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EDICIÓN | Marzo 2017

“Este hobbie es el lego de los viejos”

Vittorio Pedemonte, restaurador de autos antiguos

Los compra como chatarra, desmantelados, completamente destruidos y los convierte en lo que alguna vez fueron: unos lujosos autos de la época. Aunque este reconocido empresario no lo reconozca, su taller es un verdadero museo. Hace cinco años, una nueva manera de ver la vida lo llevó a incluir esta afición dentro de sus prioridades y, desde entonces, ya ha restaurado diez autos. Su único propósito, tal como él afirma, es “salvar estos cacharros” y el destino de este tesoro no le preocupa, pues está seguro de que algún día quedarán en buenas manos.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U.

El más antiguo data de 1935 y, el más nuevo, de 1971. Todos brillan. Todos funcionan. Todos tienen sus patentes y revisiones técnicas al día. Y es que cada uno de los autos de Vittorio Pedemonte (55) pasaron de ser una chatarra inservible, deshuesada y abatida por las inclemencias del tiempo, a unas joyas que, con nostalgia y romanticismo, nos transportan al pasado.

 

En un amplio y pulcro taller que instaló en su parcela, en La Serena, este inquieto empresario lleva cinco años dedicándose con pasión a lo que por un largo tiempo relegó. Restaurar autos antiguos llegó de la mano de un cambio de vida y de una nueva filosofía que lo hizo poner el freno en el acelerador. Por una opción personal, hoy solo forma parte del directorio de las distintas empresas que posee en Iquique, Calama, Copiapó y La Serena. Va mucho menos a su oficina, la que solo usa como plataforma para conectarse y estar al tanto del funcionamiento y gestión de las otras ciudades.

 

“No tenemos una vida infinita, el taxímetro no perdona y todas las actividades tienen su tiempo. Decidí delegar mi trabajo y dedicarme a lo que quiero porque tengo amigos cercanos que he tenido que despedir en el cementerio. Mi abuelo murió trabajando y mi padre se enfermó trabajando, por lo tanto, no quiero seguir esa tradición”, recalca Vittorio.

 

¿Eras muy trabajólico?

¡Extremadamente trabajólico! Muy inquieto, hiperactivo y estructurado.

 

¿Era el momento de cambiar?

Por una serie de circunstancias, producto de los negocios, dejé mucho tiempo de lado a la familia. Las fiestas de Navidad y Año Nuevo las pasaba trabajando, me perdí muchos momentos importantes de mis dos hijas. Sin duda, hubo un beneficio económico, pero el costo fue alto porque no supe regular los tiempos. Hoy, disfruto de manera egoísta de viajar con mi esposa, de salir en moto con mis amigos vagos, de ir a pescar y de armar mis cacharros… Siempre me han gustado los autos antiguos, pero no podía dedicarme a esto porque vivía arriba de los aviones, tenía que resolver los problemas de la “pega” y siempre tuve mucha gente a cargo, entonces nunca me di el tiempo.

 

 

¿Durante esos años, tampoco tuviste un auto regalón para restaurar?

Sí, pero como no podía restaurarlos los mandaba a un taller, pasaba un montón de rabias y finalmente no les hacían nada. Así, perdí tres autos: un Ford 47, un Chevy 51 convertible y un Plymouth 47.

 

EL ARTE DE LA RESURRECCIÓN

 

Su padre era mecánico y tenía un garaje. A los nueve años, Vittorio comenzó a relacionarse con este oficio y, al egresar del colegio, estudió ingeniería mecánica en Inacap, pero duró tres años. “Me fue mal porque me gustaban las fiestas, entonces decidí trabajar. En ese momento vivíamos en Santiago y conocí a unas personas que tenían una maestranza. Surgió la posibilidad de trabajar con ellos, pero en La Serena. Me di cuenta de que trabajar en la minería era atractivo y decidí independizarme. Partí al norte y me fue bien. Fueron dieciocho años de bonanza. Tenía los recursos para trabajar menos y comencé a desligarme de los negocios”.

 

No debió ser una decisión fácil

Es muy difícil de un día para otro dejar de trabajar. Me sentía muy incómodo y comencé a dedicarme a mis cacharros y a lo que por tanto tiempo había postergado.

 

¿Y en qué momento aprendiste a restaurar autos antiguos?

¡Yo soy un gallo con suerte! Mi cuñado, Ricardo Cobler, tiene como pasión restaurar autos antiguos. Como buen maestro y totalmente desinteresado, se dio el tiempo de enseñarme e incluso hasta hoy, me ayuda en conseguir y elegir los autos.

 

¿Cuál fue el primer auto que restauraste?

Partí con un Ford Montclair 1957, modelo Coupe. Este fue el primer auto que tomé en serio y que lo hice integral. Luego, un Ford 1935 Coupe y así sucesivamente…

 

¿Qué otros modelos conforman esa lista?

Un Oldsmobile Coupe 1947, un Chevy Bel Air Coupe 1957 ¡precioso!, un Corvette convertible 1962, una camioneta Apache de 1960 y un Ford Comet 1967 modelo Caliente ¡este es el que más me gusta! También tengo un Ika Renault Torino de 1971, es el mejor auto fabricado en Argentina en toda su historia.

 

¿Y cómo llegan a tu vida estos modelos?

Quienes nos dedicamos a esto somos como cazadores. Buscamos por todas partes una oportunidad, porque los autos antiguos son muy escasos. Si hubiese hecho esto hace veinte años hubiese sido más fácil. He traído autos desde San Pedro de Atacama, de Concepción… todo es por datos y es que ¡no somos pocos los cacharrientos! En La Serena hay dos o tres personas que tienen uno o dos autos antiguos. El tema es que son muy escasos, requieren tiempo y tampoco es barato.

 

Sin duda, es un pasatiempo que requiere “lucas”

Sí, pero para eso trabajé más de treinta años. Nunca gasté todo lo que ganaba. Si generaba diez, vivía con ocho. Y esta afición no solo pasa por un tema de “lucas”, a quienes nos gusta esto le tomamos un cariño especial a los autos viejos. Estamos muy involucrados porque, de alguna manera, los sacamos de la muerte. Todos estos autos pudieron ir a parar a una chatarrería y nosotros los salvamos. Este hobbie es el lego de los viejos y da lo mismo pagar por estos juguetes.

 

¿Cuánto pagas por un cacharro?

Siempre son valores muy bajos. Estamos hablando de dos o tres millones de pesos que he pagado por autos malos.

 

¿Y cuánto inviertes para restaurarlos?

Tengo autos en los que he gastado hasta cuarenta mil dólares y solo en repuestos. En los autos que son finos o únicos vale la pena invertir esta cantidad.

 

¿Cómo convences a la persona para comprar su auto viejo?

Les digo que va a quedar en buenas manos, que se va a salvar. Ellos jamás lo van a vender para chatarra.

 

¿Sientes que es un pasatiempo adictivo?

Más que adictivo es desafiante. Cuando compro un cacharro siempre digo: “tengo que salvarlo”.

 

MOTORES POTENTES

 

Actualmente, Vittorio se entretiene restaurando un Mustang 1969. Hace un año lo compró en Coquimbo, completamente destruido y desmantelado. Hoy, el flamante deportivo ya luce un intenso color amarillo. Vittorio agrega que su forma de trabajar en los cacharros es de exclusiva dedicación para cada modelo. “Me dedico a uno, lo termino y empiezo con el otro. El Corvette me tomó dos años restaurarlo porque estaba muy dañado y, además, tuve que traer tres veces repuestos de Estados Unidos. Por lo general, me demoro un año en dejar un auto funcionando. Ahora tengo dos autos que están muy deteriorados, esperando su turno”.

 

¿Algún modelo que hayas traído del extranjero?

El Oldsmobile 1947 lo traje de Estados Unidos. Es un modelo conservado, muy escaso y en Chile es el único que existe.

 

¿Si necesitas un repuesto dónde lo buscas?

Los gringos hicieron un tremendo negocio. Tienen un catálogo con todo lo que necesito para armar un auto. Es caro, pero tienen las piezas, de lo contrario, las fabrican.

 

¿Una vez terminado, usas los autos?

Sí, voy a comprar el pan (risas) ¡Claro que los uso! Voy a la playa, de paseo…

 

¿Y no pasas inadvertido?

Si es un convertible voy con la capota. Me gusta usar los autos, pero no para que me miren. La verdad es que como es un desafío los uso pensando en que lo armé yo, que anda bien, que no tiene ruidos y que funciona el “descueve”.

 

¿Cuál es tu favorito?

Curiosamente los más feos. El Ford 55 que es una lancha y pareciera que ando arriba de un jacuzzi. Me gusta porque es muy elegante para la época. El otro es el Chevy 57, es nervioso, potente, entretenido.

 

¿Estás en busca de algún modelo especial?

No. Cuando encuentro un auto que me gusta lo compro y lo restauro. Mi tendencia son los autos americanos, los Coupe o deportivos. Los sedan nunca me han gustado. Si tengo que buscar algo tiene que ser con motores potentes. Siento que me estoy poniendo “choro” ¡tráiganme los autos que quieran porque los dejo el “descueve”! Para mi es un desafío ¡nada más!

 

¿Has pensado en el futuro de estos autos?

Estuve treinta años pensando en hacer cosas, en cómo hacer los negocios y hoy me siento con la libertad de decir “me da lo mismo”. Lo hago porque me gusta y punto.

 

¿No tienes ninguna expectativa?

Cuando ya no esté, los autos quedarán ahí. Mi mujer y mis hijas verán qué hacer con ellos. Lo único que sé es que estos autos van a quedar en buenas manos. Cualquier persona que los quiera no será para romperlos y los cuidarán como un tesoro.

 

¿Estás dispuesto a venderlos?

¡No!, pero sí estaría dispuesto a entregarlos a un museo.

 

¿Y por qué no hacer tu propio museo?

No tengo ningún problema en mostrar los autos, pero tiene que existir un vínculo cercano o de amistad con alguien para hacerlo. No muestro los autos porque sí… claramente este es mi mundo, donde lo único que busco es cumplir mi desafío. Haré esto por muchos años más… el problema será en mi casa porque si sigo así, en diez años más, tal vez serán veinte autos y tendré que ampliar el taller. Hasta que no me echen de la casa, ¡seguiré jugando con mis cacharros!

 

“Partí con un Ford Montclair 1957 modelo Coupe. Este fue el primer auto que tomé en serio y que lo hice integral. Luego, un Ford 1935 Coupe y así sucesivamente…”

“Tengo autos en los que he gastado hasta cuarenta mil dólares y solo en repuestos. En los autos que son finos o únicos vale la pena invertir esta cantidad”.

“Siento que me estoy poniendo “choro” ¡tráiganme los autos que quieran porque los dejo el “descueve”!”

“Cuando ya no esté, los autos quedarán ahí. Mi mujer y mis hijas verán qué hacer con ellos”.

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