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EDICIÓN | Marzo 2017

Vivir en equilibrio

Mandala Yoga Fitness
Vivir en equilibrio

Casi sin darse cuenta, dos amigas diseñaron una nueva disciplina que mezcla la flexibilidad del yoga junto a la fuerza del fitness: Yoga Fitness. Este proyecto, único en su tipo, busca entregar las herramientas precisas para lograr los beneficios del acondicionamiento físico y también la conciencia corporal que permite la milenaria práctica, los elementos precisos para enfrentar de la mejor manera nuestra ajetreada cotidianeidad.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Juan Leonel

¿Se han encontrado con alguna historia de esas que reafirman que las coincidencias no existen? Si no les ha pasado, esta será la oportunidad. Porque los caminos de Valentina de la Cerda y Beatriz Mejías se cruzaron desde siempre y, hoy en día, las juntan en un proyecto que no solo desarrolla un nuevo concepto en actividad física, sino además, interviene un espacio y crea una especie de refugio al aire libre para quienes buscan su propio rumbo.

Las dos estudiaron en el Colegio San José, donde forjaron una amistad que se mantiene hasta hoy y juntas han ido armando este sueño que hoy podrían calificar como un emprendimiento físico-espiritual: el Yoga Fitness.

La llegada de Valentina al mundo del yoga fue algo fortuito. Tras finalizar sus estudios de Periodismo en la Universidad Católica del Norte, en 2010, inició un viaje que la hizo conocer diferentes culturas que la motivaron a profundizar sus conocimientos en el yoga, disciplina que por esa época practicaba como complemento a su vida diaria, sin imaginar que un par de años después se transformaría en su más importante proyecto.

Por su parte, Beatriz desarrolló el gusto por el mundo del ejercicio y el fitness desde muy temprana edad. De hecho, pese a que años más tarde estudiaría Educación Parvularia, su inclinación por el deporte fue más fuerte, por lo que viajó a Santiago y se recibió como preparadora física.

 

EL DESCUBRIMIENTO

Aunque ambas aman el deporte y el ejercicio, nunca pensaron que lograrían esta revolución entre los amantes de la vida sana, uno de los proyectos fitness más interesantes del último tiempo. Valentina hace las veces de vocera, aunque es inevitable que el tema las apasione a las dos.

¿Cómo nació el Yoga Fitness?

Apenas salí de la universidad, trabajé un año, junté plata y me fui a vivir a Nueva Zelanda por un año y medio. Luego recorrí el sudeste asiático y fue justamente en ese viaje donde llegué a la India. Si bien yo venía practicando yoga como asistente a clases nada más, una vez que estuve allá, tomé un curso, pero nunca pensando en ser instructora. Después volví a Chile y me ofrecieron hacer clases de yoga, en la Universidad Católica del Norte.

 

¿Cómo tomaste este nuevo desafío?

Me ofrecieron hacer un taller de yoga, pero dije que no, porque quise ejercer como periodista y, sobre todo, porque sentía que el yoga era algo personal, además de no tener nada de experiencia en el tema. Ahí fue donde me dijeron que no era un yoga tradicional, sino algo más dinámico que entusiasmara a los estudiantes. Así nació el concepto de Yoga Fitness.

En ese momento fue cuando llamaron a la Bea. Por su preparación, ella maneja técnicas pedagógicas y, además, rutinas de ejercicios.

Bea ¿y cómo fue para ti este descubrimiento?

Desde mi época escolar en la Escuela de Desarrollo Artístico y el Colegio San José, lugares donde practiqué todos los tipos de gimnasia, me encanté con la actividad física. Primero estudié Parvularia, pero no era lo que quería en realidad… siempre seguía el bichito de dedicarme de alguna manera al deporte. Luego tomé la decisión de ir a Santiago con la finalidad de hacer un postgrado en sicomotricidad, pero al final estudié Preparación Física, que era lo que en verdad me gusta. Como ya tenía la pedagogía lo junté, lo complementé y comencé a trabajar en gimnasios para niños y estimulación temprana durante mi estadía en la capital. Estudié y trabajé un tiempo en Santiago y justo volví cuando llegó Valentina de la India; me puse a trabajar en un gimnasio para niños acá con mis talleres, y paralelo a eso comenzamos con el Yoga Fitness. Al principio, hacíamos clases en la UCN y luego dos veces a la semana en cualquier lugar, por amor al arte, con la finalidad de aprender y seguir trabajando juntas. Después de un año juntamos “lucas”, pudimos crecer y empezaron a aumentar los horarios de clases, los alumnos y la calidad de las clases.

Valentina, ¿fue complicado iniciar esta innovación deportiva?

Al principio costó, nos cuestionamos mucho, y si miramos hacia atrás y lo comparamos con sus inicios, el Yoga Fitness que hacemos hoy es totalmente diferente. Comenzamos nuestros talleres experimentando, con la complicidad de nuestros primeros alumnos que se daban cuenta de que era una innovación, algo nuevo. En sus inicios, el Yoga Fitness era mitad clase de yoga y mitad de acondicionamiento físico. Después empezamos a fusionar usando ciertas posturas de yoga para hacer repeticiones de flexiones de pierna o de abdominales. Poco a poco empezó a tomar forma, siempre respetando ambas disciplinas, con movimientos articulares previos para generar conciencia del propio cuerpo y ejercicios de respiración, para finalizar la clase con una relajación guiada. Un equilibrio perfecto.

¿Cómo ha sido el proceso de perfeccionamiento?

Por mi parte soy amante de los viajes y siempre estoy pensando dónde voy a ir y ahora que me dedico a esto siempre pienso qué curso tomar. Por eso decidí que mi segundo gran viaje sería la ruta del yoga. Me fui recorriendo distintas ciudades partiendo por Argentina, buscando todos los centros de yoga que encontraba para aprender de ellos y mostrar algo de nuestro Yoga Fitness. Todo lo iba registrando en mi blog “La Ruta del Yoga”.  

Y comenzaron a crecer…

Sí, empezamos a tener diferentes niveles y por eso necesitábamos agrandar el equipo para cubrir todos los horarios de clases y así fue como invitamos a otros instructores, Kat Lagos, Germana Sepúlveda, Evelyn Morales y Alexander Suárez, además de sumar a Pía Trullén que maneja nuestras redes sociales, que son nuestro vínculo con la comunidad. El año pasado fuimos tres instructoras del equipo a un curso de ashtanga y el año pasado a un congreso de FIEP, que es algo así como Federación Internacional Deportiva, donde tomamos capacitación en Pilates y ejercicios para embarazadas, todo con el fin de mejorar nuestra metodología.

¿Qué ha sido lo más complejo?

El nombre. Existen otros yoga fitness, pero no es lo mismo. Esta es una disciplina que ha surgido en el hacer, con mucha intuición y preparación. La marca ya estaba siendo usada y, entre trabajo y trabajo, nos hemos quedado con esta denominación.

 

EL DOMO MANDALA

Como parte de su entrenamiento, Valentina y Beatriz salían a practicar al sector del Balneario, donde se encontraban con quienes hoy son sus fieles alumnas. “Ellas se acercaron y nos pidieron que les hiciéramos clases. Quizás ni siquiera se imaginan lo que significan para nosotras, porque su ánimo y apoyo nos han impulsado a seguir avanzando, por eso aprovechamos de agradecer de manera muy especial a Aida Kalasic, Angie Williams, Delletta Brady, Annette Storie y Felicia Begou, quienes al igual que nuestras propias familias, nos alientan día a día”, nos dicen Valentina y Beatriz.

Para ellas, Mandala Yoga Fitness es el resultado de muchas oportunidades que se han ido presentando como si los astros se confabularan a su favor, tal como en las primeras reuniones con Arte y Cultura de la Dirección General Estudiantil de la UCN.

Realmente su evolución ha sido vertiginosa…

Ha sido un hermoso camino en el que queremos seguir avanzando. De apenas tres alumnas llegamos a más de veinte y, con ello, nació la necesidad de habilitar un lugar apto, cómodo y seguro. Por eso luchamos por construir el Domo Mandala, con una infraestructura sencilla, pero que acoge a todas las disciplinas que busquen contribuir a fortalecer el cuerpo, pero también el alma. Cada persona que lo utiliza aporta a su mantención, que muchas veces es difícil por los constantes daños a los que estamos expuestas. Es terrible cuando llegamos en la mañana y vemos todo destrozado. Pero respiramos profundo, ponemos manos a la obra y empezamos de nuevo. No vamos a ceder.

 

“En sus inicios, el Yoga Fitness era mitad clase de yoga y mitad de acondicionamiento físico. Poco a poco empezó a tomar forma, con movimientos articulares previos para generar conciencia del propio cuerpo y ejercicios de respiración, para finalizar la clase con una relajación guiada. Un equilibrio perfecto”.

 “Existen otros yoga fitness, pero no es lo mismo. Esta es una disciplina que ha surgido en el hacer, con mucha intuición y preparación. La marca ya estaba siendo usada y, entre trabajo y trabajo nos hemos quedado con esta denominación”.

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