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EDICIÓN | Febrero 2017

Bajo profundo Jazz total Bajo cuerdas

Rodrigo Álvarez, músico
Bajo profundo  Jazz total Bajo cuerdas

Reconocido músico penquista, dedica sus días al jazz y la enseñanza de la música. Desde los sonidos de su bajo, continúa desarrollando su faceta de compositor, arreglista e intérprete.

Por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martin D.

Se tituló de ingeniero civil en la Universidad del Bío-Bío, pero luego tomó el camino de la música. Rodrigo Álvarez (38) nunca ejerció la profesión que estudió, pero le sirvió como base para desarrollar su talento artístico en los talleres impartidos por esa casa de estudios, y complementarlo con la pedagogía para hacer clases a niveles formativos y superior.

 

Reconocido en el jazz local, desarrolló su carrera musical con su instrumento el bajo, dejando huella en sus trabajos Creciente (2010) y Concepción (2015). Estudioso de la música, compositor y arreglista, no solo ha sonado como intérprete, sino que también en la banda “Temibles Sandovales” y en arreglos a artistas locales, como Fabiola González, Susana Lépez, Rocío Peña y Cecilia Gutiérrez, entre otras.

 

¿Desde cuándo en la música?

Tuve mi primer instrumento, el bajo, a los dieciséis años. Cuando niño tenía una guitarra, pero no la tocaba, porque el profesor que me hacía clases no me caía bien. Quedé traumado y no toqué más, hasta que apareció la invitación a una banda de colegio, y allí hice mis primeros amigos de la música.

 

¿Por qué el bajo?

Lo toqué siempre. La guitarra también, pero solo funcionalmente. Y me perfeccioné en el bajo, un instrumento melódico, con un sonido que siempre me gustó.

 

TODO JAZZ

 

 

¿Cómo te vinculas con el jazz?

El jazz aparece en la universidad, donde empecé a estudiar bajo eléctrico. Me gusta porque tiene ritmo y me motiva a explorar. Luego conocí los talleres de jazz de la Universidad del Bío-Bío. Lo mejor: las big bands. En esa época ya ensayábamos, tocábamos y grabábamos. La primera persona que me invitó formalmente a participar de una banda fue César Arriagada, en ciclos en el Barrio Estación, en diferentes locales, y así fueron los primeros shows de jazz. Siempre me han gustado las orquestas y componer. Mi meta es estudiar composición.

 

¿Qué se necesita para componer?

Mucha paciencia, porque es lento. La composición seria, es lenta.

 

¿Tienes referentes en tu estilo?

En la composición me gusta mucho como trabaja Count Basie, y un arreglador que se llama John Clayton Hamilton. Esos no son tan conocidos, pero de los grandes, muchos más.

 

¿A qué te dedicas más?

He intentado estudiar. El trabajo que permite mayor estabilidad económica, dentro del ámbito musical, son las clases. Entonces, ocupo mucho tiempo en eso, postergando un poco el instrumento como tal. Cuando empecé, me levantaba a las ocho de la mañana, tomaba desayuno, me ponía a estudiar bajo, transcribir, copiar grabaciones, almorzaba, dormía siesta, y seguía estudiando y al otro día igual. En cambio ahora, me levanto a dar clases, llego en la noche a la casa, y me queda una hora para poder trabajar el tema del bajo o de la composición. Si tengo vacaciones, las ocupo estudiando.

 

¿Dónde te desempeñas?

Enseño en el Centro Artístico y Cultural, en la carrera de Pedagogía en Educación Musical de la UDEC, y en Duoc UC. Y agrupaciones, por ejemplo, el proyecto que lidero, llamado Concepción, fue un disco que grabé el año pasado gracias a un Fondart. En esta música, son muy pocos los grupos que tienen un nombre, como los Temibles Sandovales, banda que formamos con César Arriagada y Felipe Sandoval, hace cinco años. Nos juntábamos a tomar cerveza y a tocar gitano; o al revés. Me retiré el año pasado, pero fue súper bonita la experiencia, compuse hartos temas.

 

¿En qué estás ahora?

Estoy componiendo, y estudiando para componer. También trabajo en algo en lo que he gastado harta energía: la big band del Liceo Enrique Molina, donde participo como monitor de bajo. Y también hago arreglos. Lo que me gustaba hacer cuando niño, ahora lo puedo plasmar como arreglo para los niños, con varios proyectos e ideas en ese sentido. Y componiendo para mí, pero me faltan recursos, músicos. Siempre compongo, tengo un disco entero de hard bop hecho, pero debo conseguir recursos para grabarlo. Fondart es un camino, pero hay que profesionalizar el ámbito.

 

CIUDAD MUSICAL

 

¿Concepción es la ciudad de la música?

Sí, hay harta música, pero falta instrucción y formación musical para poder comunicarnos. No digo que todos sean compositores o intérpretes de alto nivel, sino una apertura, y comunicación entre las líneas musicales. Está la música de tradición académica, clásica y jazz, en un saco; pero está el folclor, el rock y otros géneros, todos en feudos distintos. Los músicos no se mezclan. He tratado de hacer música para cuerda, para violines, arreglos, popular también, bossa nova, cosas así. Hice arreglos para Lili Riquelme y Susana Lépez, por ejemplo. Estudié jazz, porque es una música super amplia, densa, cabezona, de hartas notas, y juntar todo es lo difícil. Sin embargo, el trabajo no es para hacer jazz, es para hacer arreglos populares, que tienen muchas menos notas, es como entrenar para Barcelona y jugar por el Vial.

 

¿Cómo ha sido tu experiencia enseñando?

En el centro Artístico Municipal hay niños desde los siete años, los más aplicados de colegios municipales, con formación instrumental. A ellos les hago teoría, complementaria al instrumento. Talentos hay. Se enseña tradición académica, orquesta, música clásica, sinfónica. Hay niños muy destacados que salen de aquí. En Concepción, cada cuatro o cinco años aparece un artista, alguien que sale de su círculo. 

 

¿Cómo es el público del jazz?

Hay de todo. Pero hay que acercarlo, porque muchos se basan en la divinidad y en ese paradigma antiguo de que la música y el arte constituyen un don divino, en que los artistas son tocados por una varita mágica. Podría ser así, o quizás no. Pero esto se construye con disciplina y esfuerzo. Es como una carrera universitaria. El tema es que la arma uno mismo.

 

 

“Ahora, me levanto a dar clases, llego en la noche a la casa, y me queda una hora para poder trabajar el tema del bajo o de la composición. Si tengo vacaciones, las ocupo estudiando.”.

“En Concepción, no está dentro de su contexto sociocultural ni técnico, hacer música. Falta instrucción y formación musical”.

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