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EDICIÓN | Abril 2017

¿Quién educa a nuestros hijos?

Pilar Sordo
¿Quién educa a nuestros hijos?

En el estudio No quiero crecer se concluía que para educar bien a un hijo se necesitaban cinco cosas importantes: ternura, firmeza, fuerza de voluntad, paciencia y sentido del humor. Creo de corazón que a los padres se nos olvidó que la primera responsabilidad educativa la tenemos nosotros y elegimos un colegio para que no sólo nos ayude en esa tarea, sino para que la haga por nosotros, cuando no es así. La misión educativa es colaborativa.

Cada vez me toca con más frecuencia compartir y presenciar este tipo de discusión, tanto en las familias como en los colegios y, por qué no decirlo, en universidades también. En algún momento de nuestras historias, nosotros mismos les fuimos quitando poder y tranquilidad a los profesores, y nos colocamos en trincheras opuestas, en lugar de entender que la misión educativa es colaborativa y no competitiva.

Los niños de hoy tienen dos características que nosotros, los adultos, no teníamos cuando niños: son más inteligentes y tienen menos miedos. Sólo con esas dos características saben perfectamente dónde y cómo sacar provecho de las situaciones y al percibir tantas visiones educativas como personas involucradas en su educación, se vuelven unos manipuladores que "manejan" como quieren todos los polos que los están educando.

En el estudio No quiero crecer se concluía que para educar bien a un hijo se necesitaban cinco cosas importantes: ternura, firmeza, fuerza de voluntad, paciencia y sentido del humor. Creo de corazón que a los padres se nos olvidó que la primera responsabilidad educativa la tenemos nosotros y elegimos un colegio para que no sólo nos ayude en esa tarea, sino para que la haga por nosotros, cuando no es así.

Es asombroso cómo, cada vez con mayor frecuencia, se escucha a papás y mamás decirles a los profesores: “dígale usted que estudie, que se corte el pelo, que se bañe etc.", transmitiendo, en ese mensaje, la sensación de que no sabemos qué hacer con nuestros niños. La expresión de límites es una condición amorosa dentro de la educación y para eso necesitamos a los maestros, palabra que debiera reemplazar a la de profesores si queremos comenzar a ubicarlos en la verdadera importancia social que tienen.

Recuperar el valor de los y las maestras va más allá de lo económico, que sin duda hay que regular y mejorar, pero el reconocimiento tiene que ver con devolverles la autoridad que nosotros mismos les quitamos y eso parte desde la casa y de cómo nuestros hijos ven nuestra forma de relacionarnos con la escuela cotidianamente.

Debiéramos trabajar en equipo, tener la misma visión, compartir ideas y crecer juntos familia-escuela para que nuestros niños no manipulen ambos frentes y solo pierdan ellos al no tener claro quién los educa de verdad.

Los límites y el amor parten desde la casa, ese es el lugar número uno para transformar a nuestros hijos en buenas personas, que sean un aporte a los países donde vivimos. En esa tarea, los papás tenemos la obligación de pensar muy bien a quién o a cuál establecimiento educacional le vamos a entregar la responsabilidad de que nos acompañe en esa tarea a lo largo del crecimiento de nuestros niños. Si no coincidimos con los valores o la forma, lo mejor será buscar el lugar que nos permita trabajar en conjunto. Todo esto para no perder la perspectiva de lo que realmente es importante y que tiene que ver con que todo lo hacemos para conformar niños y jóvenes activos y nobles para la sociedad que les toca vivir.

 

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