con una extensión del rol de la mujer en la casa. Trabajos mal pagados, extenuantes y poco compatibles con la vida del hogar”.

 

“Los niños tienen que pasar desde el consumo —que es una locura la cantidad de horas que están usando tecnología—, a la creación. Si lo piensas, estamos usando algo que no tenemos idea de cómo funciona”.

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