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EDICIÓN | Enero 2017

Tomás Egaña científico

El hombre increíble
Tomás Egaña científico

¿Se acuerda cuando le enseñaron qué es la fotosíntesis? Ese proceso en que las plantas y algunas pocas especies obtienen su energía gracias a la luz del sol, algo que los seres humanos jamás podríamos hacer. Bueno, al menos hasta ahora, porque este científico chileno está a punto de comprobar lo contrario, gracias al trabajo de un sólido equipo de especialistas que están a un paso de comenzar las pruebas en humanos de un tejido capaz de convertir la luz del sol en oxígeno y, con ello, regenerar su propia piel. HULK, de la sigla en alemán Hyperoxie Unter Licht Konditionierung (hiperoxia bajo condiciones de luz) se llama este proyecto que busca al verdadero hombre increíble: el homo fotosintético. 

Por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
“Yo creo que hay cosas imposibles, como viajar en el tiempo, por ejemplo… pero hace décadas atrás ¿eran posibles los vuelos transatlánticos?, ¿o hace siglos alguien pensaba que podría encender la luz con un botón? Lo que antes parecía un sueño hoy es realidad y por eso estoy convencido de que nuestros proyectos, tarde o temprano, van a funcionar. Es cosa de tiempo y perseverancia”. Con esa declaración de principios entendemos inmediatamente que Tomás Egaña tiene un espíritu difícil de quebrantar. Ha elegido caminos difíciles y los ha ido sorteando uno a uno. Primero, decidió estudiar Ingeniería en Biotecnología Molecular, una carrera que estaba recién impartiéndose en la Universidad de Chile. Luego, partió a Alemania a hacer su tesis del doctorado en Farmacología en la Universidad de Lübeck, donde trabajó con Hans-Günther Machens, cirujano reconstructivo que lo guió en su idea de crear una piel sintética capaz de formar vasos sanguíneos. No tuvo buena acogida en Chile y tuvo que replantearse. Optó por lo que consideró más práctico e hizo dos tesis, una más teórica para la Universidad de Chile y otra para su tesis en Alemania y que le serviría como base para continuar con su proyecto.  Los años que siguieron se dedicó de lleno a estudiar el tejido humano. En la Universidad Técnica de Munich creó un laboratorio de ingeniería de tejidos y luego se dedicó a estudiar el uso de células madre en regeneración de tejidos, pero con una pequeña gran variante respecto a los planteamientos de sus colegas: en vez de potenciar la formación de vasos sanguíneos para que llevaran más oxígeno a los tejidos, lo que haría sería que los propios tejidos lo generaran por sí mismos.
 
MICROALGAS
 
¿Cómo fue que te convertiste en científico?
En realidad, siempre me gustó la parte aplicada de la biología. Podría haber sido medicina u odontología, pero justo aparece esta carrera en Chile, con un nombre difícil de entender pero que era justo lo que combinaba mis áreas de interés. Tuve suerte porque fue una apuesta que resultó, igual que el doctorado que seguí, que también era nuevo. En realidad, siempre he hecho cosas que están un poco al límite entre lo tradicional y lo desconocido, pero eso me gusta.  
 
¿Y esta vocación fue una sorpresa para tu familia?
Mis papás siempre han confiado en nosotros, nos impulsan a que seamos felices… nunca sentí presión por seguir una carrera muy tradicional. Quizás les pareció extraño al principio, pero era claro que seguiría algo relacionado con biología, porque siempre estuve interesado en conocer el origen de las cosas, el porqué son como son. Todos los niños tienen esa inquietud, algunos la mantienen y otros no. 
 
¿Y tú la mantienes?
Siempre. Además, con el tiempo no solo descubres las respuestas iniciales, sino que además descubres que hay tecnologías que te permiten cambiarlas. Y al revés, nosotros aplicamos el conocimiento para desarrollar tecnologías.
 
En esta búsqueda de respuestas, me imagino que hay muchos tropiezos…
Si uno de nuestros proyectos no funciona ahora, no significa que no servirá nunca. Puede ser que no estemos haciéndolo de la forma correcta o que debemos darle otra mirada. Por eso cuando las cosas no funcionan no me decepciona, al contrario, porque al menos sabemos que de esa forma no resulta, lo que es un paso importante.
 
¿Cómo logras esa tolerancia a la frustración?
Esa es una fortaleza que se ve poco en las nuevas generaciones… Es que todo depende de las expectativas. En la ciencia uno entiende desde el principio que es más probable que no resulte a que resulte. Así que si el proyecto no funciona, no pasa nada. Las expectativas me dan exactamente lo mismo, para mí no es tema.
 
Con HULK has logrado cierta connotación pública ¿será que provoca curiosidad esto de generar piel verde?
En Alemania, la sigla queda perfecto con el concepto, pero en todas partes se entiende. Generar tejido y que además sea verde, llama la atención de cualquiera, pues casi todos tenemos en nuestra memoria la imagen de los superhéroes. Es un proyecto atractivo desde todos los ángulos y, además, parece tan lógico que es increíble que no se desarrollara antes. Los seres humanos dependemos absolutamente del oxígeno y no solo para respirar. Nuestros tejidos lo necesitan y si no lo tienen, se producen enfermedades crónicas como el pie diabético. Hasta para los trasplantes de órganos o el tratamiento de cierto tipo de tumores se hace indispensable. Por otro lado, sabemos que las plantas son capaces de producir su propio oxígeno con la luz solar, entonces había que unir la pregunta y la respuesta indicadas y comenzar a explorar.
 
Además de lo evidente en la curación de heridas y tejidos ¿qué potencialidades tiene la piel artificial?
Infinitas. Creo que si probamos que resulta en humanos se abrirá un campo de investigación absolutamente nuevo y para eso estamos trabajando intensamente con un equipo chileno-alemán de lujo que, entre otras cosas, estudia la biología del desarrollo, que es cómo se generan los órganos. 
 
¿Están cerca o lejos de lograr el objetivo?
Cada vez más cerca. Sobre todo desde que, en 2012, fui a dar una conferencia al MIT y dos emprendedores chilenos, Andrés Völker y Anil Sadarangani, me propusieron montar una empresa para levantar fondos y acelerar la investigación. El año pasado ganamos dos premios al emprendimiento en Estados Unidos con SymbiOx Inc. y un proyecto CORFO, que nos permiten avanzar. En todo caso, mi foco está en que funcionen las pruebas clínicas que pretendemos realizar el 2017. Luego de eso, ya veremos qué pasa.
 
¿Tienes otros proyectos en mente?
Muchos. Esa es la parte que más me interesa. Estamos desarrollando un estudio para generar filtros de cigarrillos que realmente funcionen, porque hoy en día son solo producto del marketing y no cumplen ninguna función real. Si pensamos que cada año mueren ocho millones de personas en el mundo por fumar entonces ¿cómo quedar indiferente y no hacer nada al respecto? Obviamente, lo óptimo es que no existieran los fumadores, pero ese es otro debate. La gente fuma sabiendo lo dañino que es hacerlo, por lo tanto, no es un tema de información y mi interés como científico es buscar una forma de mejorar las cosas. Además de no tener ninguna utilidad práctica, los filtros no son biodegradables… tóxicos por todas partes. Eso debemos cambiarlo.
 
¿Y cómo se te ocurren esas cosas?
De la observación, supongo, y de esa necesidad de preguntar los porqués de casi todo. Lo único más concreto es que cuando pienso un proyecto, ya tengo claro hasta el equipo de trabajo que se requiere. Detrás de cada proyecto hay muchas personas involucradas y mi pega es gestionar. De hecho, casi todo mi tiempo lo uso en coordinaciones, más que en el laboratorio.
 
CREAR CIENTÍFICOS
 
Es esta necesidad de gestionar la que hace que Tomás vea la ciencia desde otra perspectiva. “Hay muchos científicos en el mundo que están constantemente creando, pero que no tienen las redes, el interés o el conocimiento para concretar sus descubrimientos. Creo que eso tiene que ver con las mallas curriculares y qué tipo de científicos se quiere formar, pero esa es una discusión muy profunda que las universidades deben tener al enfrentar el tema”, reflexiona.
 
¿Cómo está posicionado Chile en el mundo, en lo que a ciencia se refiere?
Creo que mucho mejor de lo que nosotros mismos creemos. Chile tiene una costumbre de alegar por alegar y aunque efectivamente hay muchas cosas malas, también hay muchas cosas buenas. Hay muy buenos estudiantes, buenas universidades, buena infraestructura. Quizás los fondos para la ciencia son pocos, pero también hay que decir que no abundan los proyectos. Yo soy bien optimista respecto al futuro de la ciencia en Chile. Honestamente, hay infinitas posibilidades de crecer y creo que pasa mucho por la actitud del científico que, como tal, debe aprender a sortear los obstáculos y perseverar, ojalá en temas de impacto directo en la sociedad.
 
¿Crees que hay que cambiar el switch?
Es que si seguimos mostrando que la ciencia es aburrida, de nerds, que pagan mal, que hay que estudiar mucho, que no hay recursos, claramente poco atractiva para la gente joven. Y lo cierto es que no es así. Ser científico es altamente gratificante. ¡Imagínate que puedes mejorar la vida de millones de personas! Lo importante es ser dedicado, aprender a gestionar, a moverse. En cualquier profesión, si se trabaja bien, te va a ir bien.
 
"En la ciencia uno entiende desde el principio que es más probable que no resulte a que resulte. Así que si el proyecto no funciona, no pasa nada. Las expectativas me dan exactamente lo mismo, para mí no es tema”.

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