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EDICIÓN | Marzo 2017

PROMESA ECUESTRE

Ignacio Labbé, equitación
PROMESA ECUESTRE

Tiene tan sólo trece años y ya es una de las grandes promesas de la equitación nacional. De familia ecuestre por naturaleza, el sueño de Ignacio es llegar a las grandes ligas.

Por María José Pescador D. Fotografías Danny Bolívar U. 

Su familia ha sido amante de los caballos por generaciones. Su mamá, Maureen Hole, es la dueña del centro ecuestre Los Quillayes de Machalí, donde hacen clases de equitación y donde Ignacio pasa la mayor parte del tiempo. “En vacaciones estoy aquí todos los días, todo el día, y durante el año escolar trato de venir unas cuatro veces a la semana y entrenar varias horas”.

 

Ignacio pide una botella de agua mineral sin gas y se sienta en el restaurante del club con su tenida de jinete y una polera negra con dibujos de muchos auspiciadores, entre los que destaca el de revista Tell. “Esta polera la usé para la Copa Desafío que se hizo el año pasado en el Club de Polo Cachapoal; en verano a veces juego polo, pero definitivamente lo mío es la equitación”.

 

¿Por qué crees que te gustan tanto los caballos?

Es una cosa familiar, mi hermano mayor hace polo, mi hermana equitación, mi mamá tiene el club… entonces era lógico que yo practicara algún deporte con los caballos, porque son parte de nuestra familia.

 

¿Por qué preferiste la equitación?

Porque creo que soy bien mamón, y siempre estoy con mi mamá acá en el club, era más fácil ver equitación que polo…

 

¿La primera vez que te subiste a un caballo?

Creo que a los dos o tres años. Aunque tuve una pausa, porque durante una época me caí mucho, entonces lo dejé un rato y empecé a practicar motocross y enduro, hasta que pasé por unos pastizales calientes, me fui hacia un lado, y tuve que apoyar los pies, y me los quemé. Estuve tres semanas en la clínica, me pusieron injertos y la recuperación fue dura. Eso fue hace un par de años. Prefiero mil veces los caballos.

 

¿Qué te gusta de los caballos?

Que son tranquilos, nunca nos van a hacer nada malo. Yo les tengo cariño porque cuando chico había una yegua muy vieja que se echaba para que yo me apoyara y tomara mi leche con ella. Era una guagua y cuando terminaba mi papa, me quedaba dormido arriba de ella. Cuando me voy de vacaciones, me siento raro al despertarme en las mañanas y no ir a ver los caballos…

 

¿Cuántos caballos tienes?

Dos ponys y un yegua grande.

 

¿Saltas con los ponyes?

Sí, claro. Tengo uno que salta barriles de doscientos litros sin problemas…

 

¿La diferencia entre saltar con un pony y una yegua?

El pony da pasos más cortos, son más mañosos, es más difícil competir con ellos. Las yeguas son más dóciles.

 

¡A COMPETIR!

 

La primera competencia en la que Ignacio participó fue a los cinco años, en el club que tiene la viña Viu Manent en Santa Cruz. Aquel campeonato lo recuerda como una felicidad extrema, una excelente primera experiencia que lo hizo pensar en continuar el camino de forma más profesional. Para eso se inscribió en la Federación Ecuestre de Chile y en la de Valparaíso con el fin de poder participar en competencias de mayor exigencia.

 

¿De qué se trata una competencia de salto?

Es complicado. Primero porque hay que tener equilibrio, cariño con los caballos y enseñarles a saltar, lo que es un tema que puede demorar al menos dos años. Primero se les pone unas varas, después otros objetos más grandes para que aprendan de a poco… Las competencias en sí son por tiempo, el que menos se demora en hacer el recorrido es el que gana, entonces hay que practicar mucho. Los jueces se fijan en que hagas el menor tiempo posible, pero ojalá sin votar ni una valla, porque ahí se empiezan a descontar puntos. Es una mezcla de tiempo y cancha limpia que se dice cuando no se ha caído ninguna barrera.

 

¿Cuánto saltan los caballos con los que compites?

Una yegua que me están prestando salta un metro cuarenta como tope conmigo. En la cancha, un metro veinte a metro treinta.

 

¿Nunca te has caído?

Sí, pero son los gajes del oficio… Hay que pararse y seguir.

 

¿Cuándo empezaste a ser más profesional?

Jorge, que es el profesor de Los Quillayes, le dijo a mi mamá que yo estaba listo para competir en los campeonatos federados. Entonces me inscribieron en la federación y empecé a competir.

 

¿La primera competencia como federado?

A los diez años, en el Club San Cristóbal de Santiago, en la categoría preinfantil saltando entre un metro y metro diez. En esa oportunidad competimos unos once niños. Éramos muy pocos. Salí segundo.

 

¿El primer Campeonato Americano?

A los diez años fui al Campeonato Americano de equitación que fue aquí en Chile. Para ir participé en los clasificatorios y me fue bien, entonces obtuve un cupo en mi categoría que en ese entonces era preinfantil. Ahora soy infantil. Participaron unos doce niños y quedamos seis. Fue en el Club San Cristóbal, y ahí competían más de cien niños de diferentes países como Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Bolivia, Panamá… Aquí logré el puesto treinta y seis, que es bastante bueno…

 

¿Cómo fue?

Gané muchísima experiencia.

 

¿Quiénes son los mejores?

La pelea está entre los brasileños y los argentinos. Ellos hacen un tiempo que es la velocidad de la luz para mí. En este torneo hice cuarenta y tres segundos y ellos hacían treinta y siete segundos en la misma cancha…

 

¿A qué crees que se debe eso?

A la federación que tienen. Hacen más corridas a contra tiempo, más competencias, son más especializados…

 

¿Tu segundo Campeonato Americano?

Fue el 2015, en Argentina. En preinfantil fuimos siete niños. Ahí tuve problemas porque participé con un caballo nuevo, y me puse nervioso… me fue bien pero no tanto como en el de Chile.

 

¿En cuantos campeonatos nacionales has participado?

En dos, el 2015. Y el del año pasado. Si bien no obtuve los mejores lugares, durante el año casi siempre gané en todas las competencias, así que igual quedé contento.

 

¿Qué has aprendido de las competencias en el exterior?

Se puede ver cómo tus rivales manejan a los caballos, para girar, cómo apuran… Es importante ver las técnicas de otros jinetes.

 

¿Consejos para nuevos niños jinetes?

Les diría que hay que tener responsabilidad, harta paciencia, y obediencia.

 

¿Qué quieres estudiar?

Veterinaria y paralelamente quiero seguir compitiendo para ser el mejor de Chile.

 

¿Qué se viene ahora?

Las competencias en el San Cristóbal y en el Santiago Paperchase. Además, tratar de clasificar para ir al Campeonato Americano de este año que se juega en Argentina.

 

¿Cuál sería tu sueño como jinete?

Terminar saltando al estilo de Samuel Parot en Europa.

 

“A los diez años fui al Campeonato Americano de equitación que fue aquí en Chile. Para ir participé en los clasificatorios y me fue bien, entonces obtuve un cupo en mi categoría que en ese entonces era preinfantil”.

“Esto es una cosa familiar, mi hermano mayor hace polo, mi hermana equitación, mi mamá tiene el club… entonces era lógico que yo practicara algún deporte con los caballos, porque son parte de nuestra familia”. 

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