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EDICIÓN | Marzo 2017

CONTRA LA CORRIENTE

Anneliese Dörr, doctora en Psicología
CONTRA LA CORRIENTE

Lleva años estudiando los efectos de la marihuana en jóvenes escolares y sus hallazgos son alarmantes. Más aún sabiendo que uno de cada tres estudiante chilenos la consume y que en Chile se encuentra la mayor plantación de Latinoamérica. Aunque su aporte es desde la ciencia, decidió transformarse en voz de una causa que, de no frenarse, nos transformará en un país de jóvenes con menos habilidades cognitivas producto de una droga que, pese a ser socialmente aceptada, está lejos de ser inocua.

Por Carolina Vodanovic/ Fotos Andrea Barceló

Entró a estudiar psicología por azar y, a poco andar, se encantó con la carrera. Hija del destacado psiquiatra Otto Dörr, desde niña y sin tabúes, en la mesa familiar conoció aspectos de la realidad. “A veces para proteger al niño se tiende a no hablar ciertos temas, entonces el menor recién sabe de la droga cuando ya la probó”.

 

Nacida en Heidelberg, Alemania —mientras su padre realizaba un doctorado— vivió dos períodos de su infancia en ese país. Terminó el colegio en Chile y de ahí no paró de estudiar: primero su pregrado, luego en Francia se especializó en psico-diagnóstico y tras varios años de docencia, posgrados y un magíster en clínica infanto-juvenil, finalmente se doctoró en psicología en la Universidad de Chile.

 

Desde hace un año y medio, Anneliese es la directora del Departamento de Psiquiatría y Salud mental Oriente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, entidad que forma a los médicos que buscan especializarse en esta rama. Nunca un psicólogo había llegado a esa posición.

 

¿Y cómo fue que llegaste al tema de las adicciones, específicamente la marihuana?

En la carrera académica se hace investigación y docencia. Para hacer buena investigación, yo necesito que el tema me motive. El 2006, conversando con jóvenes y pacientes, empecé a ver que el tema del consumo de marihuana se estaba desperfilando, así que invité a un grupo de expertos para que viéramos qué daño real producía la droga y revisar los papers serios que se habían escrito. Encontramos información sobre gente que llevaba muchos años consumiendo y nos propusimos observar a los jóvenes que están en enseñanza media, que consumen, pero que todavía no son un problema, ni para los padres ni para la sociedad, aunque siempre están consumiendo. Decidimos compararlos con aquellos que no lo hacen. Ahí se empezó a elaborar esta idea.

 

DAÑO IRREPARABLE

 

Eligieron una muestra transversal y el SENDA —en ese entonces CONACE— les facilitó un cuestionario sobre hábitos de consumo y costumbres, completamente anónimo. Lo aplicaron y luego seleccionaron una muestra, distinguiendo a los que sólo consumían marihuana (no otra droga) y la parearon con un grupo equivalente que no consumía nada. Controlando las variables de la manera más estricta posible, redujeron la muestra a cuarenta consumidores puros de marihuana e igual número de no consumidores. Los resultados fueron alarmantes: existía una diferencia estadísticamente significativa en las habilidades cognitivas necesarias para aprender en el colegio.

 

“El 2011, volvimos a hacer lo mismo y esta vez conseguimos pasarles un Neuro Spect (imagen que muestra la irrigación en el cerebro). Constatamos que los niños que consumían marihuana tenían áreas que se repetían y que estaban hipo funcionando, es decir, que no estaban actuando bien. Estas áreas tenían que ver con la memoria, el hipocampo, el área 25 de Brodmann (que es la que regula el afecto) y el lóbulo frontal, que es lo último que evoluciona en el ser humano y tiene relación con la planificación, algo así como la agenda mental y el control de la conducta, el no dejarse llevar por la gratificación inmediata. Nos topamos con cerebros de diecisiete años muy dañados”.

 

Luego vino un tercer estudio, esta vez cualitativo y con el cual hizo su tesis doctoral. Volvió a revisar todo lo que se había estudiado y publicado respecto a la marihuana. “Me di cuenta de que, a nivel científico, no había discusión respecto al daño que provoca esta droga”.

 

¿Y qué pasa con sus posibles beneficios medicinales?

A la fecha no se conocen bien y los resultados que hay son muy discretos. Hoy en día hay un engaño, porque se hacen sinónimos marihuana y salud y se comete un grave error cuando se piensa en la marihuana como medicina. Esta planta tiene casi quinientos componentes distintos y, de esos, setenta son cannabinoides. Conocemos el THC, que es un psicoactivo que estimula áreas del cerebro y el CBD que tiene que ver con la regulación de la excitación de la neurona, que se están estudiando para casos de epilepsia gravísimos como el que tiene la niñita de California, que tras ingerir una cepa obtenida en un laboratorio disminuyó significativamente sus convulsiones… Pero es solo una y un caso no hace ciencia. Además, no es gracias a la planta, sino que a uno de sus quinientos componentes. Se está estudiando un componente y para hacerlo, necesitamos tener las plantaciones de marihuana más grandes del mundo. Tal como el tomate ha sido genéticamente modificado para hacer un súper tomate, la marihuana también. El THC se ha alterado para hacerla más adictiva y hoy en día se ha cuadriplicado su concentración. Es mucho más tóxica y adictiva y, peor aún, cuando se usa en cerebros inmaduros, es decir, en menores de veintiún años.

 

¿El consumo en adolescentes es incluso más dañino?

El consumo antes de los diecisiete años provoca daños neurobiológicos. El cerebro en la adolescencia se empieza a reorganizar; tal como a un adolescente le cambia la nariz, lo mismo sucede adentro. Al meterle este tóxico lo modificas y se producen cambios en la estructura cerebral y un daño irreversible. En la adolescencia es cuando el cerebro es más delicado y, lamentablemente, coincide con el período en que los jóvenes más experimentan.

 

SIN FUTURO

Fue gracias al tercer estudio, de orden cualitativo, que comprobó otro rasgo característico que llamaba su atención en los jóvenes consumidores: la vivencia del tiempo. “El estudio arrojó que los adolescentes consumidores no ven el futuro, el pasado aparece bastante borroso y el presente “presentizado”, es decir, los amigos y el carrete. Efectivamente, aparecían proyectos en sus vidas pero eran irrealizables, no anticipaban los pasos a dar para conseguir ese propósito y delegaban mucho el futuro en la madre o el destino”.

 

¿Y acaso ese no es un rasgo propio de la adolescencia?

Cuando eres niño, eres puro presente, la agenda la maneja tu madre; cuando ya eres adolescente se incorpora la dimensión futura, y empiezas a dar los primeros pasos para lograr las metas. Pero estos jóvenes iban cambiando de proyecto, de día en día, nada permanecía. El adolescente normal anticipa los pasos: si quiere ser deportista tiene que ir a entrenar. El consumidor dice ‘relájate’, pero desgraciadamente ese relajo tiene que ver con que se está viendo afectado su prefrontal, la planificación, entonces no están logrando conseguir las metas que se propone y va cambiando de propósito a cada rato. A los diecisiete años tienes que hacerte cargo del adulto que vas a ser. Ya tienes esa capacidad.

 

Cada uno de los tres estudios fue difundido a nivel nacional e internacional en prestigiosas revistas científicas. Pero Anneliese quiso ir más allá y compartirlo a nivel de la sociedad civil, justamente por la preocupante cifra de consumo que hay en Chile. “Hay un exterminio de mentes, se están perdiendo cabezas sin que los jóvenes sepan. Ellos están siendo engañados, están recibiendo el mensaje de que esto es saludable y los padres tampoco lo tienen claro. He empezado a dictar charlas en los colegios y empecé a capacitar a profesionales, incluso del SENDA. Debemos parar esto ahora mismo”.

 

¿Regular el consumo no es la mejor manera de proteger a la población?

No, está probado que legalizar el consumo solamente lo aumenta. En todos los lugares donde se ha legalizado la droga, se ha disparado el consumo.

 

¿Por qué el gobierno, a través de los distintos ministerios, no se ha hecho cargo de concientizar a la población?

No tengo respuesta, lo encuentro dramático, de un descriterio inexplicable. Aquí se desperfiló el tema; se está invirtiendo una cantidad de recursos enorme en mejorar la educación en los niños chilenos, cuando ellos no están en condiciones de responder a las exigencias académicas, porque sus habilidades cognitivas están mermadas. Tenemos el récord mundial en consumo de marihuana en escolares: en cuarto medio casi la mitad de ellos fuma. El Ministerio de Educación, en este tema, ha mantenido un silencio inexplicable; si vas a concientizar a la población escolar ya es tarde en la adolescencia, esto debe comenzar en la básica, cuando la norma entra a fuego.

 

¿Por qué nadie para esto?

Hay un negocio detrás, es cosa de ver cómo se instaló la industria tabacalera, asociando el cigarrillo con salud, diciendo que hacía bien para el asma, para blanquear los dientes, para la tos, para la garganta, para adelgazar… La fórmula resulta, el marketing hace muy bien su trabajo.

 

“Constatamos que los niños que consumían marihuana tenían áreas que se repetían y que estaban hipo funcionando, es decir, que no estaban actuando bien. Nos topamos con cerebros de diecisiete años muy dañados”.

“Tal como el tomate ha sido genéticamente modificado para hacer un súper tomate, la marihuana también. El THC se ha alterado para hacerla más adictiva y hoy en día se ha cuadriplicado su concentración. Es mucho más tóxica y adictiva y, peor aún, cuando se usa en cerebros inmaduros, es decir, en menores de veintiún años”.

“El consumo antes de los diecisiete años provoca daños neurobiológicos. El cerebro en la adolescencia se empieza a reorganizar y al meterle este tóxico lo modificas y se producen cambios en la estructura cerebral y un daño irreversible”.

“Está habiendo un exterminio de mentes, se están perdiendo cabezas sin que los jóvenes sepan. Ellos están siendo engañados, están recibiendo el mensaje de que esto es saludable y los padres tampoco lo tienen claro. Debemos parar esto ahora mismo”.

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