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EDICIÓN | Febrero 2017

Capitán de mar y tierra

Mauricio Cortés

Amante de la playa, del entorno, de su familia y del talento que le ha tocado hacer crecer, este artista y artesano ya es un imperdible en las casas de Zapallar y Cachagua. El mismo lugar en el que vive y en el que acaba de inaugurar su nuevo espacio. Su nuevo sueño. 

Por Mónica Stipicic H. / Fotografía Andrea Barceló A. 

Acaba de inaugurar su nueva casa en la zona de El Pangue, en Zapallar. A ese proyecto le dedicó intensamente los últimos dos años de su vida; “es la escultura más grande y hermosa. La escultura que cobija a mi familia y estoy fascinado decorándola con mis cosas: pingüinos gigantes en el jardín y esculturas de mujeres que representan la fertilidad”.
 
La idea empezó hace diez años y en el camino elaboraron siete proyectos distintos. A cargo de la arquitectura estuvo su hermana Viviana, quien supo interpretar el concepto sin dejarse llevar por las locuras de Mauricio, que pasaban de las casas flotantes a los barcos a vapor.
 
Hablar de su familia le entusiasma. Este artista de cuarenta y ocho años está casado con la sicóloga Carolina Benavente, con quien tiene tres hijos: León (2), Nina (6) y Ágata (10), además de Samu, de su primer matrimonio. Todos llegaron hace un mes a poblar esta nueva casa.
 
A estas alturas, Mauricio Cortés Cohn es sinónimo de arte y decoración en esta zona. “Sinceramente, aquí no hay casa que no tenga uno de mis trabajos. Por lo general vienen decoradores y arquitectos a seleccionar piezas para nuevas casas en construcción. También me compran muchos hoteles, casinos, restaurantes, canales de tv para comerciales o teleseries y turistas. Siempre estoy tratando de diseñar nuevos artículos para los turistas, cosas chicas que representan la costa chilena: botes alcuza y botes bandeja, muchos carteles pintados con nombres de quebradas, playas, personajes de acá y paletas de remos… A veces son tonteras, pero es increíble como gustan y se van”.
 
Mauricio nació en Santiago, estudió en el Colegio Nido de Águilas y luego se fue a Estados Unidos para perfeccionarse en el California College of The Arts. “Acostumbraba viajar solo, buscando un poco aventura y destino. Así recorrí muchos países y lugares de Chile. Pienso que uno recolecta vivencias y amistades y esa es una gran riqueza para el espíritu”.
 
Toda su vida ha sido independiente, excepto por unos años que trabajó con su madre, Doris Cohn, en su mueblería de Santiago. Luego decidió irse a vivir a la Región de Valparaíso, primero a Cachagua y luego a Zapallar. “La vida aquí es muy distinta en cuanto a tiempos y prioridades. Cuando no estoy en el taller, si el mar está bueno voy a surfear, pescar, mariscar, andar en kayak, trabajo en el huerto o le doy comida a los perros y al burro”.
 
VIVIR DEL ARTE
 
En El Pangue, Mauricio tiene un taller de botes y acaba de terminar otro de pinturas. En Santiago, vende sus trabajos en la tiendas de su mamá, donde son exhibidas las obras de mayor formato y donde también está el taller de terminaciones (barnices, tapizados y carpintería). 
 
Y en Zapallar está su tienda, la más importante, pero que hoy busca un nuevo espacio, porque el terreno en que se ubica fue vendido. “Más que tienda ha sido un lugar mágico, el lugar donde puedo compartir mi creación con todos, sin máscara ni miedo, mostrando en vivo los colores, los olores de la madera y las tendencias, involucrando a los clientes dentro del arte”.
 
¿Quién te enseñó?
En el colegio tuve al mejor de los maestros como profesor de arte, Antonio Tillería, un verdadero artista que era de Temuco. Con él aprendí dibujo, pintura, cerámica, escultura  e hice mi primer bote de un tronco. Más grande, de regreso de la Universidad en California, conocí a Carlos Rojas, un astillero de la zona que trabajó conmigo cinco años y me enseñó desde talar un árbol hasta construir un barco, cómo mover un bote grande con palancas o doblar maderas con vapor. Los últimos años los he dedicado mucho a trabajar troncos y esculturas de grandes volúmenes y Edgardo Burgos, de Neltume, me ha enseñado a usar la motosierra.
 
¿Qué cosas nuevas estás trabajando?
Transformé unos botes y estructuras en lámparas y fue todo un éxito. Cada vez hago machas de madera más grandes y los pingüinos siguen creciendo en número y tamaño. Con la pintura estoy feliz, porque después de toda una vida experimentando técnicas y temáticas siento que estoy cómodo con lo que hago. Y esa libertad me la da el no seguir a nadie… ¡en el fondo es muy importante marcar tendencia propia!
 
¿Te gustaría viajar más, ser un artista internacional?
Viajar siempre me enseñó mucho y creo que para mis hijos es parte de su educación. Últimamente he rechazado muchas exposiciones en el extranjero, por estar donde estoy ahora. Y es que esta tranquilidad no tiene precio. Amo mi tierra, el mar, mis amigos, el huerto. Vivir en un balneario como este es sentirse en un barrio, rodeado de una familia que te aprecia y a la cual me siento responsable de educar con mi arte y mi cariño. Ese es el verdadero viaje, el del corazón de la familia.
 

"Siempre estoy tratando de diseñar nuevos artículos para los turistas, cosas chicas que representan la costa chilena: botes alcuza y botes bandeja, muchos carteles pintados con nombres de quebradas, playas, personajes de acá y paletas de remos… A veces son tonteras, pero es increíble como gustan"

 

 

 

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