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EDICIÓN | Marzo 2017

TODO POR ELLAS

Fabiola Olate, fundadora de Mujeres Influyentes
TODO POR ELLAS

Logró reunir a más de trescientas mujeres en un seminario preparado por y para ellas. Empresarias, microempresarias, emprendedoras, a punto de emprender, todas congregadas generando lazos y la sinergia necesaria para empoderarse y salir adelante con sus negocios y con sus sueños. Una mujer de armas tomar, una profesional que tras pasar varios años como dueña de casa, hoy saca la voz y quiere llevar a la delantera a todas las mujeres influyentes.

Por Carolina Vodanovic/ fotos Andrea Barceló

Nacida y criada en Papudo, a los trece años Fabiola Olate dejó la casa materna y se vino a estudiar al Instituto Nacional Femenino en Santiago. Desde ese día se forjó sola; pasó de la niñez contenida de pueblo a una preadolescencia capitalina, con más estímulos y posibilidades: “Fue casi como llegar a Europa”.

 

Deportista y buena alumna, obtuvo una Beca Presidencial y, una vez egresada, optó por estudiar Diseño de Modas en el Incacea. La imagen personal fue algo que siempre le llamó la atención; pero lo suyo iba más allá, había una búsqueda permanente por las emociones, un trabajo de introspección, aires de libertad que la llevaron a plantearse innumerables cuestionamientos. No sólo se iba formando como profesional, sino además como persona; una joven abierta al mundo que apostaba por la mujer, que creía en sus capacidades y que desde su posición abogaba por sus derechos y los de sus pares.

 

“Trabajé desde los quince años y siempre me llamó la atención la red de apoyo con la que contaban los hombres, tanto en términos laborales como de contención económica. Si alguno se quedaba sin pega, llamaba a un amigo y le pedía que lo recomendara con otro amigo… y así sucesivamente. Pero como las mujeres siempre hemos estado al cuidado de los niños, nuestros emprendimientos son muchas veces como un juego para los maridos”.

 

En 1990, y con sólo veintidós años, fue candidata a Miss Chile y obtuvo el tercer lugar. Le tocó representar a nuestro país en el Miss América Latina, donde fue quinta finalista. Desde ese día, ha hecho un puente entre el frívolo mundo de las pasarelas y la moda, con su mirada más integral, conectada con las emociones. Hoy es coach y ofrece asesorías de imagen a través de su consultora, TCreo. “Somos seres humanos psico-físico-espirituales, no somos seres fragmentados, pero nos olvidamos de eso. El servicio que yo ofrezco en asesoría de imagen tiene que ver con lo que soy, no puedo dejar de lado eso. Necesito entender para qué mis clientas quieren una asesoría; muchas me hablan de lo quiere el marido, pero yo me preocupo de saber qué quieren ellas”.

 

UN LARGO CAMINO

 

Vivió varios años con su familia fuera de Chile, primero en Argentina y luego en Colombia, y constató que las necesidades de las mujeres en Latinoamérica eran muy parecidas. “Lo primero era dejar a un lado el tema del pobreteo, del ‘pobrecitas las mujeres’, y hacernos cargo de lo que nos pasa. Me daba cuenta de que todas se quejaban de lo mismo. Estamos acostumbradas casi a pedirles por favor las cosas a los hombres, porque tenemos una imagen paternal tan arraigada, que no nos damos cuenta de que somos seres libres e independientes. Libres de decir ‘no quiero’, de decir ‘estos niños son tuyos también’. Libres de querer trabajar y que eso no signifique recriminaciones. Yo veía en la mujer una necesidad de tener plata, pese a tener maridos súper exitosos”.

 

De vuelta en Chile puso en marcha su consultora y, a través de asesorías, reuniones y charlas mensuales con grupos pequeños, comprobó que la situación acá era la misma. “Los hombres se preguntan por qué las mujeres andan con la cara larga y muchas veces es porque ellas no tienen un mundo aparte, un lugar donde puedan florecer. Tenemos la obligación de enseñarles a nuestras hijas a velar por sus derechos y a vivir en igualdad de condiciones. Si uno se enferma o viaja la casa queda patas para arriba, ¡y si el marido se enferma o se va de viaje no pasa nada!”.

 

Recuerda haberse topado muchas veces con mujeres que, con esfuerzo, llegaban a sus talleres pidiendo disculpas por gastarse la plata en una asesoría. “Me atrevería a decir que en los estratos socioeconómicos bajos la mujer se permite más cosas. Ellas trabajan, ya sea en la feria o vendiendo en un puesto, ayudan a sus maridos económicamente y son súper organizadas. En cambio, en los estratos altos es mucho más dependiente. Conozco casos de mujeres que no manejan plata en efectivo, que van a comer con amigas y piden pagar la cuenta con su tarjeta para que el resto les pase efectivo, o incluso, algunas que van al supermercado y después venden las cosas con el mismo objetivo. Ahí te das cuenta de que tienen necesidades y que terminan mintiéndoles a los maridos… ¡Nefasto!”.

 

¿Por qué pasa esto?

Creo que nunca hemos salido del patriarcado, del condicionamiento a quemarropa de que el papá, el hombre, es intocable. Nos crían como princesas y cuando crecemos queremos seguir siendo tratadas como tales, pero nos topamos con maridos que intentan imponer su criterio y que si queremos más plata nos pongamos a trabajar.

 

De un tiempo a esta parte, las cosas están cambiando. Y así lo han podido comprobar Fabiola y su socia Francisca Silva, diseñadora y chef. “Mujeres Influyentes no vino a inventar la rueda, sino que captamos una necesidad real. Pudimos comprobar que aquí lo que se necesita son espacios creados para la mujer de una forma cariñosa, amorosa, ayudándola a captar qué es lo que le pasa y qué hace con eso. Muchas veces tienen la inquietud, pero les falta el espacio para emprender. Después del primer encuentro “Ganas tú, ganamos todas”, en marzo del año pasado y que fue como nuestro ‘piloto’, comenzaron a trabajar colaborativamente. Nos conectamos con nuestras necesidades, nos escuchamos, volvimos a las comunidades, a la época en que las mujeres se protegían”.

 

¿Qué pasa con los hombres cuando escuchan este discurso?

No me dicen nada, pero he sabido que me respetan, precisamente porque piensan que ‘aleono’ a las mujeres. Más que aleonarlas, creo que me escuchan y me acogen porque no hablo desde la victimización ni desde la agresividad. Yo tengo marido, hijo, un papá que adoré… y finalmente el hombre es educado por mujeres. Yo les hablo desde mi experiencia y si enganchan y les empieza a hacer ruido el mensaje, es porque ya vienen de un proceso interno. A los hombres puede incomodarles mi discurso, pero eso está cambiando. Quieren que sus hijas sean profesionales, que trabajen y sean independientes, pero ¿qué pasa con su señora?, ¿por qué pierden la categoría de mujer?

 

“Está claro que todo cambio te moviliza y te inseguriza. Estamos acostumbrados a una sociedad súper machista, donde se hace lo que el hombre dice. Somos doble estándar, porque en la casa dicen que la mujer hace y deshace, pero controlada siempre por el hombre, económica y emocionalmente. Es un tema ciento por ciento de control, el hombre fue educado para decir siempre la última palabra. A mí me encanta que me cuiden, pero es una elección, no una imposición”.

 

Firme partidaria del cambio de paradigma, Fabiola aboga por una sociedad más igualitaria, con más oportunidades para la mujer. “Nadie está hablando de salir a las calles y sacarnos las poleras. Cada año celebramos el Día de la Mujer porque le debemos mucho a esas mujeres visionarias que nos dieron la oportunidad de votar, de leer, de trabajar; todavía nos encontramos con mujeres que no tienen derechos de salud, que valen menos que un animal… basta ver los casos de trata de blancas o los matrimonios concertados entre niñitas y hombres mayores”.

 

“Estamos acostumbradas casi a pedirles por favor las cosas a los hombres, porque tenemos una imagen paternal tan arraigada, que no nos damos cuenta de que somos seres libres e independientes. Libres de decir ‘no quiero’, de decir ‘estos niños son tuyos también’. Libres de querer trabajar y que eso no signifique recriminaciones”.

“Yo tengo marido, hijo, un papá que adoré… y finalmente el hombre es educado por mujeres. A los hombres puede incomodarles mi discurso, pero eso está cambiando. Quieren que sus hijas sean profesionales, que trabajen y sean independientes, pero ¿qué pasa con su señora?, ¿por qué pierden la categoría de mujer?”.

“El hombre fue educado para decir siempre la última palabra. A mí me encanta que me cuiden, pero es una elección, no una imposición”.

“Tenemos la obligación de enseñarles a nuestras hijas a velar por sus derechos y a vivir en igualdad de condiciones. Si uno se enferma o viaja la casa queda patas para arriba, ¡y si el marido se enferma o se va de viaje no pasa nada!”.

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