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EDICIÓN | Enero 2017

Las tres Ren el arte

Matías Camus artista visual
Las tres Ren el arte

Reducir, reutilizar y reciclar parecen conceptos muy lejanos al arte, pero no en la obra de este hombre, que se empeña en darle nueva vida a la madera que la misma naturaleza ha ido desechando. Palos, retazos y troncos se van juntando en su cabeza y entre sus manos hasta dar lugar a la magia. A la magia de una nueva oportunidad.

Por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Urcullú.

Del bolsillo de su mochila saca un pequeño trozo de madera emblanquecido por el tiempo y la lluvia. Esa es la materia prima con la que trabaja. Es la base de su obra. Es el inicio de todo.

Matías Camus es tímido, le cuesta un poco hablar de él y de su trabajo. No por nada lleva dieciséis años viviendo solo en los cerros de Zapallar. Un poco lejos del mundo, un poco lejos de todo. Aunque queda claro de inmediato la forma y la pasión con la que trabaja.

Partió estudiando Arquitectura en Valparaíso, pero rápidamente se dio cuenta de que lo suyo era el arte. Se dio cuenta de que sólo le gustaban las clases prácticas y no las teóricas y pasaba largos períodos de su tiempo pintando. Después de tomar algunos cursos de arte contemporáneo viajó a México, a la ciudad de San Miguel de Allende, donde simplemente se deslumbró con los colores y el arte en su máxima expresión. “Me enamoré del lugar. Entré a una escuela de arte que te permitía entrar por un mes si eso querías. Tomé clases de dibujo, figura humana y distintas cosas, hasta que conocí a un profesor alemán, que me mostró la escultura”.

A la vuelta de su viaje se fue a vivir a la playa. Ese invierno hubo un fuerte temporal y marejada. Después de la lluvia fue a caminar a la playa y se encontró con cientos de trozos de madera que habían quedado tirados en la arena. “Me di cuenta de que cada vez que llovía aparecían palitos, eran como varas gastadas por efecto del sol y el agua. Comencé a juntarlos, caminaba como dos horas con una mochila enorme”.

¿Cómo esa recolección llegó a ser algo más?

Todo ese material se convirtió en una serie. Fueron puros animales. Apareció un bote, después una tortuga y de ahí seguí trabajando hasta tener una exposición completa.

 

VIAJE A LA INSPIRACIÓN

 

Como era de esperar, en algún minuto se acabaron los palitos en la playa de Zapallar y sus alrededores. Como la rutina ya estaba establecida y la inspiración también, Matías comenzó a buscar nuevos destinos para seguir con su recolección. Así apareció el sur.

 

“Un amigo en la zona de los lagos me dijo que allá estaba lleno de palos. Y partí en su búsqueda. Y fui cambiando un poco la materia prima. Ya no eran varitas, sino que palos con forma, estructuras muy entretenidas e impresionantes y sólo mirándolas puedes ir imaginándote figuras”.

 

Pasas todo el día recogiendo palitos…

Sí, es muy entretenido. Generalmente voy por un par de días, a playas y a lagos, parto con carpa y saco de dormir a recorrer lugares increíbles. Tengo un furgón donde voy cargando todo… vuelvo con pedazos de roble, coihue, mañío, alerce. Pura madera nativa.

 

Una de las bases de su trabajo es el respeto por el material. Cada trozo de madera tiene su propia pátina dada por la naturaleza. Matías las conserva, trata de intervenir lo menos posible sus tonos naturales y sólo modifica a veces las formas para ir haciéndolas calzar y transformarlas en el objeto que busca. “Este es un material con el que hay que ser muy cuidadoso. Cuando metes el cincel una pieza se puede quebrar por la mitad”, explica.

 

Trabaja bastante en serie y hace algunos trabajos por encargo, siempre que se acomoden a la temática que le gusta. Naturaleza, animales, árboles, muchos peces. Hace obras en pequeños y grandes formatos. “Soy bastante cambiante, aunque en la escultura he seguido una línea; en mi última visita al sur quedé fascinado con las piedras y tengo ganas de probar por ahí. Me parece entretenido, aunque mucho más industrial y muy físico”.

 

¿Cómo definirías tu proceso creativo?

En general voy probando. Si estoy haciendo una serie de máscaras, por ejemplo, tengo más libertad, pero si estoy haciendo una tortuga existe cierta estructura que respetar, porque tiene que parecer una tortuga. Si voy a hacer un animal por primera vez estudio mucho sus formas, su anatomía, lo dibujo y veo fotos. Para todo lo que hago en la vida voy siguiendo mi camino y las cosas van apareciendo. Mucha gente me pregunta cuándo decidí ser artista y la verdad es que nunca lo decidí, sólo seguí avanzando. En mi caso ha sido así, nunca me he detenido en el camino para decir ‘ahora voy para allá’, sólo hago las cosas porque me nace hacerlas.

 

¿Fue así mismo que tomaste la decisión de vivir en la playa?

Sí, y porque en Santiago no hay palitos…

 

“Me di cuenta de que cada vez que llovía aparecían palitos, eran como varas gastadas por efecto del sol y el agua. Comencé a juntarlos, caminaba como dos horas con una mochila enorme”.

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