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EDICIÓN | Enero 2017

LAS SECRETARIAS EN LOS OBSERVATORIOS

Por Arturo Gómez M., ex astrofotógrafo del Observatorio Interamericano Cerro Tololo
LAS SECRETARIAS EN LOS OBSERVATORIOS
Quizás una de las profesiones de mayor concentración, en un observatorio astronómico, es la de las secretarias. El ir y venir de decenas de astrónomos de todo el mundo para observar el universo, con los telescopios instalados en Chile hacen, de esas oficinas, un verdadero tablero de ajedrez, en donde cada pieza debe moverse exactamente a su lugar definitivo.
Prácticamente, con un año de anticipación, las delicadas manos de las secretarias comienzan a mover sus dedos sobre el teclado, enviando cartas a los afortunados astrónomos que utilizarán los potentes telescopios en Chile.
 
Los formularios, con decenas de preguntas, van haciendo un sea su alimentación o bien sus detalles médicos, en caso de alguna emergencia. Hay que recordar que se trabaja en la cima de un cerro y, aunque hay una clínica muy equipada con modernas instalaciones, siempre hay un enfermero universitario, para prestar la ayuda necesaria ante cualquier anormalidad.
 
Esa unión entre las secretarias y los astrónomos se va haciendo, mes a mes, más intensa, ya que los correos con los al observatorio, culminan después de doce meses, cuando el proyecto fue aceptado.
 
Lo más interesante es que no son solo fríos papeles escritos. Dentro de ellos hay historias muy personales. Recuerdo que, en mis cuarenta y cuatro años de permanencia en Tololo, 0 En la década de los setenta, se nos había informado de la visita por una semana de un astrónomo italiano, que había indicado en su formulario que era la primera vez que dejaba por tanto tiempo a su familia.
Después de dos días de viaje desde Italia a la cumbre de Tololo, lo recibimos con el cariño habitual que tenemos con nuestras distinguidas visitas. Durante toda la tarde se hizo la preparación del telescopio y se dieron las instrucciones para operar los programas de observación que se usarían esa noche.
Hasta ese momento todo iba perfecto. Después de la cena, que es alrededor de las 18 horas, nos fuimos al telescopio para darle la primera ayuda. Después de dos horas y cuando vimos que ya se podía manejar perfectamente, nos fuimos al día siguiente. Al hacer una visita nocturna, alrededor de las 2 A.M. a la cúpula, escuchamos algo así como un llanto. Efectivamente, nuestro astrónomo estaba en crisis.
 
En aquellos años, la observación se hacía al lado del telescopio y en la oscuridad. No se podían encender luces. Eso ayudó, en parte, a que sus pensamientos familiares fueran más fuertes. En la actualidad la cosa es muy diferente, ya que los computadores y las cámaras de televisión están, junto al astrónomo, en agradables piezas calefaccionadas e iluminadas. Todo se gobierna remotamente.
 
Después de tener la ayuda de nuestro enfermero universitario y ya más calmado el paciente, tuvimos que llamar a nuestra secretaria para informarle de lo que sucedía. Víctor Blanco, dio la orden de bajarlo a La Serena, a la mañana siguiente y enviarlo de vuelta a Italia.
Gracias al informe personal escrito por una de nuestras secretarias y que nos había puesto en alerta, pudimos reaccionar rápidamente esa noche, en donde los recuerdos familiares hicieron crisis bajo un cielo estrellado en Tololo.
 
Finalmente, no puedo dejar de saludar a todas las secretarias de los observatorios en Chile. No es fácil coordinar la llegada de cientos de astrónomos en un día. Mis agradecimientos a dos grandes secretarias que siempre estuvieron ayudándome e informándome de los más mínimos detalles durante estos últimos años: Ximena Herreros y Leonor Opazo.
 
Un especial saludo también a Mario Urrutia, quien mantiene una base de datos e imágenes del observatorio, desde sus inicios.
 

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