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EDICIÓN | Enero 2017

El gran remache

Guillermo Jiménez, vóleibol playa
El gran remache

Después de brillar como múltiple campeón universitario en el vóleibol indoor, se trasladó a la arena para representar a Chile en duplas. Guillermo tiene un presente y futuro ligados al saque y los remaches.

Por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.

Aunque la red es del mismo tamaño, y gran parte de las reglas son las mismas del vóleibol indoor, Guillermo Jiménez Aedo (33) considera que el vóley playa es prácticamente otro deporte, con una dinámica y exigencia más completa.

 

El mismo llegó a esta disciplina en 2011, como parte del programa ADO Chile, que buscaba las duplas para competir en desafíos olímpicos.

 

Con una formación de voleibolista bajo techo, modalidad en la que alcanzó sus principales logros, entre ellos los cuatro títulos nacionales universitarios con la UCSC, un subcampeonato continental, además de premios individuales como mejor jugador en torneos estudiantiles y nacionales federados de la disciplina.

 

Este año, el remachador quema su última temporada con el equipo universitario, con el que disputó seis finales nacionales (incluyendo la 2016), pero no deja de lado su otra pasión: el vóley playa. Entrenamientos, el término de su carrera (Educación Física en la UCSC) y la enseñanza de este deporte como técnico, forman parte de un presente lleno de vóleibol.

 

¿Desde cuándo estás en este deporte?

Desde muy pequeño, porque siempre fui muy deportista. Cuando estaba en el colegio, practicaba fútbol. De hecho, es el deporte que hasta el día de hoy me apasiona, junto con el voleibol. Jugué en Huachipato, en las serie menores, hasta segundo medio. Pero cuando tuve que decidir, me quedé con el vóleibol, donde estaba teniendo más protagonismo.

 

¿El vóleibol es herencia familiar?

En cierta forma, por mi mamá y mi hermano. Mi papá jugó fútbol a nivel universitario. Pero siempre me inculcaron el deporte: íbamos al estadio, a eventos, a ver vóleibol. Yo tenía 12 años cuando llegó a mi colegio (Sagrados Corazones) el entrenador Julio Orellana, para invitarnos a probar. Un poco influenciado por mi mamá, que había hecho este deporte, me metí a practicarlo.

 

AÑOS UNIVERSITARIOS

 

¿Cómo has complementado tus estudios con este deporte?

En general muy bien. Logré entrar a la universidad con beca deportiva, primero a la UDEC y después a la UCSC. Ha sido un camino largo, defendiendo a selecciones universitarias. Incluso tuve que congelar un año, cuando me fui a Brasil como parte del proceso de preparación olímpica para Londres. Pero esa etapa está a punto de terminar, porque estoy a punto de defender mi tesis y hacer la práctica como profesor de Educación Física.

 

¿Con qué te quedas del deporte universitario?

Fueron momentos muy felices, porque con el equipo de la UCSC vivimos un proceso súper largo, ganamos cuatro veces el nacional universitario (2008, 2009, 2013 y 2015), jugamos seis finales. Esa generación llegó el 2007 y al año siguiente comenzó a ganarlo todo.Y se mantuvo hasta el 2015, con una base de jugadores como Marcelo Santos, David Ciatera, Matías Sanhueza e Israel Ciatera.

 

¿También fueron tus primeros reconocimientos individuales?

Como logro, el del 2008 fue mi primer título, a pesar de que tenía como cinco finales jugadas en Juegos de la Araucanía y nacionales federados, además de una liga nacional, donde salí mejor jugador.

 

Debes tener muchas historias…

Sí. Una especial es que pasamos el terremoto del 2010 juntos. Estábamos en la casa de mi familia en Dichato, partiendo la pretemporada, porque como campeones chilenos habíamos clasificado al sudamericano universitario, en Brasil. Y ese día, el 26 de febrero por la noche, nos quedamos ahí. Fue una experiencia muy fuerte, que ninguno de nosotros había vivido. Gracias a Dios, mis papás estaban en la casa, y pudimos salir todos juntos al cerro. Llegó la ola, pero a mi casa no le pasó nada. Al día siguiente, cuando salió el sol, vimos todo Dichato destruido. Fue impactante, terrible, súper penoso. Parecía el fin del mundo y lo pasamos todos juntos. Fuimos al sudamericano y salimos segundos, lo que fue un gran logro.

 

VOLEY PLAYA

 

¿Es muy diferente el vóley playa al indoor?

Totalmente diferente. Aquí tienes que hacer todo bien, a diferencia del vóleibol de gimnasio, en el que tienes una sola función: armar, atacar o remachar. En playa, hay que armar y atacar bien, ser un jugador más completo, además de que es físicamente más duro. La arena es un factor fundamental; el balón es diferente; está el tema del viento, pues hay que saber jugar con él; y el sol, porque hay que jugar a altas temperaturas. La técnica cambia. Las dimensiones de la cancha son menores, un metro más chica, pero la tienes que cubrir completa de a dos. Uno bloquea y el otro defiende. Tuve que aprender a jugar de nuevo.

 

¿Cuándo asoma la modalidad de duplas para ti?

El voley playa llegó en 2010. Me llamó un amigo de Santiago, que quería jugar conmigo el circuito nacional. Yo jugaba en el sur con mi dupla de siempre, Luis Bastidas, con el que empecé en los Juegos de la Araucanía. Y coincidió con que se inició un proceso olímpico para Londres 2012. Como los primos Grimalt (dupla número uno de Chile) andaban bien, salió un proyecto interesante que consistía en irse a vivir a Brasil todo el 2011 y dentro de eso, muchas giras de competencias a nivel mundial, como parte de un Programa ADO Chile.

 

¿Hubo alguna clasificación?

Mi dupla en el circuito, Juan Carlos Chamy, estaba dentro de este proceso, pero yo no. Habló con el entrenador de la selección, un brasileño que había llegado hace poco, y le pidió jugar conmigo. Y se fueron dando las cosas, porque empecé a ser del gusto del entrenador, y finalmente tenían que quedar cuatro jugadores, los dos Grimalt y una segunda dupla por decidir. Recuerdo que entre enero y febrero participé en el circuito sudamericano, pues el entrenador quería verme a nivel internacional. Y después de todas estas competencias, me llamaron. Si quería tomarlo, debía dejar todo lo que estaba haciendo en Concepción. Lo hablé con mi familia, mi papá me dijo que él lo habría hecho y que no me lo podía negar. Esto significaba congelar la carrera, así que me fui. Fue una experiencia que cualquiera soñaría tener.

 

¿De qué se trató el proceso?

Estuve todo el 2011 en esto. Viajes, fechas en Argentina, entrenar en Brasil, después jugar en Ecuador y Colombia. Todo el año así. La idea era clasificar a Chile a Londres 2012. Fue un año duro, por tener que dedicarse por completo. Mi dupla al final fue Yussef Manzur, a quien conocía porque fue seleccionado chileno indoor y de playa mucho tiempo.

 

¿Cómo tomaste este desafío?

Fue difícil y exigente, con mucho tiempo solos en Brasil, una gira por Europa a mediados de año, jugamos tres fechas del circuito mundial: Brasil, Finlandia y Holanda, y un campeonato local en Suecia. Compitiendo, uno se da cuenta de que nada es inalcanzable. 

 

¿Cómo terminó esa aventura?

Venezuela nos eliminó en la última etapa. Chile tuvo más opciones y los primos Grimalt fueron a Río en los últimos Juegos. Ojalá que se pueda ganar otro cupo para el país, para abrir más espacios.

 

¿Cuál es tu presente?

En estos momentos estoy feliz en Concepción. Me estoy abriendo espacio en el campo laboral, trabajo hace dos años con la rama femenina de vóleibol del colegio Charles de Gaulle y, desde 2017, en las selecciones de la UDEC. Me gustaría ser campeón universitario, pero como entrenador.

 

“A diferencia del vóleibol de gimnasio, en el que tienes una sola función: armar, atacar o remachar. En playa, hay que armar y atacar bien, ser un jugador más completo, además de que es físicamente más duro”.

“Como los primos Grimalt andaban bien, salió un proyecto interesante que consistía en irse a vivir a Brasil todo el 2011 y dentro de eso, muchas giras de competencias a nivel mundial”.

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