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EDICIÓN | Febrero 2017

M i a m i q u i q u e

Diego Rebolledo Flores, presidente Colegio de Arquitectos de Tarapacá
M i a m i q u i q u e

Es parte de la nueva generación de arquitectos a nivel nacional. Con un gran sentimiento de arraigo por su tierra querida, Iquique, se presenta como Presidente del Colegio de Arquitectos de Tarapacá y actual coordinador del departamento de arquitectura de la Municipalidad de Iquique. En su estilo rocker, Diego advierte sobre la pérdida de identidad, la sustentabilidad en la construcción y de cómo la arquitectura puede ser un puente sólido hacia la política.

Por: Soraya Valdivieso V.; Fotografías: Alex Díaz D.

A la sombra de palmeras al más puro estilo de Miami o Los Ángeles, encontramos a Diego Rebolledo. A sus treinta y siete años, es uno de los arquitectos con proyección desde el norte para Chile. En el camino de su consolidación profesional aprendió a cultivar un estilo directo, no tiene miedo a decir lo que piensa y menos a cambiar los paradigmas. Su sueño es que los beneficios del llamado “Miamiquique” llegue a los barrios y a los sectores más populares de la ciudad, silenciando opiniones que para él son retrógradas y apuntando a un movimiento moderno de la arquitectura, que acabe con problemáticas reales y cotidianas en la ciudad más visitada de Chile.

 

Junto a su mujer viven en una casa antigua, remodelada por ambos, y cuida con cariño a dos perros y un gato. Se declara un enamorado de la arquitectura e incluso sus vacaciones son planificadas en torno a las visitas a edificios. 

 

Además de su afición por la confección de muebles y la arquitectura, Diego dedica su tiempo a ser parte de una nueva generación de arquitectos colegiados, lo que para él representa algo así como “un honor que, como profesional, se carga con aprecio”.

 

Para Diego, participar en estas instituciones es valioso, pues el Colegio de Arquitectos de Chile trabaja para mejorar y sustentar los conocimientos y aportes de la arquitectura al país y el mundo. Actualmente, esta entidad extiende su acción con delegaciones en todo el país, que funcionan en: Iquique, Antofagasta, La Serena, San Antonio, Valparaíso, Rancagua, Talca, Chillán, Concepción, Temuco, Valdivia, Osorno, Llanquihue, Chiloé y Aysén.

 

ADOLESCENCIA ARQUITECTÓNICA

 

Para los expertos, la arquitectura nacional está como un joven en pleno crecimiento, con hormonas revueltas y vigorosas alentada por ejemplos como el de Alejandro Aravena y su premio Pritzker, Nobel de la arquitectura. Diego, por su parte, dice que ha visto un explosivo crecimiento de las construcciones y reconstrucciones de viviendas de gran nivel y diseño, no sólo en Santiago, sino que a lo largo de todo el país.

 

Antes de los años noventa, se publicaban muy pocas obras de arquitectura chilena a nivel internacional. Pero la realidad ha cambiado y, según el experto, “lo mejor de las nuevas generaciones es que crecieron en un camino sin restricciones, tenemos las alas puestas y muchos ya han emprendido vuelo. En nuestra generación no hay límites”.

 

Según tu visión, ¿cuál es la responsabilidad del arquitecto?

 

Primero, debo decir que el rol del arquitecto está normado por una ley promulgada el 4 de agosto de 1942. Es la Ley 7.211, Ley General de Urbanismo y Construcción que crea el Colegio de Arquitectos de Chile, con la firma del Presidente de la República, don Juan Antonio Ríos, y de su ministro de Obras Públicas, Oscar Schnacke. Su articulado se basó en que Chile debía ser estructurado con obras de excelente nivel, sobre todo por sus características sísmicas, entre otras prioridades.

 

En palabras más generales, ¿cómo aporta un arquitecto a la sociedad?

 

Siento que es una pena cuando la comunidad entiende al arquitecto como un ente para regularizar. Eso es un malentendido, pues el arquitecto es quien debería edificar y en efecto sin errores, y tomando en consideración conceptos como espacialidad, territorio y mezcla de materiales. Es importante decir que en una obra, si algo funciona mal, el culpable es el arquitecto, posteriormente se investiga si hubo responsabilidades añadidas, pero en general somos quienes creamos las estructuras. Es una grandísima responsabilidad.

 

¿Por qué hablas de ideas retrógradas en la edificación?

 

Hay referentes obsoletos que se han mantenido en los chilenos, como por ejemplo desear una casa grande, que muchas veces es sinónimo de estatus o poder económico. Eso es una gran contradicción porque ocupamos espacios que podría ser mejor utilizado. Si nos comparamos con sociedades que ya han pasado por procesos de crecimiento, hay un abismo de diferencias, pues allá a las personas que les va bien en la vida, les interesa tener un espacio funcional y pequeño y eso no significa nada más que eficiencia.

 

SU CARRERA

 

Diego estudió arquitectura en la Católica de Valparaíso, nació en Iquique y fue por casualidad que accedió a una beca del gobierno de la región nortina que lo llevó dos años a estudiar a Italia, donde se introdujo al mundo de la rehabilitación de centros históricos para la reactivación de los centros de las ciudades con valor patrimonial. Posteriormente, se postuló para dirigir el Colegio de Arquitectos de Tarapacá, representando a una nueva generación con ideales y críticas claras, pero sobre todo con la convicción de hacerse cargo de sus palabras.

 

Advierte que desde hace varios años, Iquique se construye para los turistas, teniendo como horizonte el borde costero y sus constantes remodelaciones, sin embargo, hoy siente que es momento de propiciar proyectos que apunten a nuevos objetivos.  

 

Ha habido varias críticas sobre la remodelación del borde costero, incluso protestas como en el Barrio El Morro. ¿Qué piensas sobre estas grandes obras costeras?

 

En general, no podría criticar estas obras, porque creo que son funcionales y cumplen el objetivo. Probablemente si yo hubiese estado a cargo habría hecho un trabajo diferente, pero creo que la relación entre el iquiqueño y el borde costero, sigue siendo la misma y potenciada.

 

Tu discurso apunta a una crítica sobre la pérdida de identidad, ¿puedes explicarnos mejor ese fenómeno?

 

Creo que cuando trabajas mucho para otro, te terminas olvidando de ti mismo. En las ciudades pasa lo mismo, si trabajas para el turista, el que vive en Iquique finalmente se encuentra con una ciudad que no está hecha para él, reconozco ciertos indicios de eso. Ahora bien, lo que considero que hace falta es volcarse a los problemáticas diarias. Respondiendo a ¿cómo mi barrio se vuelve un lugar agradable para vivir?, por ejemplo. Acortar la movilización entre mi casa y la zona de trabajo y, finalmente, cómo hago para que la ciudad sea un poco más armónica.

 

¿Qué propones?

Un plan de renovación del centro de Iquique, lo que significa hacer un proyecto para llevar viviendas nuevas al centro, principalmente porque el centro de Iquique está siendo subutilizado, ya que tiene una tasa muy baja de habitante por metro cuadrado. Eso, en una ciudad como la nuestra, donde arrendar o comprar es muy caro, es un contrasentido, es decir, tienes muchos espacios donde podrías intervenir y albergar gente. No creo que haya que levantar mil edificios, sino que se debe hacer un equilibrio perfecto entre cantidades, espacio disponible, servicios y la cantidad que pueda albergar el centro de Iquique. Este puede ser un tipo de desahogo a la hora de necesidad de vivienda.

 

¿Qué piensas sobre el costo de la vivienda en Iquique?

Que es ilógicamente alto porque no se condice lo que pagas en relación con lo que recibes como terreno ni como vivienda. Por dar unos datos, te diría que hay sectores en Iquique donde una casa sale igual que comprar una vivienda en pleno Río de Janeiro o en los mejores lugares de Santiago. Es un tema que va de la mano con la escasez de terreno.

 

¿Qué significa para ti la arquitectura?

 

Calidad de vida, ese es el principal objetivo que busca un arquitecto, mejorar los estándares de vida, los accesos, la movilidad. Hay ejemplos varios como en Brasil, donde muchos arquitectos aportan también a la política, logrando intervenir positivamente las ciudades, con ideas concretas de desarrollo, creando y mejorando espacios para la gente. 

 

“El arquitecto es quien debería edificar y en efecto sin errores, y en plena compenetración con los ideales de espacialidad, territorio y mezcla de materiales”.

“Creo que cuando trabajas mucho para otro, te terminas olvidando de ti mismo. En las ciudades pasa lo mismo, si trabajas para el turista, el que vive en Iquique finalmente se termina encontrando con una ciudad que no está hecha para él”.

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