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Entrevistas

EDICIÓN | Marzo 2017

SIN FRONTERAS

Angélica Castro, actriz y animadora
SIN FRONTERAS

Sigue tan vigente como hace veinte años. En Estados Unidos tiene una exitosa carrera profesional y una preciosa vida familiar, pero no corta el vínculo con Chile. No puede ni quiere hacerlo. Para ella, no existen países ni límites, sólo ganas y pasión por todo lo que emprende.

Por Mónica Stipicic / Fotos Andrea Barceló

Se fue de Chile hace diecisiete años y sigue completamente vigente en nuestro país. Parece imposible, pero esta animadora y actriz lo ha conseguido. Un poco a propósito y un poco por casualidad, manejando una carrera que siempre la tiene con un pie en Chile, criando una hija tan chilena como gringa y conservando ciertos espacios íntimos en su país, como su refugio en Vichuquén, espacio que salió a defender aguerridamente de los últimos incendios.

 

Viene a Chile por lo menos una vez al mes. A veces más. Pero nunca puede comprar los pasajes con anticipación, porque nunca sabe muy bien que estará haciendo en un par de semanas. Está tan acostumbrada a viajar, que es capaz de trasladarse por el día, duerme impecablemente arriba de un avión y puede bajarse y estar una hora después, espléndida, animando un evento o sentada en un set de televisión.

 

Angélica partió muy joven en el mundo del espectáculo. Primero como modelo cuando era una adolescente y muy joven como conductora del mítico espacio Más Música. Comenzó a probar suerte en la actuación e hizo un par de teleseries cuando se dio cuenta de que necesitaba aprender a hablar inglés. Y, decidida como es, hizo las maletas y partió a Los Angeles por tres meses.

 

Lo que nunca imaginó es que esos tres meses se alargarían para siempre. Que allá sería contactada por Peter Banderas, el mismo manager de Cindy Crawford, quien le conseguiría un espacio en el canal E! Que los trabajos comenzarían a aparecer uno tras otro y que debería encargarle a su hermana cerrar su departamento y vender su auto. Que haría su vida en Estados Unidos y que en esas calles tan lejanas se encontraría con otro chileno, a quien conocía como compañero de canal, que se enamorarían, se casarían y tendrían una hija. Pero Angélica es de las personas que se deja sorprender y hoy, junto a Cristián de la Fuente y Laura, de doce años, forman una verdadera familia de embajadores chilenos.

 

“Soy una persona que vive cada día como si fuera el último. Y eso me permite estar mucho más abierta a lo que va sucediendo. Uno no puede saber con total seguridad lo que es mejor para uno, podemos tener una idea y trabajar duramente para conseguirla, pero en el camino siempre se van abriendo nuevas opciones. Y a mí la vida me ha ido sorprendiendo con nuevos y mejores caminos”, explica.

 

¿Cómo ves estos diecisiete años? ¿Cuáles son tus conclusiones de esta aventura?

Ufff… increíbles años de mucho aprendizaje, de grandes experiencias, de crecimiento al máximo y de mucho éxito a todo nivel. Han sido años bastante redondos, en que he tenido la posibilidad de plantar y de cosechar, de disfrutar de esos frutos… ha sido una tremenda bendición.

 

MIAMI, MÉXICO, CHILE

 

Después de una larga estadía en Los Angeles, desde hace tres años la familia está instalada en Miami. Las razones para el traslado fueron varias: primero, la cercanía con México, país donde Cristián participa en teleseries, la facilidad para tomar un vuelo y llegar en ocho horas a Santiago y, quizás la más importante, el hecho de que el hermano de Angélica y su familia hayan llegado a vivir a esa ciudad, con la posibilidad de hacer familia y de que Laura crezca y comparta día a día con sus primos.

 

“Cristián trabaja cinco meses al año en México. Y viaja todos los viernes a Miami. Si a veces no puede hacerlo, partimos nosotras para allá. Si de repente nos dan ganas de celebrar el cumpleaños de alguno de nosotros en Chile, partimos también… sé que suena raro pero es el sistema que hemos ido armando naturalmente”, dice.

 

¿Miami es muy distinto a Los Angeles?

No demasiado, porque al final mi mundo está en mi casa, con mi familia. Cuando no estoy en algún proyecto, voy a dejar y a buscar a Laura al colegio, la ayudo con las tareas, conversamos, jugamos cartas. Si Cristián está vamos juntos al gimnasio, vamos al cine los tres. Valoramos mucho hacer vida de hogar, porque cuando nos toca trabajar es muy intenso e individualista. Los fines de semana hacemos asados familiares con mi hermano y se vive al ritmo de una ciudad en la playa, un poco más tranquilo y con un clima exquisito.

 

¿A qué crees que se debe que sigas tan vigente en Chile?
Creo que es una mezcla de factores. Lo primero es que a mí Chile me apasiona, me encanta y tengo súper claro que todo lo que he construido ha sido gracias a lo que aprendí en mi país; es ahí donde he hecho mi vida y mi carrera, donde vive mi familia… no podría dejar de viajar todo el tiempo, aunque trabajara en algo diferente. A eso se suma que, gracias a la carrera que he hecho en Estados Unidos, me mantengo vigente para que me llamen… de Chilevisión para animar Súper estrellas, de Canal 13 para el Bienvenidos, de TVN para La misión, de Mega para Los especialistas

 

Has pasado por todos los canales…
He pololeado con todos y ha sido muy lindo, porque he podido conocer varios equipos, muy profesionales y de una tremenda calidad humana. También hay un noviazgo largo con las campañas publicitarias, he sido y soy rostro de varias marcas, entonces muchas veces siento que nunca me he ido. Imagínate que tengo un programa en Radio Romántica en el que salgo al aire todos los días.

 

Para que esta vida errante se haga más simple, los De La Fuente Castro tienen un departamento en Providencia, con ropa en los closet y cepillo de dientes en el baño. Laura tiene su dormitorio decorado a su gusto, por lo que pueden partir al aeropuerto sólo con lo puesto. “Siempre me preocupó que mi hija tuviera estabilidad a pesar de tanto viaje, que tuviera su espacio, su mundo. Y lo hemos conseguido, ella es súper sólida, segura, se siente completamente chilena, ama nuestra casa en Vichuquén y las navidades acá con la familia”.

 

¿Tienes un equipo en Chile que te ayuda con los trabajos?

Sí, sino es imposible. Nada de lo que he hecho en mi carrera habría resultado sin el apoyo de la familia, sin el marido y la hija que tengo y mi equipo. En Santiago me ayuda mi cuñada, que me lleva la agenda, coordina las entrevistas, también tengo alguien para los eventos y la gestión de prensa, un abogado, un contador. Y en Estados Unidos, lo mismo. Mi manager también tiene oficina en México y en Los Ángeles. En el fondo, no veo la pega por países, para mí es un todo sin fronteras.

 

¿Y cómo lo compatibilizas con los tiempos para ser mamá?
Las prioridades son claves y para nosotros la Laura siempre va a estar primero. Sobre la base de eso nos movemos. Yo estuve dos meses en Nueva York, por ejemplo, y Cristián la llevó para allá, después se quedó conmigo; y así vamos coordinando. En el colegio nos apoyan mucho, le permiten adelantar o atrasar pruebas si tiene que viajar y tratao de tomar proyectos grandes en sus meses de vacaciones para que pueda acompañarme. Vamos combinándonos para que siempre uno de los dos esté con ella y si pasa algo de fuerza mayor, en que sea imposible coordinar la agenda, viaja mi cuñada o mi hermana al rescate, para que siempre esté con alguien de la familia.

 

ÉXITO TEATRAL

 

La actuación ha sido el área que más satisfacciones le ha entregado a Angélica en su desarrollo laboral en Estados Unidos. Ha hecho series de televisión y cine, pero es el teatro el que en el último tiempo la ha mantenido ocupada, entretenida y fascinada.

 

Su debut en las tablas se produjo recién llegada a Miami con la obra Brujas, una comedia con cinco actrices latinas. “Tuve mucha suerte, caí en un tremendo grupo, de mujeres cero competitivas y muy solidarias. Lo disfrutamos al máximo, porque además veníamos con el antecedente de que Miami no era una buena ciudad para hacer teatro, por lo que la posibilidad de fracasar era muy grande. Pero al final nos fue increíble, estuvimos muchos meses en cartelera y hasta fuimos premiadas por la ciudad por nuestro aporte a la cultura. Yo venía llegando, así que fue una oportunidad inmensa de validarme”, señala.

 

La segunda parte de este romance con el teatro llegó de la mano de un thriller psicológico. Angélica recibió de una amiga actriz el texto de El beso del jabalí y no pudo soltarlo hasta el final. Se fascinó con la historia de dos hermanas y audicionó para el papel, aunque sabía lo complicado que sería. Y quedó en un rol que tuvo tanto éxito que la llevó a Nueva York, a la meca del teatro.

 

“Te enfrentas a un público exigente, es una locura. Nos preparamos durante un mes y medio antes de estrenar allá, con clases de dicción y movimiento. Me acompañó Karla Monroig, una actriz portorriqueña que también había sido compañera mía en Brujas, así que estábamos súper afiatadas”.

¿Cómo les fue?

Fue una experiencia increíble. Estar en Nueva York, vivir en Nueva York… tuvimos mucha prensa, una tremenda cobertura tanto en inglés como en español. La crítica fue tan buena que hoy están analizando la posibilidad de llevar la obra a Europa.

 

VERANO INCENDIADO

 

Durante diciembre estuvo reemplazando a Tonka Tomicic en la animación del matinal Bienvenidos. Fue el comienzo de un verano intenso y noticioso, que tuvo su punto culmine en los graves incendios forestales que afectaron al centro sur del país y que llegaron con mucha fuerza a Vichuquén, localidad con la que Angélica está muy comprometida.

 

“Fue muy fuerte, pero no por mi casa, sino porque yo tengo un vínculo muy fuerte con la gente que vive ahí, con los pescadores, los artesanos, los dueños de los negocios… el cuidador de mi casa y su familia son también mi familia, pasamos juntos los cumpleaños, Semana Santa, comemos en su casa y en la mía. Imagínate que yo partí a Vichuquén y ni siquiera pasé por mi casa, sino que me fui a la de ellos, a darles un abrazo y ofrecerles ayuda”.

 

¿Cómo viviste la tragedia en el lugar?

Era indomable, no tenía fin y era muy frustrante. Aunque también fue esperanzador ver como todos se unieron: dueños de casas, arrendatarios, artesanos, todos trabajando para detener el fuego, mucho más allá de su metro cuadrado.

 

Una de las lecciones que esta tragedia tuvo que ver con las redes sociales, con las noticias falsas que se fueron diseminando. ¿Cómo lo viste tú desde tu lugar como líder de opinión, pero al mismo tiempo involucrada en los hechos?

Hubo hartas cosas en juego. Creo que, por un lado, las redes sociales sirvieron muchísimo para informar y recolectar ayuda. A mí me ayudaron mucho por esa vía. Ahora, que se digan cosas sin verificarlas es muy delicado, porque las comunicaciones son muy inmediatas y masivas, y es muy fácil alarmar innecesariamente. Yo dije muchas veces que si hay algo que yo misma estoy viendo, que claramente es intencional, que me parece extraño y sospechoso hay que denunciarlo. No nos podemos quedar callados. Y yo subí un video, uno solo, en que la persona que lo grabó estaba identificada, a tal punto que estuvo en televisión hablando de eso. No subí nada alarmante porque sí. Tengo plena conciencia de mi responsabilidad como comunicadora, hay que tener conciencia de que las redes sociales no son tu diario de vida y que es posible hacer mucho daño. 

 

“Soy una persona que vive cada día como si fuera el último. Y eso me permite estar mucho más abierta a lo que va sucediendo. Uno no puede saber con total seguridad lo que es mejor para uno, podemos tener una idea y trabajar duramente para conseguirla, pero en el camino siempre se van abriendo nuevas opciones. Y a mí la vida me ha ido sorprendiendo con nuevos y mejores caminos”.

“A mí Chile me apasiona, me encanta y tengo súper claro que todo lo que he construido ha sido gracias a lo que aprendí en mi país; es ahí donde he hecho mi vida y mi carrera, donde vive mi familia… no podría dejar de viajar todo el tiempo, aunque trabajara en algo diferente”.

El beso del jabalí fue una experiencia increíble. Estar en Nueva York, vivir en Nueva York… tuvimos mucha prensa, una tremenda cobertura tanto en inglés como en español. La crítica fue tan buena que hoy están analizando la posibilidad de llevar la obra a Europa”.

“El incendio fue muy fuerte, pero no por mi casa, sino porque yo tengo un vínculo muy fuerte con la gente que vive ahí… el cuidador de mi casa y su familia son también mi familia, pasamos juntos los cumpleaños, Semana Santa, comemos en su casa y en la mía. Imagínate que yo partí a Vichuquén y ni siquiera pasé por mi casa, sino que me fui a la de ellos”.

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