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Espacio Inmobiliario » Perspectiva Urbana

EDICIÓN | Abril 2017

Larcomar

Lima. Perú
Larcomar

Luego de dos años revisando algunos temas de interés nacional, desde la densificación inmobiliaria e importancia de los parques en la ciudad, hasta algunos ejemplos de obras que han sido aporte para el país, así como también, errores que reman hacia atrás en la ruta del desarrollo urbano, damos término a este capítulo para retomar las travesías. Esta vez rescataremos, en un año, seis puntos de Lima, Perú, y seis de Cartagena de Indias, Colombia. Como siempre, intentando develar las fortalezas y debilidades de lo que deberían ser las postales de cada ciudad.

José Pedro Vicente, Arquitecto.

Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago.

www.josepedrovicente.cl

Instagram: @josepedrovicente

Si tenemos que hablar de una ciudad, quizás el equipamiento comercial llamado mall sea el último naipe del fajo. Por el hecho de ser un modelo comercial importado y de funcionamiento autónomo, han sido desacreditados en reiteradas ocasiones, quizás los casos nacionales más emblemáticos, Chiloé y Valparaíso. Lo anecdótico del caso, es que, si no los tuviéramos, nos sentiríamos ajenos al desarrollo. Una especie de mal necesario que nos facilita la vida.

 

Si nos remontamos a la más caprichosa de las definiciones de espacio público —donde califica como tal un equipamiento comercial— entendemos que se refiere al lugar donde la habitabilidad urbana tiene su máxima expresión. Suena un tanto genérica y poco comprometida, sin embargo, busca el mejor de los escenarios para las personas. Un lugar donde se desenvuelven un sinnúmero de actividades, idealmente, de manera segura, coherente, proactiva y respetuosa.

 

Probablemente al referirme al espacio público como el “lugar donde la habitabilidad urbana tiene su máxima expresión” suene un tanto exagerado, ahora bien, si lo entendemos como una caja hermética, cuyo único objetivo es vender, suena aun peor. Dicha realidad, cómoda para todos, terminará por enterrar la identidad de cada lugar donde decidan implementarlo.

 

Cuando pensábamos que íbamos de mal en peor, Larcomar nos da, más que una voz de aliento, una gran lección. Proyectado por el arquitecto Eduardo Figari y ubicado en el encuentro de las avenidas Malecón de la Reserva con José Larco, nos demuestra que (y aquí si me interesa llamarle mall con el fin de exacerbar semánticamente el mensaje) consigue un resultado en plenitud para la ciudad y sus usuarios. No solamente entiende el lugar donde se emplaza, sino, además, lo descubre. Respetando la cota de las avenidas, le hace un sacado al acantilado y edifica hacia abajo, generando espacios públicos donde antes era imposible.

 

Una plaza como antesala es una manera interesante de anunciarse y acceder, más aún, si ya nos empezábamos a acostumbrar a grandes murallones de hormigón armado encargados de delimitar y subrayar lo que le corresponde a la vereda versus la inversión comercial. Una vez en su interior, nos transformamos en beneficiarios de un bulevar con vista al mar, siendo este el que nos lleva a la puerta de cada uno de los locales. Es decir, estamos hablando de una experiencia en la actividad y no en la mecánica de caminar hasta encontrar lo que buscamos.

 

Respeto por las vistas, generar lugar donde no lo había, relación con el horizonte, incorporación de áreas verdes al programa comercial, y tantos otros bienes en pro de las personas, nos recalca que lejos está de ser un modelo importado, por el contrario, un desafío particular que supo jerarquizar los intereses.

 

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