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EDICIÓN | Abril 2017

El Asia Pacífico y los chocolates envenenados

por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
El Asia Pacífico y los chocolates envenenados

Viña del Mar, 15 de marzo: reunión de países de la Alianza Transpacífica (TPP) para analizar cómo integrarnos mejor. Según balance de la cancillería chilena, la reunión sirvió para avanzar hacia el compromiso del libre comercio y derivó en una cierta intención de apertura e integración comercial en esta, la región con el mayor dinamismo económico mundial.

En un escenario global incierto y volátil, con débiles señales de recuperación y brotes de proteccionismo, un consenso de avance en pos de más cooperación económica, liberalización, compromiso con libertades comerciales y mercados más abiertos, fue todo eso una muy buena noticia.

Feliz, degusté las declaraciones hechas por los encumbrados burócratas, hasta que mordí un sabor extraño. Alguien logró meter entre medio la frase "el libre comercio debiera ser inclusivo y progresista" ¡Plop!, fue alguien local, y explicó que quiso decir que los beneficios causados por los mercados abiertos y el mayor intercambio debiera llegar a todos los sectores. Algo así como: “La globalización debe ser beneficiosa para todos y no sólo para algunos", frase de discurso para cualquiera de los “presidenciables” de izquierda a la Moneda chilena.

Asia Pacífico, “inclusivo y progresista”.  La verdad, no se me habría ocurrido. Felicito la fértil imaginación de los que lograron meter la frase en los elegantes diálogos de este tipo de reuniones. Me imagino a los representantes de China mirándose con extrañeza, y si bien la traducción debió ser correcta, les debe haber sonado a condimento, a merkén, a pastel de arándano a la hora del café.

Inclusión y progresismo. Me salgo del tema por breves segundos. No hace mucho estaba en una reunión de padres y apoderados. La profesora jefa también se refirió a que “el curso debía ser inclusivo”. Sin ánimo de polemizar, esperé la oportunidad de conversar más en privado y pregunté qué quería decir con eso. La respuesta fue vaga, evasiva, e impropia de una educadora. Simplemente, usó un término que ya es un virus peligroso que se mete en cualquier sistema y estructura de pensamiento. Inclusivo, podría significar, en general, que no se ha de discriminar. ¡Bien! Pero bajo el poncho, “inclusivo, inclusión” es un bomba bacteriológica que contiene toda la odiosa ideología del género.

Donald Trump no quiere saber de alianzas estrambóticas. Podemos pensar de Trump muchas cosas, pero las tiene claritas. Y su enviado a Viña del Mar, sólo salió en las fotos. No dijo mucho, no apareció en declaración alguna; y menos firmó algo que comprometa a los Estados Unidos. Se ha dicho que el repliegue de los Estados Unidos desde foros y alianzas, como el TPP, le deja la región disponible a China.  Error. A los chinos este tipo de cosas justamente no le gustan. En Viña del Mar, el enviado de Beijing también sonrió para la foto, pero jamás abrió la boca. “Inclusión y progresismo”. ¿Me habla usted en chino? Estando hace un año yo mismo en una conferencia internacional, en China, y analizando exactamente este tema, dijo el vocero chino: “Toda esa cosa neurótica de la ideología del género desatada en Europa, se expandirá a Latinoamérica como una peste”. Profético. Para terminar las citas, qué mejor que lo señalado por el Papa Francisco, que llamó “a cuidarse de la más artera de las ideologías que hoy ataca al mundo y a la fe cristiana: la ideología del género, que implica un cambio total y pretende reemplazar la visión cristiana de la persona, la familia, la sociedad, y que rechaza completamente a Dios como creador”.

A la región Asia Pacífico se le ha llamado el escenario del futuro; como lo fue el Mediterráneo en su tiempo, y luego lo fue el Atlántico y sus bordes. En otras épocas, actuaron reinos e imperios, siempre inspirados por visiones del mundo que de un modo u otro nos han traído hasta el hoy. ¿Qué viene ahora? Los participantes en la comunidad del Pacífico, hablan de mercados abiertos al flujo de bienes y servicios, fortalecimiento del comercio basado en normas claras y respeto a los principios de soberanía y autonomía nacional. Altos estándares como clave para la integración y promoción económica; libre competencia, innovación, mejor productividad para generar empleos, reducción de costos y así lograr máximo beneficio y bienestar para las personas.

Nada tiene que ver en todo eso la inclusión y el progresismo. A Chile le han dado por un rato el liderazgo en estas reuniones. En vez de velar por lo que puede engrandecer al país, estamos repartiendo chocolates envenenados. Naciones Unidas, que es una nave escorada hacia la banda de babor, eligió a la presidenta “paladín en el tema del género”. Horror. Lo único que faltaba; no sólo se quiere derrumbar la casa propia, sino “incluso” el barrio. La retroexcavadora ahora quiere ser un terrible tsunami. ¿Alguien podrá rescatarnos y de paso, salvar el Asia Pacífico?

 

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