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EDICIÓN | Marzo 2017

Joyectrónica

María Alejandra Hernández, artista visual
Joyectrónica

Son miles las piezas las que esta artista selecciona y recicla de los más variados aparatos tecnológicos electrónicos. Casi sin intervenirlas, va creando joyas y accesorios como sacados de una saga de ciencia ficción. Con un fin estético, social y ambientalista, María Alejandra afirma que cada una de las piezas que reutiliza en sus creaciones, es una menos que contamina nuestro planeta.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U.

Esta profesora de artes visuales de la Universidad de La Serena con mención en cerámica y escultora, recalca que, ante todo, es una investigadora. Y es que más de la mitad de su vida la ha dedicado a estudiar y transformar los más increíbles materiales que, por diversas razones, llegan a sus manos. Cuando cursaba octavo básico, aprendió a trabajar la palma chilena y haciendo uso de distintos elementos las convertía en máscaras. El resultado fueron piezas únicas, de las cuales el noventa y nueve por ciento eran adquiridas por extranjeros. “La belleza de la Jubaea Chilensis, me fascinó. Durante cuatro años expuse mis máscaras en Las Tacas y las personas pensaban que eran traídas de otro país”, comenta la artista.

 

De las máscaras pasó a esculpir y tallar con fuego la plumavit de alta densidad. Luego, trabajó el papel maché y, más tarde, se las ingenió para crear una serie de esculturas con bombitas de agua. En el intertanto, se propuso estudiar todos los residuos que botaban las empresas de la región y a investigar lo que llegaba hasta el vertedero de Coquimbo. “Eran toneladas de material reutilizable que llegaban a este lugar y comencé a hacer las gestiones para recuperarlas antes de que su destino fuese el vertedero. En una oportunidad, el dueño de Celta me regaló la carga completa de un camión con residuos de telas. Un grupo de mujeres de Tulahuén, se encargó de reutilizar este material en cientos de cobertores, cojines y cuadros”, recuerda María Alejandra.

 

¿Y cómo llegas a los residuos electrónicos?

Mi pareja, Pedro Alvarado, es experto en reciclado de material electrónico y tecnológico. Con él entendí lo que era hacerse cargo de este tipo de material. Hoy, Chile es el contaminante más grande de Latinoamérica, dicho por la Universidad de las Naciones Unidas. Este tema me llamó tanto la atención que Pedro me regaló dos bolsas grandes de piezas y partes de cobre, bronce, acero y aluminio. Cuando las vi pensé inmediatamente en transformarlas en joyas, pero jamás había hecho una.

 

JOYAS DEL FUTURO

 

Hace cinco años llegó este material a su poder y desde entonces estudió su resistencia, la anatomía, cómo ensamblar y torcer las piezas y si el contacto afectaba a la piel. “Comprendí entonces por qué un celular, un computador o un LED son tan caros y es porque todas las piezas que vienen en su interior son de alta tecnología y son muchos los procesos para llegar al resultado final”.

 

¿Piezas que provienen de distintos equipos tecnológicos?

De todo lo que existe en material tecnológico electrónico, es decir, computadores, celulares, CPU, impresoras, fax, scanner, pantallas, etc. Todo lo que tenga placas, circuitos eléctricos y motores.

 

Un mundo inimaginable

¡Es impresionante la cantidad de tornillos que tienen estas piezas! en todas las formas y diseños. Son capas de micas, acero, plástico, acrílico y partes que no logras imaginar que están ahí ¡Aquí hay estética, belleza!, incluso me he encontrado con piezas étnicas…

 

¿Cómo las seleccionas?

Todo lo que es material tóxico se va a Santiago y lo que es desarmable y no es tóxico se lleva al Centro Laboral Jean Piaget, en Coquimbo. Aquí tenemos un curso de chicos en situación de discapacidad que se dedican al reciclado electrónico. Con el desarme de estas piezas ellos desarrollan sus capacidades sicomotoras y comienzan a comunicarse con sus terapeutas.

 

Es además un trabajo con sentido social

¡Absolutamente!, porque ellos separan, reducen, desarman, clasifican, embalan y una vez a la semana les llevamos el material, las herramientas y todas las semanas los estamos capacitando… Ahora, la selección de las piezas para las joyas las hago yo, porque evidentemente es algo mucho más específico.

 

¿Dependiendo de la forma y tamaño de la pieza, le das un destino?

¡Eso es una maravilla! (saca una bolsa repleta de pulseras y de distintos colores) ¡Mira estos colores! Y todos esos son hilos de aluminio forrados con plásticos. Además de las pulseras, elaboro collares, pulseras, anillos, llaveros, tobilleras.

 

¿Intervienes las piezas?

Lo menos posible, ni siquiera las perforo porque los agujeros que tienen las piezas son de los tornillos.

 

¿Cómo reacciona la gente frente a tus joyas?

Hasta ahora ha sido muy positivo. Participo constantemente en exposiciones y las joyas las compran ambientalistas y personas de todas las edades. Gracias a esto me gané un premio de la CORFO y estoy en un nodo de emprendedores que se llama Diseño de Autor. El año pasado, el municipio de Coquimbo me obsequió un curso de orfebrería con Sandrino Thomas.

 

¿Tienes posibilidades de presentar tus productos en el extranjero?

¡Todas las del mundo! porque ProChile me las ha dado, el tema es que no me siento totalmente preparada. Hace poco obtuve la propuesta del packaging, son cajitas de tetra pack de las leches de un litro. El aluminio de la caja queda por fuera y va con el logo Joyectronic, que es el nombre de mi marca. Tengo que mandar a hacerlas y así una serie de detalles más… viajar a Europa quedará para más adelante.

 

Indudablemente tus joyas son un aporte a la descontaminación

La gente bota todo a la basura y en el caso de los aparatos tecnológicos estos comienzan a oxidarse, a mezclarse con las pilas, metales y circuitos provocando que supuren al exterior y eso contamina ¡todo! Sin duda, el valor agregado de este trabajo es que cada pieza que utilizo en las joyas es una menos que va a parar a un vertedero. 

 

“Son capas de micas, acero, plástico, acrílico y partes que no logras imaginar que están ahí ¡Aquí hay estética, belleza!”

“Todo lo que es material tóxico se va a Santiago y lo que es desarmable y no es tóxico se lleva al Centro Laboral Jean Piaget, en Coquimbo”.

“El valor agregado de este trabajo es que cada pieza que utilizo en las joyas es una menos que va a parar a un vertedero”.

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