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EDICIÓN | Marzo 2017

APAGANDO INCENDIOS

Capitán Teresa Muñoz
APAGANDO INCENDIOS

Aquí una mirada hacia la catástrofe de los incendios recién pasados, no sólo desde la perspectiva del Ejército de Chile, sino que también desde la mirada de una mujer y madre. Trabaja en el regimiento de Talca, capital del Maule, la zona más devastada de Chile: con ustedes la capitana Teresa Muñoz.  

Por María Paz Macaya O. / fotografías Francisco Cárcamo P.

Desde que era niña, Teresa (36) siempre quiso ser militar, sobre todo después de ver a una banda de militares que llegó a tocar a Collipulli, su ciudad natal. Desde ese momento supo que lo suyo era andar con aquel uniforme.

Sus papás siempre se opusieron, entonces no le quedó otra que ir a la universidad. “Mis papás querían que estudiara algo relacionado con el área de la salud, y por eso entré a la carrera de obstetricia. Pero no era lo mío, no me imaginaba toda mi vida haciendo algo que no me gustaba, así que decidí postular al ejército a escondidas”.

Fue así como una vez dentro de la institución, les contó a sus padres, dejó su carrera y se fue a Santiago. Entró a la Escuela de Suboficiales. Luego hizo el curso de Oficial de Transporte. “En mi especialidad sólo somos seis mujeres, porque antes este curso era sólo para hombres”.

Luego de una carrera ascendente, llegó el momento de ser mamá, por lo que pidió traslado a Victoria, donde vive su familia. “Es difícil compatibilizar nuestro trabajo con la maternidad, sobre todo cuando ocurren situaciones de emergencia y debemos cumplir con nuestra labor de servicio. Por eso tener redes de apoyo, como la familia cerca, es muy necesario”.

ESTADO DE EMERGENCIA

Hoy, esta capitán trabaja en el Regimiento de Talca en donde es Jefe de Adquisiciones, de Relaciones Públicas y Oficial S-4. Se encarga de todas las compras del regimiento, desde un lápiz hasta el material de guerra, también de coordinar todos los servicios logísticos: transporte, abastecimiento, material de guerra, construcciones y de la banda. “En total tengo a mi cargo a ciento cincuenta personas. Tengo mucha responsabilidad”.

Para los incendios, ¿cómo se organizaron?

Empezamos el viernes 20 de enero en la tarde, cuando comenzaron los incendios. Ese día se activó un puesto de mando aquí en el regimiento. Yo había salido justo de vacaciones y tuve que volver. En un primer momento asumimos el mando. Después se integraron escalones superiores de esta unidad y entonces apoyamos con el soporte logístico. Por ejemplo, todos los días enviamos raciones y comida a las diferentes unidades que estaban desplegadas, además todo lo que necesitan: el gas, el agua, el combustible y todo tipo de insumos.

¿Cuántas unidades desplegadas tienen y en qué zonas están ubicadas?

La gente de nuestro regimiento llegó en el primer momento a Empedrado y Santa Olga. También se desplegaron unidades en Vichuquén, Hualañé, Cauquenes y Constitución.  Además, nosotros aquí en la región recibimos a mil novecientas personas que vienen de todos los regimientos del país. De este regimiento tenemos dos BRIFES —Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales— activadas. Ellos ayudan a los brigadistas de CONAF. También se instaló una UFE —Unidades Fundamentales de Emergencia— en Santa Olga. Es una unidad de rescate, los soldados están preparados para evacuar casas y ayudar a las personas. Desde la segunda semana de febrero están sólo en Santa Olga cumpliendo labores de vigilancia y seguridad. En ese mismo lugar, el ejército instaló una base de ayuda militar humanitaria, que tiene doctores, dentistas, veterinarios y donde se da asistencia a los damnificados. Como en este pueblo no quedó nada, todas nuestras unidades están concentradas ahí, para ayudar a la gente a volver a la normalidad y a retomar sus vidas.

SOLDADOS A LA ORDEN

¿Los soldados tienen alguna preparación sicológica para enfrentar este tipo de catástrofes?

No hay preparación sicológica, pero ellos saben que en caso de emergencia o catástrofe natural, el ejército participa en los procesos de ayuda o reconstrucción. Es parte de su formación estar preparados para este tipo de situaciones. Sabemos que están realizando un trabajo que es desgastador, que implica no estar en sus casas; por lo mismo, uno trata que ellos estén lo mejor posible.  

¿Sentiste cierto descontrol o inseguridad en algún momento?

No, porque nosotros manejamos procedimientos que se activan para cualquier emergencia. Además trabajamos en coordinación con las autoridades y otros organismos como bomberos, brigadistas y ONEMI.

¿Tuvieron los recursos suficientes para enfrentar los incendios?

Nunca van a ser suficientes, pero cuando vemos todo lo que desplegamos y la coordinación con la que se trabajó nos sentimos satisfechos de saber que podemos luchar contra una emergencia. Por ejemplo, la base humanitaria que está en Santa Olga es una tremenda infraestructura que además cuenta con la ayuda de otros organismos y de civiles que están ahí, como los trabajadores de la JUNAEB —Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas— que desde ahí entregan comida a los damnificados.

¿Aspectos que mejorar?

Personalmente siento que el ejército reaccionó súper rápido. Imagínate que esto empezó, sorpresivamente, una tarde y por la noche ya teníamos activado el puesto de mando y unidades que venían viajando en apoyo de otras regiones. Y a medida que esto se empezó a agrandar, el ejército trajo más gente. Fue enfrentado de muy buena forma y se actuó rápido. Se hizo todo lo que se pudo.

¿Cuáles son las cifras que se manejan de damnificados y viviendas quemadas en la región?

Ya van mil seiscientas treinta y tres viviendas quemadas y un total de cuatro mil trescientos cuatro damnificados. Y nueve fallecidos: tres brigadistas, dos carabineros, tres civiles y un bombero.

UNA BOMBA ATÓMICA

Cuando viste la magnitud de los destrozos, ¿qué sentiste?

Sentí orgullo de ver a nuestros soldados tan comprometidos, porque a pesar del cansancio, del trasnoche y de todas las incomodidades que tienen que sufrir, se sienten felices de haber podido rescatar a tantas personas, y en algunos casos hasta sus casas. Estoy tremendamente orgullosa de nuestra gente del regimiento de Talca.

¿Cómo viviste esta emergencia?

Fue un proceso muy largo; era tanto el fuego y que no paraba, que nadie sabía si esto iba a seguir creciendo, incluso si llegaría a Talca. Fue tan devastador, arrasó con todo, con casas, animales, campos, con todo… fue muy violento. Pareciera que hubiesen lanzado una bomba atómica.

¿Diferencias entre el terremoto del 2010 y los incendios?

Para el terremoto trabajamos haciendo evacuaciones y sacando gente. Pero también vino una segunda etapa de limpieza y reconstrucción. Además no sólo estuvimos a cargo de repartir la ayuda que llegaba, si no que también hasta nos tocó aprender a construir casas. El trabajo fue totalmente diferente, además duró más tiempo. En cambio, ahora fue todo muy rápido y muy violento.

¿Tu horario de trabajo en emergencia?

De lunes a domingo, de las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche, pero siempre me voy más tarde, ya que la mayoría de las veces, pasan cosas en la noche. Por otro lado el estado de emergencia significa estar disponible para el ejército. En cualquier minuto me pueden llamar para una determinada labor. Y eso es para todos igual. Muchas veces me ha pasado que llego a mi casa y tengo que salir de nuevo. Pero es un tema de conciencia, de saber que tenemos camaradas desplegados en el lugar, y que lo están pasando mal, enfrentando el fuego o ayudando en labores de limpieza.

 

“Era tanto el fuego y que no paraba, que nadie sabía si esto iba a seguir creciendo, incluso si llegaría a Talca. Fue tan devastador, arrasó con todo, con casas, animales, campos, con todo… fue muy violento. Pareciera que hubiesen lanzado una bomba atómica”.

 “Sentí orgullo de ver a nuestros soldados tan comprometidos, porque a pesar del cansancio, del trasnoche y de todas las incomodidades que tienen que sufrir, se sienten felices de haber podido rescatar a tantas personas”.

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