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EDICIÓN | Febrero 2017

La baronesa del color

Agatha Ruiz de la Prada diseñadora
La baronesa del color

Con una energía desbordante, aunque diga que no está en su mejor momento, acaba de visitar nuestro país por tercera vez junto a su hijo Tristán, para el lanzamiento de Designer Book Chile, una plataforma que busca impulsar el diseño transversal. Reconocida por sus desfiles alegres y desenfadados, presentó su última colección llena de guiños a sus imprescindibles de siempre: corazones y color. “Me gusta llamar la atención y que llamen mi atención”, dice la gestora de la ropa feliz, que ha hecho de su nombre una marca propia.

Por Macarena Ríos R./ fotografía José Luis Urcullú
“Estamos aquí en la gloria con esta ventana abierta”, comenta Agatha, mirando el Pacífico desde Valparaíso. “Vamos, que es mucho mejor así que con el aire acondicionado, ¿no?”. Alta, delgada, encantadora, Agueda Isabel, su verdadero nombre, va vestida de Ágatha Ruiz de la Prada, como lo ha hecho durante toda su vida. Dueña de un estilo inconfundible, fanática del bauhauss y admiradora de Picasso y Warhol, hubiera sido la novena generación de arquitectos, pero no. Ella se inclinó por la moda.
 
¿De dónde nace esa creatividad?
Yo vengo de una familia de arquitectos que siempre ha tenido mucha relación con el mundo de la cultura y el arte (su familia fue mecenas de Gaudí). Y eso para mí ha sido importantísimo. De pequeña vivía en la casa más bonita, más moderna y más impresionante de todo Madrid. Es una casa que yo ahora veo desde el balcón de la mía.
 
¿Qué te llama la atención?
Ayer me hizo mucha ilusión volver a la casa de Neruda. La conocí hace unos trece años durante mi primer viaje a Chile y me chifló, pero volver a verla me ha encantao, es una casa genial. Siempre soñé con una segunda visita.  Luego de estar ahí me leí Confieso que he vivido, que es una maravilla. 
 
¿El reconocimiento más importante de tu carrera?
La verdad es que tengo muchos, pero creo que el más importante es la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, en España, y que cuando lo tienes te conviertes en “excelentísima”. Lo divertido es que igual soy “grande de España”, que yo ya lo había conseguido por las mías, ¿sabes? 
 
Ágatha, hija de una aristócrata catalana, se refiere al fallo judicial que la convirtió en Marquesa (de Castelldosríus) y Baronesa (de Santa Pau), títulos que tuvo que pelear legalmente luego de cuatro años de juicio, porque en esa época solo los hombres tenían derecho a heredar títulos nobiliarios.
 
Tú marcaste un precedente con esto, ¿no?
La verdad es que sí, pero es que antes se pensaban que las mujeres éramos unas idiotas que no podían heredar títulos. De ahora en más el linaje lo hereda el primogénito de la familia, sea hombre o mujer. En más de una oportunidad he dicho que debo ser la mujer más odiada de la aristocracia por eso.
 
UNA GOZADA
 
“Una bocanada de aire fresco”. Así la bautizó la prensa española en sus inicios, cuando sus diseños surrealistas y vestidos-escultura fueron tiñendo de color la movida madrileña de los años ochenta.
 
Tildada de extravagante y atípica —“precursora del diseño en España” según su amiga Carolina Herrera—,  dice que en esa época nadie la entendía y que al principio fue muy difícil, pero que por otro lado la ayudó a construir su personalidad. “Yo vendo poco pero a gente fantástica”, declaraba en 1985. Luego vendría un periodo oscuro, dominado por el SIDA y las drogas que Ágatha llamó “la época del negro”, porque incluso el mundo de la moda se vistió de ese color. Incómoda, se refugió en su estudio de Marqués de Riscal, donde continuó con su mundo “agathizado” y sus memorables fiestas de los jueves.
 
“Al principio trabajaba con el mejor fabricante del planeta de telas, Antonio Rati, del cual fui becaria, estuve con él durante los seis meses que duró mi práctica. Yo ahora mismo esas telas ni las huelo, porque estoy en la parada democrática. La democratización de la moda hace que esta sea mucho menos espectacular, eso está claro, pero a cambio puedo vestir a mucha más gente, que es lo que prefiero”.
 
Tenía veinte años cuando hizo su primer desfile en Local, “el lugar más guay de todo Madrid”. 
 
¿Cómo fue ese primer desfile?
La gozada del siglo. Es de las cosas más impresionantes que he vivido en la vida. No hay nada como tu primer desfile. Esa emoción la recuerdo como si fuera ayer. Fue la bomba. 
 
Seis meses después, para el lanzamiento de la revista Vogue España, Ágatha sería la única mujer —y la más joven—, en un desfile que se llamó “10 Grandes de la Moda en España” y que tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno. "Fue la pera", recuerda.
 
¿Cuál ha sido el capricho más grande que te has dado?
Tener las tiendas en París, Milán y Nueva York. Y vaya que ha sido un problema lo del cierre de esta última. Venía de estar ahí la semana anterior, la tienda estaba mejor que nunca cuando tuve que tomar la decisión. 
 
¿Era la única opción?

La única. Vamos que si la tienda no hubiera sido mía, no habría podido cerrarla. A lo mejor si cambia esta cabronada de ley que han hecho (real decreto ley 3/2016) la puedo reabrir en unos cuatro o cinco años. Pero es que me ha dao tanta pena porque está tan bonita y me la van a estropear. Y esa me la había hecho Karim Rashid (diseñador e interiorista egipcio) y estaba más cuidada que nunca, hasta el último detalle. Le he dedicao tanto a esa tienda, el año pasado fui siete veces a Nueva York, la última vez me quedé dos semanas. Cuando empecé yo abría y cerraba la tienda, fue un esfuerzo enorme. 

¿Cuántos días pasas viajando?
Una barbaridad. Pero sigo veraneando en Mallorca, como lo hacía desde pequeña, y yendo los fines de semana al mismo campo donde iba desde que era un bebé. Ya ves que aunque doy muchas vueltas por el mundo, siempre vuelvo a mis orígenes. 
 
¿Te ha pasado la cuenta?
No lo sé, a lo mejor, ¿sabes? Es que estaba metida en una cosa muy cómoda, ya tenía mi rollo, que París, Milán, Nueva York... Ya me había acostumbrao, pero entonces te falla todo y te tienes que volver a reinventar.
 
Agatha habla su mediática e inesperada separación con el periodista y director del diario El Español, Pedro Ramírez, —para ella, Pedro J —, luego de treinta años de relación y dos hijos Tristán y Cósima.
 
¿Cómo te reinventas después de eso?
Las mujeres tenemos que tener nuestro mundo para cuando pasan estas cosas. A mí me pasó esto un sábado y el lunes de la semana siguiente estaba yendo a Colombia a abrir una tienda en Bogotá. Yo no paré mi vida. Fui más despacio, pero no paré mi vida. He seguido trabajando y eso te ayuda muchísimo. Al igual que tus amigos y tus hijos.
 
¿Este para ti es tu segundo tiempo? Estando tus hijos de por medio...
Hombre sí, ellos tienen que empezar a tomar sus decisiones y yo les tengo que dejar un  sitio.
 
Al otro lado de la mesa, Tristán, su hijo historiador, que no solo se ha transformado en una parte activa de la empresa, sino que en un pilar fundamental para su madre, escucha atentamente. “¿Quieres dedicarte a esto?”, le pregunto. 
“Después de conocer el estudio de mi madre, pues todas las oficinas te parecen aburridísimas. Verdaderamente es muy divertido trabajar con el equipo de Ágatha”, contesta. ¿A qué sí?, comenta Ágatha, es que no se para Ahí si que no tienes tiempo para deprimirte.
 
¿Y se trabaja 24/7?
Desgraciadamente desde que me ha pasao esto estoy al diez por ciento de mis posibilidades, todavía no tengo la fuerza para estar al cien. Pero la voy a coger ¿eh?
 
¿Qué engloba la Fundación Ágatha Ruiz de la Prada?
Bueno esa fundación ha sido lo que más he abandonao estos últimos tres meses. Pero la retomaré y estoy muy contenta porque fíjate que a su directora, que es mi prima hermana, (Marta Ruiz de la Prada), el 23 de diciembre le tocó el gordo de la Lotería.
 
“EL QUE LA SIGUE LA CONSIGUE”
 
En el privado del restorán Portofino el almuerzo es distendido. Todos hablan, ríen. Acaba de terminar la rueda de prensa en el Castillo Wulff y la gente no termina de entrar y salir del pequeño salón. “¿Y por qué este chico no se ha sentao con nosotros durante la conferencia?”, pregunta Agatha a una de las organizadoras, refiriéndose a uno de los expositores que más tarde participará en los conversatorios de Design Book Chile, el motivo de la tercera visita de la española a Chile. “¡Si ha llegao puntualísimo!”. “Tal vez por vergüenza”, aventuran algunos. 
 
Y a ti, ¿qué cosas te dan vergüenza?
Cada día menos. Encuentro que la vergüenza es un hándicap que te impide llegar donde tú quieres.
 
¿Estás dónde quieres?
Bueno, yo ahora estoy en un momento muy interesante de mi vida donde tengo que cambiarlo todo.
 
¿Cómo así?
Porque la moda está cambiando, todo está cambiando, mis hijos han llegao y eso tiene que hacer que cambie todo. Siento que me ha pasao todo tan de prisa, desde el primer desfile hasta ahora, que es que he ido como volando, ¿sabes?
 
Para ti es un básico ir cómoda por la vida, ¿sigues domesticando la moda?
Pienso que es una cosa que en Latinoamérica aún falta. Por regla general la mujer va muy incómoda vestida. Yo tengo una íntima amiga que se llama Kalú y ayer me ha venido a ver y siempre me asombro de lo incómodamente vestida que va Kalú. Apretada, con el zapato ese que te puede doler. Aquí la latina, y sobre todo en Centroamérica, no toma en cuenta su comodidad.
 
Descubriste tarde América Latina…
Joder, lo he descubierto tarde pero qué barbaridad, ¡si le he sacao el jugo!
 
¿Cuál es la frase que mejor te identifica?
“El que la sigue la consigue”, una frase de Camilo José Cela, que era muy amigo mío. Yo he tenido la suerte de conocer a gente extraordinaria, tanto por mi familia, como por mi trabajo. Os pasa mucho a ustedes los periodistas. El otro día estuve con Isabel Adjani.
 
¿El mejor regalo que te han hecho?
Los perros, sin duda. 
 
Te gustan
Me flipan. 
 
¿Cuántos tienes?
Muchos, doce, quince, sobre todo en el campo. 
 
¿Alguna raza en particular?
De todo. Golden, bóxer, labrador, chauchau… mi sueño era tener un charpei, pero la pena de viajar tanto es que no puedes tener un perro en condición (sic). Me chiflan los animales. El llegar a tu casa es el antiestrés total. Vamos que me encantan los bebés también ¿eh? 
 
¿Piensas mucho las decisiones?
Las tomo, ¿cómo dicen ustedes?, altiro, siempre lo he hecho. Pero yo creo que las tengo muy pensadas y cuando llega el minuto, pues ya. En lo de Nueva York tardé tres minutos.
 
¿A quién admiras?
Gracias a Dios a mucha gente, como a Bachelet que la conocí cuando fue a España. Sé que no le está saliendo bien este segundo (periodo), qué pena, ¿no? 

 

 
"La democratización de la moda hace que esta sea mucho menos espectacular, eso está claro, pero a cambio puedo vestir a mucha más gente, que es lo que prefiero”.
 
"Encuentro que la vergenza es un hándicap que te impide llegar donde tú quieres”.
 
"Las mujeres tenemos que tener nuestro mundo para cuando pasan estas cosas (su separación). A mí me pasó esto un sábado y el lunes de la otra semana estaba yendo a Colombia a abrir una tienda en Bogotá. Yo no paré mi vida. Fui más despacio, pero no paré mi vida"

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