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EDICIÓN | Abril 2017

Vivencias de La Serena con el Ejército Libertador de Los Andes

Hernán Cortés Oivares. Académico e Historiador Universidad de La Serena.
Vivencias de La Serena con el Ejército Libertador de Los Andes

La autonomía política y, luego, la independencia armada, conjuntamente con las vicisitudes de los enfrentamientos entre familias realistas y patriotas, culmina en 1817, con el ingreso del Ejército de Los Andes, al mando de José de San Martín para liberar a Chile y cuya gesta, este año, celebra los doscientos años.

Los Estados Nacionales Hispanoamericanos que emergen desde la columna vertebral de Los Andes, desintegran violentamente los territorios del alicaído Imperio Español y los virreinatos de México, Río de La Plata, Nueva Granada. La invasión de Napoleón a la Península ibérica y la contundente reacción del pueblo español, el 2 de mayo de 1808, será el modelo a seguir por los cabildos, consulados y asambleas de los patricios de las ciudades y capitales de los virreinatos, capitanías y audiencias, para instaurar la soberanía de los pueblos en nombre de Fernando VII.

Chile sometido a la voluntad política, económica, cultural y militar del virreinato peruano aprecia la oportunidad para liberarse de un yugo, pesado e injusto por la posición dominante de la sociedad limeña, que regula el mercado extrarregional. Además, las reformas borbónicas gravan el comercio con impuestos aplicados a todos los productos agropecuarios que ingresan o salen del puerto del Callao, hasta un total de 11,5% (Almojarifazgo, Unión de Armas y Alcabala). Ello limita el crecimiento de las economías regionales del centro y sur del país. La producción minera del cobre se descapitaliza al aplicársele el 20%; y los exportadores de Coquimbo, Guasco y Copiapó corrían el riego de ver sus remesas confiscadas en el puerto de Cádiz, recibiendo a cambio un pagaré por el valor del embarque, el cual podía ser cobrado en cualquier Caja Real de América, algo prácticamente inviable de efectuar por el permanente déficit de las mismas.

La planificación estratégica del Estado Mayor del Ejército de Los Andes, contemplaba el ingreso de una división comandada por Cabot para liberar a la región de La Serena. Esta se componía de una compañía de artillería de línea, de varias compañías de infantería y de milicias de San Juan, hasta un total de seiscientos a setecientos hombres. El coronel Joaquín Vicuña, emigrado de la provincia de Coquimbo, expresa que una partida de milicias de Jachal fue destinada a liberar Copiapó, ingresando por los boquetes del norte.

Don Manuel Santamaría y Esteban, último subdelegado español en La Serena, al conocer la presencia de la división de Los Andes, huye a Santiago con sesenta dragones, dos pequeños cañones volantes y numerosas familias con más de ciento cincuenta cargas de valiosos equipaje. Cuando almorzaban en las cercanías del pueblo de Barraza, Cabot ataca, pereciendo varios dragones y algunos vecinos. El hijo de Santamaría y Esteban acusa que Cabot portaba una carta para su padre y le hubiese bastado mostrarla para rendirse sin derramamiento de sangre, pero: “al parecer Cabot, soldado valiente y codicioso que buscaba la gloria y el botín dio el golpe de mano”. Hay referencias que envió a San Juan un rico cargamento de su propiedad, y entre otras prendas el bastón de Santamaría como obsequio al gobernador de San Juan, don Ignacio de La Rosa. Los despojos de Cabot debieron ser cuantiosos, pues el Director Supremo Don Bernardo O’Higgins, solicitó al gobernador de Cuyo, por oficio de 7 de abril de 1817, “el embargo de gruesos cargamentos de varias especies que con escándalo y deslustre de las armas argentinas, ha saqueado en la provincia de Coquimbo el comandante Juan Manuel Cabot”. La brillante hazaña militar de Los Andes de ningún modo queda opacada por este desliz personal, pues las proyecciones geopolíticas de las nuevas naciones emergentes, son el fruto de voluntades mancomunadas: el compromiso político e ideológico de Miranda, Bolívar, San Martín y O`Higgins, más miles de soldados anónimos, de ambos lados de la cordillera, transparentan el ideal de Naciones Hermanas, al comenzar el siglo del liberalismo.

 

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