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EDICIÓN | Marzo 2017

Negocios riesgosos

Por Maximiliano Mills ~ www.maxmills.com
Negocios riesgosos

Si hubiera que buscar en el diccionario la definición para “película de culto”, de seguro aparecería una foto de Negocios riesgosos. Recordemos que era 1983 y la codicia y el hedonismo triunfaban como los valores primordiales en la vida del norteamericano promedio. 

Deben existir muy pocas películas en la historia que interpreten tan precisamente el deseo del espectador —hijo único—, de manera tan minimalista y precisa: tus padres se van de vacaciones unos días ¡y te quedas solo en la casa! El refrigerador está lleno de cosas deliciosas, las cuentas pagadas y te dejaron dinero para gastos… lo más importante que te piden es ser responsable y que no invites amigotes aprovechadores, mucho menos organizar fiestas ¡Ah! Y la advertencia: “no uses el auto”. Soy hijo único y hasta el día de hoy (cuando ya mis padres no se encuentran en esta dimensión) rememoro una ansiosa felicidad, cuando visualizo los días previos en que venían sus viajes de fin de semana para visitar parientes y amigos. Cuando ya estaban lejos, surgía ese éxtasis tan bien retratado por Tom Cruise en Negocios riesgosos; bailando en camisa y calcetines Old Time Rock and Roll de Bob Seger. Escena y canción que redefinieron la palabra icónica.  

 

Negocios riesgosos es una película satírica/romántica de 1983, cuyo guión y —debut— en la dirección es de Paul Brickman. Sus protagonistas son Rebecca De Mornay y Tom Cruise, siendo esta la película con la cual comenzó a ser una reconocida estrella a nivel global. Cruise es Joel Goodson, un tipo en transición entre el colegio y la universidad que vive con sus padres en un suburbio de clase alta en Chicago y quieren que estudie en la Universidad de Princeton.

 

La historia comienza con Joel escuchando las instrucciones de sus padres para que todo funcione bien en la casa durante su ausencia. A la noche siguiente, su mejor amigo, Miles, le envía a Lana, una rubia, alta y hermosa pelandusca. Después de una noche de inolvidable sexo para el semivirgen Joel, los problemas comienzan durante el desayuno cuando se da cuenta de que no tiene suficiente dinero para pagar la tarifa de Lana. Cuando regresa del banco, Lana no está y tampoco el huevo de cristal que la madre de Joel dejó a su cuidado con gran énfasis. Tratando de recuperar el huevo comienzan los desaguisados, que terminan con el Porsche de su padre sumergido en el Lago Michigan ¿Cómo pagar la carísima cuenta del secado y arreglo del auto antes de que regresen sus padres? Aquí echa mano de “Empresas Futuras”, una incubadora de negocios de Princeton en donde el creador de la empresa más rentable ingresa directo a la universidad ¿Qué idea se le ocurre a Joel? Llama a Lana y sus colegas para que entreguen sus servicios desde la estratégica tranquilidad de su casa, pensando en utilizar estas ganancias para dejar el Porsche impecable.

Si hubiera que buscar en el diccionario la definición para “película de culto”, de seguro aparecería una foto de Negocios riesgosos. Recordemos que era 1983 y la codicia y el hedonismo triunfaban como los valores primordiales en la vida del norteamericano promedio. Esta fue la década de gloria de Michael Milken en Wall Street, un agente de la bolsa que “llegó a tener más dinero que muchos países africanos” gracias a la emisión de los Bonos Basura. También la industria del sexo visual se hizo más asequible gracias al formato VHS que invadió los hogares. Estos fueron los dos grandes motivadores para todos los jóvenes estudiantes de economía en las universidades de Estados Unidos: crea tu propia empresa, rodéate de mujeres hermosas y acumula tus primeros millones. También destaca la banda sonora, que utilizaba, por primera vez, los abstractos acordes de ciencia ficción de Tangerine Dream en situaciones cotidianas. Piezas musicales que antes te transportaban a Júpiter ahora te ponían frente a la mujer más hermosa del universo. Una herejía que no fue tal después de ver la perfecta amalgama que se dio en varias escenas. Y ahora mirando al cielo, en esta columna les pido disculpas a mis padres por haberles sacado el Volkswagen-Escarabajo sin permiso… con la diferencia que este no terminó en el fondo del mar. La atemporal ironía de Negocios riesgosos culmina cuando Lana le dice a Joel que quiere seguir viéndolo, a lo que él responde: “te va a costar”.

 

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