Tell Magazine

Entrevistas » Cultura

EDICIÓN | Marzo 2017

TRAZOS DE LA GRAN MANZANA

Rodolfo Edwards, artista y arquitecto
TRAZOS DE LA GRAN MANZANA

Líneas que se cruzan. Mapas y planos que dan cuenta de la formación de este artista y de cómo la arquitectura y la geometría van mezclándose en contextos inesperados, en paisajes que llaman a repensar la forma en que vivimos. Instalado en Nueva York, este artista de los trazos, vive, trabaja y duerme en el más alucinante de los planos urbanos.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos: Andrea Barceló.

Siempre estuvo ligado a la pintura pero decidió buscar una formación más integral y entrar a estudiar arquitectura. Pero no es cualquier parte, eligió con pinzas la escuela de la Católica de Valparaíso, porque sabía de su formación multidisciplinaria, de sus acercamientos al diseño y al arte. Fue su primer paso para reconocerse artista. Después vendrían otros.

 

Reconoce que creció en una casa es que el arte era importante, con bisabuelo pintor y tío retratista. A los 35 años, dice que siempre supo hacia donde apuntaba su vocación, pero eligió una carrera tradicional de la cual se fue enamorando de a poco, sobre todo cuando comenzó a dibujar espacios, a crear espacios tridimensionales. Sintió que lo suyo iba por ahí.

 

¿Qué pasó cuando egresaste y empezaron a llegar “encargos” que limitaban tu libertad creativa?

Ahí empieza el debate interno, porque sales de la universidad y te encuentras con un mundo de negocios, de lógica, de factores que comienzan a desilusionarte porque descubres que la creación artística es lo que menos vale. Y la arquitectura que me habían enseñado se transformó en algo aburrido. Fue ahí cuando decidí alejarme, tomar distancia. Y partí a Nueva York.

 

 

HÍBRIDOS EN LA TELA

 

El primer objetivo de Rodolfo en Norteamérica fue estudiar. Eligió la academia The Art Student League, donde realizó un programa de cuatro años especialmente diseñado para extranjeros. En ese espacio volvió a pensar en la arquitectura.

 

“Cuando estaba en la universidad hacía muchas rayas, me pasaba así en todas las clases teóricas, como matemáticas y física, en las que realmente no quería estar… dibujaba planos, ciudades. Y lo mismo lo empecé a llevar al arte. Con ideas a veces obsesivas, por ejemplo con las líneas, con crear ciudades medio colgantes o de ficción”.

 

También está presente la geografía…

Es un factor muy importante, que además siempre me ha apasionado. Me fascinan los mapas, el clima, el medioambiente y como este puede ser hostil. En algunos trabajos que son más fotográficos he recalcado más esa idea, de poner ciudades en medio de la selva, en plena cordillera, desierto o incluso en el mar.

 

No sólo pintas, sino que mezclas bastante pintura con fotografía.

Sí, llevo como cuatro años haciendo hartas cosas con fotografía, aunque la técnica es muy similar, voy cortando las líneas y armo una especie de puzle, en que voy mezclando la ciudad con el entorno, superponiendo imágenes.

 

Es un trabajo muy minucioso. ¿Tiene que ver con tu personalidad? ¿Eres obsesivo?

La minuciosidad viene como consecuencia de la necesidad de crear. Veo una imagen, por ejemplo, del amazonas o de una quebrada, y quiero plasmarla en un paisaje del sur… es una especie de híbrido.

 

¿Cómo explicarías tu proceso creativo? ¿Cómo traspasas la creación a algo tan lineal?

Todo parte de una estructura. Lo que hago es como una grilla, casi como un gráfico desde el cual comienzo a rellenar este rompecabezas. No tengo muy claro el resultado final y eso hace parte de la aventura de construir. Si empiezo un trabajo muy predestinado me aburro, se me acaba la adrenalina, pero cuando van sucediendo cosas en el camino termina siendo un trabajo mucho más completo. Y eso se traduce en un aprendizaje. Partí muy lento, me demoraba mucho en hacer un cuadro, pero hoy que la técnica se ha ido soltando, he agarrado más confianza y trabajando con más fluidez, en obras más grandes.

 

 

LA CIUDAD DE LAS LÍNEAS

 

Después de seis años en Nueva York, ¿cuáles han sido tus descubrimientos?

Yo ya venía desarrollando un estilo y allá pude reafirmarlo. He aprendido mucho, pero lejos lo que más te influencia es la ciudad misma, los artistas que hay en todos lados, las galerías, los museos, las corrientes. Uno ve tanto arte, tanta variedad que sientes la libertad de crear cosas que van más allá de lo convencional.

 

¿No da miedo tratar de hacerse un nombre en un lugar con tanto artista talentoso?

No, todo lo contrario. El anonimato te sirve para buscar tu propio rumbo. En Chile inmediatamente te encasillan, te dicen que te pareces a otro… allá cada uno va por su lado.

 

¿Para alguien que pinta planos y mapas debe ser muy estimulante vivir en la Gran Manzana?

Sí. Se intensifican los ruidos, la velocidad. A veces vas en el metro y te quedas pegado mirando una pared o una escalera… está lleno de elementos que se pueden desarrollar.

 

¿Eres muy urbano?

Sí, pero últimamente la naturaleza está llamando mucho mi atención. Hace poco hice una serie con selva, campo, ríos y trópico, pero siempre mezclando ambas cosas, mostrando que la arquitectura está siempre presente, casi como lenguaje.

 

¿Cómo te has insertado en el mercado artístico neoyorkino?

A nivel local, he participado bastante en las corrientes de artistas latinoamericanos. Estuve en la Bienal del Bronx, hicimos una exposición en el City Hall. También me han invitado a participar en unas ferias con una galería francesa.

 

¿En seis años cómo ha cambiado la escena artística chilena?

Se está abriendo, está mejorando y se están rompiendo algunos cánones, como el academicismo o el favoritismo de algunas universidades con los alumnos artistas. Están surgiendo galerías nuevas, con gente que quiere ir más allá de lo establecido y levantar talentos nuevos.

 

“Cuando estaba en la universidad hacía muchas rayas, dibujaba planos, ciudades. Y lo mismo lo empecé a llevar al arte. Con ideas a veces obsesivas, por ejemplo con las líneas, con crear ciudades medio colgantes o de ficción”.

 

“En Nueva York he aprendido mucho, pero lejos lo que más te influencia es la ciudad misma, los artistas que hay en todos lados, las galerías, los museos, las corrientes. Uno ve tanto arte, tanta variedad que sientes la libertad de crear cosas que van más allá de lo convencional”.

 

“Si empiezo un trabajo muy predestinado me aburro, se me acaba la adrenalina, pero cuando van sucediendo cosas en el camino termina siendo un trabajo mucho más completo. Y eso se traduce en un aprendizaje”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación1+6+5   =