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EDICIÓN | Abril 2017

Sonidos ancestrales

Omar Fuentes, instrumentos de percusión
Sonidos ancestrales

La madera de agave y el cuero de cabra son la base de sus creaciones. La unión de ambos elementos, los cuales se deben recolectar y reciclar, se transforman en tambores de diversas formas y tamaños, rindiendo un homenaje a culturas milenarias. Para su artífice, el sentido de este arte está en jugar, oler, tocar e involucrarse con los instrumentos, sin necesidad de ser un experto.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Diaz U.

La llegada de su primer hijo lo motivó a dejar su trabajo en minería para dedicarse a las artes manuales. En ese entonces, vivía en Iquique y por cosas del destino, un tambor de agave llegó a sus manos. Indagó sobre el uso de esta madera y, al poco tiempo, se percató que esta planta milenaria, originaria de América, crecía en varios sectores de la ciudad y del país. Recolectó una serie de troncos secos y comenzó, instintivamente, a crear sus primeros tambores.

 

“De música no tengo ningún conocimiento y nunca antes había tocado un instrumento. Todo esto partió porque soy intruso, curioso y me gusta aprender. En esa época, hace más de quince años, los tambores eran bonitos, pero no sonaban muy bien. Este proceso de aprendizaje tuvo un antes y un después, cuando conocí a una persona muy especial en la feria de la Universidad Católica, en Santiago”, recuerda Omar.

 

 ¿Y quien era ese personaje?

Rasta Lua, un maestro brasileño de percusión y capoeira. Se acercó a mi stand, vio mis tambores y le gustó mucho un cuero de cabra que tenía como muestra. Finalmente se lo obsequié y de improviso me dice: “observa lo que hago”. Tomó el cuero y comenzó a entregarme mucha información respecto a cómo tratarlo. En ese momento, pensé que no había captado nada, pero cuando lo llevé a la práctica, recordé todo lo que me había dicho este maestro.

 

Una clase magistral que permitió lograr tu objetivo

¡Sin duda! Mis tambores ya no solo eran bonitos, sino que además sonaban bien. El trabajo que requiere el cuero es esencial para el sonido, es el alma de un instrumento de percusión. 

 

¿En qué consiste ese proceso?

Lo que hago es reciclar el cuero de cabra que hay en las majadas del sector. El proceso consiste en hidratar el cuero y luego quedan extendidos en cal o ceniza. Cuando están pelados lo dejo sobre unos palets durante una semana para que se sequen y queden como pergaminos. Para trabajar el cuero sobre el tambor primero debo mojarlo, de lo contrario se quiebra. Elijo la mejor parte, lo corto y lo tenso con unas argollas para ponerlo sobre la madera del tambor.

 

 

 

TAMBORES CEREMONIALES

 

Con el propósito ya resuelto, Omar Fuentes bautizó su emprendimiento como Percuagave. Una combinación mágica de percusión y la principal materia prima de sus instrumentos: el agave. “Esta madera la recolecto de diferentes partes del país. Puedo ir manejando a cien kilómetros por hora y logro identificarla a la distancia, incluso, en medio de bosques o casas”.

 

¿Cuál es la particularidad de esta planta?

Me enamoré del agave porque tiene una historia ancestral y el hecho de que sea originario de América para mí tiene un gran sentido. Existen trescientos tipos de agaves, pero los que sirven para crear instrumentos de percusión o de viento son muy pocos, pues tienen una forma de vasija natural que es ideal para ello. Cuando la planta da la flor, muere, se seca y luego se corta. El tiempo que se demora en dar la flor puede ser desde siete a cincuenta años, entonces, la única opción que tengo es recolectarla, es decir, no tengo una producción propia de agave.

 

¿Qué tipo de tambores elaboras?

He fabricado cerca de quince tipos de tambores que varían según las culturas, pero con detalles mínimos, entre ellos, los wuichones que son tambores ceremoniales, los lunas, los bodhrán o dakota y el tamboril giratorio. Con el tiempo fui elaborando bombos, cajones peruanos y tormentos de cueca.

 

¿Y en qué momento incorporas los instrumentos de viento?

En una ocasión un amigo me obsequió un quiote o trompeta maya, instrumento de viento similar al didyeridú australiano. Al principio lo tenía de adorno, hasta que aprendí a tocarlo mediante una respiración circular. Me encantó su sonido y como el agave tiene también una forma alargada, comencé a fabricarlos.

 

¿Cuál es tu principal vitrina para dar a conocer este arte?

Participo mucho en ferias y a lo largo de todo el país. Cuando dejamos Iquique hace siete años, con mi familia nos trasladamos al sector de Polla Alta, frente al Molle en el Valle de Elqui. Desde entonces, aquí tengo mi taller y en enero de este año, instalamos una tienda en la Aldea de Artesanos en Vicuña. Como expositor disfruto mucho mostrando los instrumentos a la gente. Dejo que los niños los toquen, que los conozcan, que jueguen. Esto es lo que más me gusta de este trabajo.

 

¿Enseñas también este oficio?

En esta zona no es muy común y creo ser el único fanático por este oficio, de manera que si me piden que enseñe, lo hago con gusto. Me han invitado a realizar talleres en distintas ciudades y voy feliz. Mi intención no parte por vender, sino por estimular a las personas a que se involucren con los instrumentos ¡Ese es mi motor!

 

“El trabajo que requiere el cuero es esencial para el sonido, es el alma de un instrumento de percusión”.

“Me enamoré del agave porque tiene una historia ancestral y el hecho de que sea originario de América para mí tiene un gran sentido”.

“Como expositor disfruto mucho mostrando los instrumentos a la gente. Dejo que los niños los toquen, que los conozcan, que jueguen”.

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