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EDICIÓN | Marzo 2017

Técnica milenaria

Odette Cárcamo, artista del patchwork
Técnica milenaria

Hermosas y novedosas obras de patchwork ha confeccionado durante más de veinte años, Odette Cárcamo. En cada pieza pone todo su esfuerzo y dedicación para ejecutar una técnica que requiere una gran concentración e involucra otras manualidades de orígenes milenarios y diversos.

Por Soledad Posada M. / fotografías Sonja San Martín D.

Al ver una colcha o cuadro de patchwork es imposible no detener la mirada en cada detalle de textura, puntadas, figuras geométricas, géneros, etc. Luego, se admira la obra completa, para apreciar las tonalidades que consiguen las mezclas de colores, siempre al gusto de la creadora. En este caso, Odette Cárcamo, una profesora de Educación Básica de profesión, que despliega toda su creatividad y habilidad manual en cobertores, mantas, manteles, colchas, pieseras, cubrecamas, tapices y paños de diferentes tamaños. Sin contar otros productos utilitarios, como carteras, mochilas y billeteras. “Todo se puede hacer con esta técnica, incluso vestuario de toda índole”, aclara Odette.

Para ella lo más importante es hacer combinaciones de buen gusto, buscar materiales de buena calidad, aplicar la técnica correcta y poner mucha atención en las terminaciones, que es donde se distingue la excelencia de la manufactura. Cada obra puede requerir mucho tiempo, meses e incluso años, por lo que también es relevante el entusiasmo y las motivaciones de cada uno, para conseguir el objetivo. En cuanto a la forma de trabajo, “hay personas que quieren seguir los patrones dados, que se sacan de libros o directamente de sitios de internet especializados, y hay otros que prefieren crear sus propios diseños, mezclar sus telas y colores”.

PASO A PASO

El patchwork incluye todo tipo de técnicas, como las aplicaciones, seminole, sashiko, boutis, vitroux, trapunto, bordado a mano o a máquina, aplicación hawaiana, caleidoscopio, leg cabin y paper piecing. Cada técnica tiene su historia y son parte de las tradiciones de los pueblos de todas partes del mundo. Algunas conservan, hasta hoy, su forma tradicional de aplicarla, como los diseños Hamish, y otras han evolucionado con la tecnología. “Las máquinas de coser actuales ahorran mucho tiempo, por su gran versatilidad. Los cortes también se pueden hacer con el máximo de precisión para que los cuadros o triángulos queden todos iguales y perfectos”.

Para Odette, antes de empezar un proyecto de patchwork, hay que buscar la motivación, cuál es la idea que se quiere transmitir, a quién va dirigido el patchwork y qué tipo de paño se quiere hacer. Luego, se elige el diseño y las telas necesarias. “Buscar las telas puede requerir mucho tiempo, porque cuesta encontrar los géneros exactos que se desean. Por eso siempre ando mirando géneros, sobre todo cuando viajo”. Después, se cortan las piezas y se unen de acuerdo al diseño, para formar la cubierta o top. Para el acolchado o quilting se necesita el top, la napa y la tela del forro. También, es posible privilegiar más los diseños en el acolchado, que se logran al coserlo contra el top. “Hay que conseguir un equilibrio entre los diseños que sobresalen en el acolchado y la unión de las piezas, para que resalte solo uno de los dos y así no se anulen”, explica Odette.

RECICLAR

Como el estilo patchwork ofrece tantas ideas para realizar, este año Odette está empezando un nuevo proyecto que incluye trabajar con telas recicladas, y que todos pueden hacer buscando entre las telas antiguas que siempre hay en las casas, como las corbatas de seda, que se van acumulando en el clóset, las telas de la ropa de los bebés que ya crecieron o alguna manualidad hecha por las abuelas, que al ser incluida en un patchwork se transforma en un recuerdo vivo, que perdura en el tiempo y con nuevo uso. Las telas que no son de algodón, en general, son más decorativas y utilitarias, sirven para hacer bolsos o billeteras. Odette trasformó un bolso de su abuela, conservó la correa de la cartera antigua con hebillas incluidas, y el cuerpo lo hizo aplicando patchwork.

¿Qué es lo que más te gusta del patchwork?

Lo mejor de hacer trabajos de patchwork es saber que alguien tiene algo que yo hice con mis manos. Eso le da valor al regalo. Además, se pueden incorporar motivos que signifiquen algo para esa persona.

¿Qué les dirías a quienes quieren empezar?

Solo haría una advertencia: cuando se inicien en esto, no pararán nunca más. Para mí es adictivo, cuando empiezo un trabajo no quiero parar, siempre estoy ansiosa por terminar. Lo más importante es disfrutarlo. Todos hacen algo distinto, que los distingue del resto, porque impregnan su personalidad y su estado de ánimo.

¿Quiénes son tus referentes?

Lynette Anderson, Rosalie Quinlan, Anini Down y Leanne’s House. En este último sitio web, la autora, Leanne Beasley, entrega el patrón o diseño de cada bloque una vez al mes, para después de nueve meses completar el paño. En el envío, se incluyen las instrucciones y materiales para desarrollar cada cuadro o solo el dibujo. A ellas les piden sus creaciones de todas partes del mundo, por el sello que las distingue.

¿Qué más se puede conseguir al aprender esta técnica?

Al realizar un patchwork, las personas también aprenden a ser perseverantes, pacientes, ordenadas y organizadas. Además de conocer sobre otras culturas, muchas veces milenarias, porque detrás de cada técnica hay una historia de siglos que la acompaña y que se transforma en una muy interesante lectura y hasta un trabajo de investigación, si se quiere ahondar más.

 

“Hay que conseguir un equilibrio entre los diseños que sobresalen en el acolchado y la unión de las piezas, para que resalte solo uno de los dos y así no se anulen”.

“Lo mejor de hacer trabajos de patchwork es saber que alguien tiene algo que yo hice con mis manos”. 

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